Sin Misericordia

|
Capitulo II

Ni siquiera supo como fue que llegó a ese punto.

Sus dedos enredados a sus cabellos, que se sentían suaves pesen a estar todavía húmedos por la lluvia de la mañana. Y su boca ¡Oh su gloriosa boca! Que retribuía a la diestra perfección sus besos. Ella suspiraba y él se sentía transportado a otra realidad, otro mundo. Una sensación tan maravillosa como sus caricias mismas. No supo cuanto abarcó ese primer beso, pero si fue consciente que a ese le siguieron muchos más conforme su necesidad por ella era saciada. Sentía que era capaz de absorber su vida misma, su esencia. Esa una adicción muy fácil de contraer.

Lentamente fue frenando la pasión de sus caricias, hasta convertirlos en roces pequeños y cariñosos que arrancaron una exquisita risita de los turgentes labios femeninos.

Abrió los ojos y la miró. De pronto se sintió azorado por su abrupta reacción. Se había propuesto poner distancia entre ella y él, y eso era lo que menos había hecho. Se sentía extraño y… renovado. Como si esos besos le hubieran dado la energía necesaria que solo hallaba en aquel alimento color grana. Frunció el ceño al recordarlo, pues por un mísero instante volvió a sentirse como un ser humano.

- Lo siento…- replicó en una voz muy pequeña, muy impropia de él. Sin embargo no hizo el menor movimiento de separarse de ella. Sus manos aún se encontraban anudadas a su cabello, y su cuerpo hambriento reclamaba sentirse más próximo a ella.

- Doctor…- parpadeó esos increíbles ojos verdes y su voz fue en extremo inestable.

- Ash- la corrigió con urgencia. Como si le resultara vital oír su nombre de esos labios femeninos.

Ella asintió -Ash…- y se quedó viéndolo como hipnotizada.

Este sintió una dolorosa punzada de comprensión y se mordió el labio antes de poner espacio entre ambos. Sin embargo no llegó muy lejos, pues la muchacha en pocos segundos volvió a cerrar la distancia entre los dos. Se veía sorprendida, y algo dolida.

- ¿Por qué?- preguntó en ese tono de voz suave y que rimaba a la perfección con toda ella.

Volvió a mirarla; sus mejillas se encontraban llenas de excitación, sus labios muy húmedos y purpurinos; denunciaba brío y lozanía a los gritos. Y de pronto se sentía hambriento otra vez, tenía ganas de besarla, de sentir su calor, su suavidad…

- ¿Eres consciente de lo que acaba de ocurrir?- le preguntó tras una larga pausa en la que notó como la respiración de ella se aquietaba.

Misty asintió expectante. Pero él no dijo más nada. Guardó silencio y centró la vista en el suelo. Ella dio otro paso y le tomó la barbilla, tuvo un pequeño sobresalto al notar su piel fría como el mármol, pero se mantuvo allí, acariciándole las mejillas con ternura.

- Me has atraído desde la primera vez que te vi… cuando rechazaste mi invitación para bailar ignorándome por completo… Y cuando apareciste en mi carruaje disculpándote por esa tonta ofensa, supe que no era algo simple que se acababa con un mero coqueteo…- acercó su rostro al suyo en el gesto más atrevido que hiciera en su vida -Desde ese día la duda me roe…He tratado de ser indiferente a ti pero no puedo… Siento que te necesito… que me haces falta. Que no estaba completa hasta que te conocí…- cerró los ojos y aspiró una larga bocanada de aire, como si le costara mantener el control sobre si misma -No sé lo que pasa conmigo, siento que me has enloquecido, que has arrebatado con tu aliento toda mi fuerza de voluntad… y que no tendré un solo segundo de paz sino vuelvo a hacer esto…-

Lo besó enardecida. Enredando los brazos tras su cuello, pegando su cuerpo contra el suyo que se aplastó bruscamente contra el filo del escritorio. Soltó un suspiro ronco al notar como ella lo guiaba en la caricia, perfeccionando sus besos y haciéndolo más adicto a ellos.

La interrumpió jadeando, notando que sus labios se sentían anormalmente tibios. Que todo él se sentía explotar. Su cuerpo estaba liviano y lleno de euforia.

- No es por mí por quien te sientes atraída…- le dijo finalmente peleando con su voz, con la exigencia que sentía de unirse a ella otra vez. Misty lo miró con sorpresa, luego meneó la cabeza -Es lo que hay dentro de mí lo que te atrae. Te sientes tentada a probarme, a degustarme…-

Ella volvió a sacudir la cabeza, sostuvo sus mejillas otra vez pero ya no se alarmó al notarlas frías como hielo. Acercó sus labios hasta casi rozar los suyos y se detuvo cerrando los ojos.

- ¿Sientes eso?- le preguntó con un hilo de voz.

¿Si lo sentía?. ¡Claro que si!. Peleó con la urgencia de arrebatarle la boca, de morderle los labios, de sentir su respiración agitada en su mejilla, el paseo de sus manos en su cabello, su cuello, regalando vida y calor a su paso…

- ¿Lo sientes…?- ella volvió a preguntar y su voz fue más pequeña. La punta de su nariz rozó la de él.

- No es normal, ni está bien- respondió finalmente. Centrando sus ojos en los de la joven. Esta sonreía dulcemente.

- Entonces no estaba equivocada…-susurró -Sientes algo por mí…-

Que ella se mostrara tan calmada ante lo que decía, contrastaba con el torrente de emociones que bullían dentro de él. Ni en todos los años que llevaba de eternidad se imaginó que esa angelical criatura terrestre pudiera hacerle revivir a flor de piel sentimientos que yacían sepultados en lo hondo de su memoria. Finalmente quebró el freno que se había auto impuesto y dejó que sus manos hambrientas la tomaran de la cintura, mordió con igual desesperación sus labios, probando el sabor dulce de su boca, y luego dejó una débil huella de besos que se dirigieron a su garganta. Con cierto estremecimiento corrió el cuello del vestido que ella llevaba, liberando la tez pálida y tibia… La vida secreta de sus venas se adivinaba con total precisión, y el aroma frutal de su piel había llegado al punto máximo… Sin embargo no se sintió afectado en absoluto. La tenía completamente a su merced, lo sabía, y el deseo innegable de su naturaleza salvaje había desaparecido como por arte de magia ¿a que se debía?. No le importó de momento, y se concentró en besar el blanco cuello con toda la delicadeza de la que pudiera ser capaz, agradeciendo a quien fuera aquel inigualable instante en el que volvía a sentirse un ser humano.

Se detuvo bruscamente. Los labios de ella lo siguieron por inercia como buscando recomenzar el ósculo. Él le tocó la nuca con sus manos frías, esperaba que retrocediera, pero la muchacha volvió a sonreír con ese mohín tierno y femenino, como si no notara su desesperación o la temperatura anormalmente baja de su propia piel.

- ¿Vas a seguir negando algo que es tan obvio?- le preguntó Misty con sorprendente calma, relamiéndose los labios que ahora estaban más rojos y turgentes que nunca.

- No- le respondió. Corrió el pulgar por el nacimiento de su cabello y notó como se estremecía imperceptiblemente -Pero… hay cosas que tengo que aclarar…-

- ¿May?-

- Entre otras cosas…- suspiró. Era increíble estar así frente a ella y no sentirse afectado en absoluto.

- ¿Necesitas tiempo…?-

Lo pensó. Él disponía de todo el tiempo posible, era relativo, eterno, pero ella no. Ella era una simple mortal que envejecería cada año hasta desaparecer…

- ¿Ash?-

- Tiempo es lo que no tenemos…- susurró en un hilo de voz. Ella parpadeó -Escucha- soltó su cabello y la tomó de la barbilla, si le molestó la acción no lo demostró, se mantuvo atenta a lo que diría a continuación -Espérame en el parque al atardecer…-

- Pero…- se detuvo ante el sonido repiqueteante de la lluvia que se oía en el techo, le hizo un gesto como indicándole ese pequeño contratiempo.

- Es imprescindible para nosotros… Por favor-

Misty asintió con gracia -Está bien-

Él besó sus manos tibias, luego la soltó y retrocedió un paso -Será mejor que regreses, ya te he… entretenido por mucho tiempo. Van a echarte de menos-

Ella volvió a acomodar el abrigo sobre sus hombros, cerrando de esta forma el pequeño escote de su vestido y se dirigió a la puerta cerrada. Puso la mano en el picaporte y se volvió de pronto con expresión preocupada. Por un momento volvió a ser la niña que todavía era.

- Yo…- empezó con cierta duda -No suelo comportarme de esa forma… Es la primera vez que dejo que mis sentimientos se desborden…- parecía en extremo apenada y avergonzada -Por favor no vayas a pensar que… tengo un comportamiento vulgar… Nunca antes…-

Le preocupaba lo que pudiera pensar de unas cuantas palabras ebrias de pasión, y de unos besos que habían salido de un ruego mutuo.

Él sonrió enormemente y a grandes zancadas volvió a aproximarse, sus manos la tomaron antes de que lo pensara siquiera. Sus labios descendieron con prisa sobre los de ella sepultando su tonta explicación. Misty suspiró contra su boca y sus pestañas vibraron mientras su cuerpo volvía sumirse en el éxtasis.

- No tienes que explicar nada- Dijo después de separarse. La voz ronca del joven demostró cuan afectado se encontraba. Tantas emociones a las que debería volver a acostumbrarse. Rozó los labios enrojecidos de la muchacha con el pulgar -Te conozco más de lo crees, y sé que no has hecho nada malo, ni inapropiado… Aunque muchos lo pondrían en tela de juicio- le sonrió -Pero yo no. Me gusta que seas impulsiva…- ella se sonrojó -Ahora ve-

Abrió la puerta con cuidado y con ternura la empujó hacia fuera, ella le hizo un gesto final con su mano y desapareció por el pasillo.


*****************************

Miró sus manos, y se preguntó por centésima vez porque se sentía tan calmado, tan satisfecho. Tan en paz consigo mismo; como si hubiera logrado realizar algo satisfactorio y emocionante.

Se sentía en extremo humano. Y vulnerable.

Había olvidado lo que era experimentar tales sensaciones; en su mundo actual no había lugar para la satisfacción, la plenitud y la calma. Constantemente se sentía ansioso, incómodo y… hambriento. Y aunque le había llevado muchos años acostumbrarse a esa constante sed, con el tiempo había aprendido a aplacar el incesante deseo.

Y no se había alimentado desde la mañana y no se sentía alterado en absoluto. ¿Realmente unos cuantos besos lo habían saciado de tal modo, que podía pensar con calma y serenidad?. Sonrió, y aspiró una larga bocanada de aire. ¿Cuánto hacía que no sonreía de aquel modo? Ya ni lo recordaba…

Esa angelical criatura terrestre lo había devuelto a la vida en todo el amplio sentido de la palabra.

*****************************

May anduvo arriba y abajo, arrastrando el ruedo de su costoso vestido por el suelo de mármol. Se sentía en extremo ansiosa y preocupada. Intuía que algo andaba mal… terriblemente mal.

- ¿Señorita?-

Se volvió al sonido de la voz. Su doncella, una muchachita joven y pálida que apenas había dejado de ser una niña, estaba de pie junto al umbral de la puerta mirándola con sus grandes ojos castaños. A veces actuaba de mucama y de asistenta; disponía sus vestidos y le arreglaba el cabello. Era una muchacha sencilla, modesta y… callada.

May la miró en ese momento como si nunca lo hubiera hecho; su ansiedad en su pico más alto, sus ojos encendidos de adrenalina, sus mejillas llenas de excitación. Voló sin mediaciones hacia la indefensa jovencita que permaneció como clavada en su lugar, y relamiéndose de antemano clavó una mordida certera en su cuello. La pobre doncella apenas se debatió como un pajarillo asustado, pero acabó sin poner mayor resistencia.

Los minutos pasaron, soltó el cuerpo inerte que cayó a sus pies y se tocó los labios. El sabor de la sangre humana era algo único, exquisito. Difícilmente podía compararse con la de los animales; esa sangre insípida y viscosa que nunca lograba saciarla. Degustó profundamente el liquido en su paladar, relamiéndose los labios. Abrió los ojos y observó finalmente el espectáculo monstruoso en el que se había convertido su persona. Había arruinado el vestido de satén, tenía el escote manchado horriblemente al igual que el ruedo y gran parte de la falda. Sus dedos chorreaban el líquido carmesí, al igual que su barbilla; sangre seca seguía una huella cuesta abajo por su garganta y desembocaba en el cuello del vestido.

Miró sus manos teñidas de rojo, y bajó la vista hacia el cuerpo sin vida de la doncella. Sintió repugnancia, asco. El suelo era una horrible pintura; charcos secos y frescos que despedían un tenue olor metálico. Debía limpiar eso inmediatamente antes de que Ash llegara.

Corrió a la cocina, mientras pensaba como deshacerse de ese cuerpo sin vida.


*****************************

La lluvia se había vuelto monótona y vacía, para esas horas era un gentil eco que ya era dolorosamente familiar.

La joven estrujó el pañuelo entre sus manos enguantadas mientras veía como el cielo gris iba oscureciéndose. ‘No vendrá’ murmuró su mente. La tarde caía en aquel cielo plomizo, perdiéndose en la noche que comenzaba a levantarse.

Otros veinte minutos más y la oscuridad dejó caer su manto. Finalmente se convenció de que no vendría, se aproximó a la ventanilla para decirle a su cochero que emprendiera el camino de regreso, cuando la puertecilla del carruaje chirrió indicando una nueva presencia. Aún en la pequeña luz que el farol desparramaba se adivinaba el semblante pálido y desmejorado del flamante doctor. Le costó algo de esfuerzo sentarse frente a ella.

- ¡Dios mío!- exclamó la joven asustada acercándose a él -¿Qué te ocurre?-

El joven alzó la vista, sus ojos tenía un leve tinte dorado que estremecía. Se quedó tieso, respirando aceleradamente.

- ¿Ash?- intentó nuevamente arrodillándose frente a él. Se quitó los guantes y le tocó la cara; su piel estaba fría como el mármol, como un trozo de hielo.

- Misty…-respiró este trabajosamente, observándola; el suave perfume corporal de su cuerpo se concentraba terriblemente en aquel pequeño espacio -Abrázame…- le imploró sin siquiera pensarlo.

Ella aceptó de inmediato esa orden. Se sentó junto a él y lo rodeó con sus brazos, olvidando que estaban en un lugar publico, que apenas le conocía, y que su comportamiento no era el adecuado para una muchacha de su cuna y estirpe. Pero las normas de educación y etiqueta parecían no existir en ese momento, cuando solo era consciente de que hacía unas pocas horas había confesado que sentía algo profundo por ese hombre, y este de alguna forma le había correspondido.

Ni siquiera supo cuanto abarcó ese abrazo. El calor de su cuerpo parecía un bálsamo que intentaba calmarlo. Se mantuvo junto a ella, rodeándola a su vez con sus brazos. Se sentía tremendamente sediento, pero por alguna razón desconocida podía aguantar todo el tiempo del mundo.

- ¿Qué ocurre?- oyó la voz suave, melodiosa de la joven. Eso le hizo cosquillas en la nuca.

Él la alejó con suavidad y la miró; sus ojos eran dos esferas de pureza, sus labios y mejillas semejantes al rubí.

- Entiendes que esto es una locura ¿verdad?- le preguntó a su vez con voz queda. Como si no hallara otra cosa para decir, o como si fuera indispensable que ella lo supiera.

Misty asintió, se acercó más a él. Estaba tremendamente pálido y temblaba imperceptiblemente -¿Qué ocurre?- se mordió el labio -¿Te arrepientes?. ¿Es eso…?-

Había tal súplica en sus ojos, y le rogaba silenciosamente que su respuesta fuera negativa, que no hubiera marcha atrás, que enfrentarían juntos todos los obstáculos que se interfirieran. Se vio urgido a contestar -Claro que no, no. Nunca me arrepentiré… Pero… hay muchas cosas… cosas en torno a mí que no… no…-

- No me importa- Misty lo interrumpió. Le sonrió, y su sonrisa pareció aliviarle; darle algo de la serenidad que buscaba -Me conformo con saber que sientes algo mínimo por mí…-

- Y lo siento. Siento algo por ti que nunca había sentido antes…-le tomó el rostro con las manos, como si le fuera vital experimentar la tibieza carnal de su piel -Y no es algo mínimo, es algo inmenso, tan poderoso que me inquieta…- la joven sonrió más todavía, y de pronto a él no le interesaron las palabras, ni lo erróneo de aquella situación pues estaba besándola con toda la pasión que un momento así podía desplegar. Con toda la avidez contenida, deseando fervientemente que ella saciara su ansiedad… que espantara todas las quimeras que se extendían sobre ellos.

Su ropa estaba húmeda, podía advertirlo mientras la acercaba a su cuerpo, y sus besos se hacían más urgentes, mas apasionados, más hambrientos… Intentaba responder de igual manera pero pronto se dio cuenta que no podía seguir su ritmo. No podía. Se sentía tonta e inexperta, y temió que eso le jugara en contra.

- ¿Qué pasa…?- le preguntó él al notar que ella se había alejado y ya no respondía con igual fervor a sus caricias.

Misty volvió la cabeza y lo miró. Estaba terriblemente sonrojada, y parecía tan pequeña e inocente -Yo…- titubeó -No puedo… no sé… Nunca había estado en una situación así y no…- se mordió el labio esperando que la entendiera.

Ash rió sonoramente. Y entonces se dio cuenta de que era la segunda vez en el día que reía de aquel modo. ¿Y la ansiedad que sentía donde estaba?. ¡Había desaparecido otra vez como por arte de magia!. Y todo debido a ella… ¡Ella!. Cuyos besos poseían el poder de volverlo a la vida… y de saciar su hasta entonces eterna sed.

- ¿Tienes idea de lo que me haces hacer…?- le preguntó sonriendo. Cielos que se sentía maravilloso poder hacerlo. La tomó de la barbilla con ambas manos -Me devuelves la vida con cada beso, Misty. Nunca debes avergonzarte de la pasión que brota dentro de ti…-

Ella se sonrojó aún más -Es que yo… Siento que ni siquiera puedo compararme contigo…-

- Es que no tienes que compararte conmigo- le susurró divertido -Eres única ¿lo entiendes?-

Ella asintió todavía con las mejillas encendidas, se mordió el labio antes de acabar con la distancia que los separaba y unir sus labios en otro beso afiebrado. Esta vez Ash dejó que fuera ella quien tuviera el control, él solo se limitó a seguirlo mansamente a donde fuera. No duró mucho, pero si fue en extremo tierno e inocente.

Ambos sonreían cuando se separaron. Parecía contagioso, y ella ya no se sentía tan abochornada.

- ¿Entonces?- preguntó Ash con voz tierna -¿Estas segura de que quieres intentar algo conmigo?-

Misty ni siquiera necesitaba pensar la respuesta -Si- y añadió con absoluta convicción -Estoy dispuesta a seguirte hasta el fin del mundo con tal de ver a donde nos va a llevar esto-

- No será fácil… Muchos pueden no entenderlo y juzgarnos-

- Lo sé- Misty tomó aire. Sabía que estaba tomando la decisión más importante de su vida, y que con eso podría ser rechazada por la sociedad, y por su familia -Pero quiero estar contigo-

- Yo también-

Ambos se quedaron en silencio. Un silencio cómodo y amistoso, que era roto por el suave sonido de la lluvia que golpeaba contra el techo del carruaje. Ash se encontraba sumido en sus cavilaciones; entendía que había una barrera tangible entre ellos: una barrera de eternidad, de su horrible naturaleza, y de hechos extraños, pero no se encontraba listo para hablar. Necesitaba afianzar su relación con ella antes de confesarle la verdad.

Además estaba May. Y no sabía como actuaría la mujer al enterarse de las nuevas. Aunque hacía tiempo que lo venía sospechando, a estas alturas era algo que ya no se podía evitar. Esperaba que lo entendiera.

- Será mejor que vayas. Sé lo que estás pensando- ella habló con voz suave. Ash volteó a verla confundido -Sé que tienes un deber con May, y que no te será fácil romperlo… Si necesitas tiempo para arreglar las cosas con ella…yo te esperaré todo lo que sea necesario…-

- Tiempo es lo que no tenemos…- le reiteró tal y como lo hiciera antes en el hospital. Se tocó el cabello en una acción inconsciente -Lo que hay entre May y yo es mera formalidad… es… largo de explicar. Ya no hay nada que nos una, salvo un compañerismo impuesto a la fuerza por el destino, pero que ha cambiado desde que apareciste tú. Ella sabrá entender-

Misty le tocó las mejillas -Esa aura de misterio que te rodea me atrae más y más hacia ti…-

Él asintió con cierto pesar. Sus palabras de pronto le recordaron que muy en lo profundo todavía era un depredador y que esa terrible naturaleza de la que renegaba constantemente lo había revestido con las armas más seductoras para atraer a sus presas.

*****************************

Five Themes

|
Nota: Basado en el ABC Contest, pero como ese era muy largo (ni siquiera puedo acabar con el de 101 Kisses, me voy a meter con el del abecedario? Jojo ni loca!) Decidí hacer este que abarque nuestras cinco lindas vocales. El 'reto' es hacer un drabble con una palabra que empieza con la correspondiente vocal ¿se entiende?. Bueno, veremos como sale, estoy poniendo mi máximo esfuerzo ^^

Disclaimer
: Pokémon no me pertenece, sola la idea en si

Pairing: Ash & Misty

Themes: Anónimo, Escudo, Invierno, Oscuridad y Usurpación

Nota de hoy 6 de mayo...
Queria subir los 5 one shots todos juntos, pero estoy tremendamente trabada en 'Oscuridad' una sidestory de 'La noche en tus ojos' y estoy peleando para conservar el hilo del one shot, y para no salirme de la trama original... En cuanto lo termine tambien lo subiré, junto con 'Usurpación' que ya está terminada.

…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…

Anónimo:

Leyó la carta mientras estaba arrodillada en el suelo. Sus piernas desnudas chocaban con los fríos mosaicos del gimnasio, pero a ella parecía no importarle.

Te amo desde que te conocí. Tal vez no te diste cuenta antes, reconozco que a veces no soy muy bueno con las palabras…
Quería que lo sepas, quizás algún día reúna el suficiente valor para confesártelo personalmente…

Misty dio vuelta la carta buscando al hacedor de tan breve confesión de amor. Pero no halló nada. La hoja no tenía firma, ni detalles, dándole a entender que era de alguno de esos pretendientes anónimos que a diario recibía en el gimnasio.

Aunque no le gustaba admitirlo no era una muchacha común. Ser la menor de tres hermanas famosas le daba un protagonismo que la incomodaba; a eso había que sumarle su papel como la Líder más joven de todos los gimnasios de Kanto, conocida por su amabilidad y benevolencia hacia los entrenadores que recién comenzaban.

Y no solo eso… Su gracia natural era algo que iba más allá de la fama que tenía por ser la 'cuarta hermana sensacional', o por ser el miembro más joven del comité de Kanto. La belleza era algo que no había pedido, que había llegado solo con el correr de los años convirtiéndola en una criatura agraciada y perfecta. Sin embargo ella seguía viéndose como la niña de diez años que un día salió a buscar su lugar en el mundo.

Meneó la cabeza y leyó la carta por segunda vez. Por un momento se permitió soñar cosas imposibles. Como que ese admirador anónimo no era otro que aquel joven nativo de Pallet town que había robado su corazón hacía muchísimo tiempo atrás…

De pronto sonrió con tristeza. En ocasiones seguía siendo tan ingenua como una niña pequeña. Ocasión como esa en la que soñaba despierta con algo que era remotamente lejano.

'Nunca cambiarás, Misty'

Se puso de pie y guardó la carta en uno de los bolsillos de su short. Caminó silenciosamente hacia los acuarios, su silueta pronto fue fácilmente engullida por las sombras errantes de la noche.

--------

Afuera del edificio un alto joven observaba el firmamento lleno de estrellas. Había crecido mucho con el correr de los años, y los constantes viajes lo habían cambiado tanto física como mentalmente. Sin embargo había algo que se mantenía imperturbable, y eso se reflejaba en la carta anónima que había volcado en el buzón privado del gimnasio horas atrás.

Se sobó la nuca despeinando aún más su alborotado cabello negro. Para algunos retos rebosaba de valentía y confianza en si mismo, más sin embargo a la hora de hablar de sentimientos se hallaba confundido, cobarde y muy torpe.

Años de conocerla y aún no era capaz de decirle lo que significaba para él…

Suspiró y miró la puerta cerrada con tristeza e impotencia; metió las manos en los bolsillos y rompió a caminar hacia la calle, hacia la estación de trenes. Los hombros encorvados, la mirada baja y perdida en el suelo.

Quizás otro día…

Quizás otro día y podría reunir la suficiente valentía para confesarle -y esta vez no a través de un papel sin firma- esos tibios sentimientos que ella le inspiraba.


…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…


Escudo:

Él lo sabía.

Lo tenía muy presente mientras la besaba con voracidad y sus manos expertas recorrían aquel cuerpo esbelto buscando el modo de desvestirla con mayor facilidad.

Apresó sus cabellos con violencia, echándole la cabeza hacia atrás para mirarla como hacía siempre con todas ellas, mientras su vestido de cocktail caía lentamente al suelo enseñando la atrevida Lingerie que llevaba puesta debajo.

Observó sus ojos eran grises, no verdes; y sus cabellos eran negros, no rojos como su mente persistía en hacerle ver. Sus labios estaban bien pero no le quemaban, sus besos eran apasionados, sí, pero no poseían aquella loca desesperación que solía enardecerlo cuando era ella quien lo besaba.

Él lo sabía.

Y seguía sabiéndolo mientras daba rienda suelta a los deseos de su cuerpo, volcándose dentro de esa desconocida que no era nada, que no consistía nada. Solo un bonito rostro ignoto que servía al propósito de sustituir. De aliviar. De escudar.

Porque él las usaba de escudo.

A todas ellas. Las usaba para escudar sus sentimientos, para protegerse, para defenderse de aquella otra mujer, aquella hechicera pelirroja que le había dado a escoger entre el amor y su sueño. Había escogido lo más conveniente para él; fama, gloria, reconocimiento.

¿De que le servía perder a una insignificante mujer, cuando podía tener todas las que quisiera con solo un chasquido de sus dedos?

Y todas ellas eran un escudo. Un escudo. Porque cada vez que volvía a ver a esa pelirroja necesitaba desesperadamente protegerse y defenderse.

…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…

Invierno:

Coff, coff -Si, tengo mucha tos, Gary…- coff, coff - Y… también me duele mucho la cabeza y… y la garganta…- bajó el tono de voz volviéndola débil y dolorosa -C-creo que tengo gripe… O un catarro terrible… ¡coff!- siguió tosiendo ruidosamente a través del teléfono que mantenía pegado a su oído -Si, claro que iré al doctor. Gracias por darme el día, Gary… Si, si, adiós…-

Apenas colgó el teléfono, exhaló un grito de alegría juvenil y se arrojó de un salto a la cama sin hacer. Tan solo vestía boxers una prenda poco recomendable a la situación, considerando el frío clima de allá afuera y la nieve que se amontonaba en la ventana, la cual podía apreciarse tranquilamente desde el lecho.

- No suenas muy enfermo para mí- sentenció una mujer que se hallaba semi oculta entre las sábanas revueltas. El color encendido de su cabello destacaba como nunca entre las almohadas blancas.

- Claro que estoy enfermo. Tú deberías cuidarme y darme una medicina especial…- él replicó descorriendo las mantas y revelando la bien proporcionada silueta femenina. Estaba casi desnuda salvo por la pequeña prenda de encaje inmaculado.

La observó a su antojo, sonriendo con picardía mientras sentía su corazón acelerarse ante tan seductora visión.

- ¿Vas a quedarte ahí viéndome todo el día?- le interrogó ella con voz normal. Finalmente rodó hacia un lado, medio cubriéndose con sus delgados brazos -Muero de frío Ash…-

- Lo siento- se dejó caer junto a ella abracando su cuerpo con ternura y atrayéndola hacia si -¿Mucho mejor?-

- ¿No te quedaste a hablar, cierto?- arqueó una ceja delicada y lo miró con esos increíbles ojos verdes. Él le devolvió un mohín risueño- Gracias, sí, estoy mucho mejor- le respondió.

Los ojos castaños chisporrotearon de risa -Es que conozco muy bien a mi esposa-

- ¿Así?- ella le dio un golpecito en el pecho. Eso solo ensanchó la risa en los labios masculinos.

- Así es, deseaba pasar este frío día de invierno conmigo en la cama, y tuve que mentirle a mi jefe para satisfacerla…-

- ¡Ketchum eres un…!. ¡Tú deseabas pasar el día conmigo en la cama!-

Él se rió estrepitosamente y la besó en la mejilla -Muy bien, ya me tienes Misty. ¿No te agrada que le haya mentido a Gary para quedarme y estar así contigo?-

- Claro que me agrada Ash…- su voz tomó un tono más seductor a medida que corría sus largas uñas cuidadosamente manicuradas a través del pecho masculino -Pienso que deberías hacerte el enfermo más seguido… Este vaticina ser un invierno muy crudo y recién está empezando…-

- Despreocúpate- contuvo el aliento y soltó un suave gemido -Planeo hacerlo todas las semanas hasta que llegue la primavera…-

…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…

Meu Anjo

|
Capitulo 25
-Epílogo-

Se dio la vuelta, buscando una posición más cómoda, y el sol le dio de lleno en la cara. Apretó los párpados ignorando la molesta intromisión, pero para su mala suerte ya estaba despierto. Así que abrió los ojos y suspiró al notar las cortinas corridas que dejaban entrar con tanta libertad al astro intruso; era responsabilidad suya ubicarlas en su correspondiente lugar la noche anterior para evitarse despertares como aquel, pero tuvo que reconocer que estaba tan cansado que se durmió así sin más.

Sin ánimos de levantarse, se cubrió los hombros con las sábanas y dio media vuelta, dándole la espalda al sol y encontrándose con una muy agradable visión. Sonrió lentamente, al tiempo que se acercaba a la mujer allí tendida, y susurró como si no quisiera despertarla, pero sabiendo que lo haría de todas formas.

- Hay una hermosa mujer en mi cama…-

Aquello arrancó una pequeña sonrisa de ella. Sus labios se suavizaron, al tiempo que arqueaba sugestivamente una ceja, pero sin proferir palabra.

- Casi puedo decir que es un prodigio despertar y verla a mi lado, señora Ketchum…- ante sus palabras la mujer abrió los ojos. Los tenía grandes y profundos del color de la turquesa, bordeados por largas pestañas negras. Parpadeó algunas veces centrando en él su atención -¿A que se debe tal milagro?- prosiguió.

- ¿Quizás a que sea domingo?- respondió ella en un susurro y volvió a cerrar los párpados por un instante.

Él rió entre dientes, se acercó todavía más estirando los brazos y abarcando la silueta de su compañera. Sus labios pronto se acoplaron íntimamente a la mejilla femenina -Pues me alegra que sea domingo entonces, señora Ketchum…- le besó el lóbulo del oído y siguió dejando huellas por el cuello de la mujer. Su piel estaba tibia y suave, producto de las horas de sueño.

Esta soltó esa risilla suave y perezosa que conocía muy bien, antes de responder con cierto titubeo a sus caricias -Ash… los niños…-

- Están durmiendo…- la atrajo fácilmente a su pecho, ubicando su peso sobre él. Su mano izquierda se coló entre su cabello, mientras la restante se acomodaba a su cintura, advirtiendo el sedoso genero del camisón que llevaba puesto -Demasiada ropa para mi gusto- murmuró contra su mejilla.

Ella había puesto fin a su reserva y respondía asiduamente a esos besos que comenzaban a escalar en intensidad. Él invirtió la posición de sus cuerpos, y cuando pensaba deshacerse de aquella bendita prenda -que conocía muy bien- pero que componía un bonito obstáculo a sus propósitos, se oyó un agudo grito, y una voz infantil que gritaba muy cerca de ellos.

- ¡Doen!. ¡Mamá y papá están peleando…!-

- No están pelando, tonta- respondió al rato otra voz infantil, pero en un tono de superioridad -Están haciendo…-

- ¡DOEN!- Ash lo censuró, sacando la cabeza desde el borde de la sábana viendo a su hijo de diez años que estaba parado en el umbral de la habitación con una sonrisa maliciosa. A su lado una niña pequeña también estaba observándolo en tanto abrazaba un pikachu de felpa, algo descolorido -Si sabes lo que es bueno, cierra la boca…-

- Claro papá- respondió el niño, riendo ante la incomodidad que le había causado a su progenitor. Acto seguido desapareció de la puerta, perdiéndose por un pasillo de paredes claras.

Misty volvió a acomodarse en el lecho, sonrió a su frustrado esposo y depositó un fraternal beso en su mejilla -Lo siento cariño, pero parece que la mañana ha comenzado oficialmente y no hay tiempo para el romance…-

- Dímelo a mí- respondió este en un murmullo.

La mujer salió del calor de la cama, cubriendo con una gruesa bata su aún delgada silueta y caminó hacia el umbral donde la pequeña continuaba, descalza, abrazando con aprensión a su muñeco.

- ¿Qué haces ahí princesita?- colocó la mano entre su vistoso cabello color mandarina, antes de alzarla en brazos -¿Quieres quedarte con tu papá?-

La niña asintió con entusiasmo y se abrazó a su cuello. Misty volvió a caminar los pasos hacia su lecho y la depositó entre las sábanas donde Ash la tomó para luego arroparla junto a sí.

- ¿Tienes frío Ciel?- preguntó él en un susurro, a lo que la pequeña contestó afirmativamente haciéndose un ovillo en sus brazos.

Misty observó a ambos con ternura, y luego de depositar besos en sus mejillas se alejó para preparar el desayuno.


----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


El niño estaba tan concentrado en untar jalea a su plato de tostadas que no advirtió la presencia de la mujer hasta que ella lo abrazó por detrás revolviendo su cabello ensortijado que era extremadamente similar al suyo.

- Buenos días cariño- dijo Misty con acento alegre.

- ¡Mamá, me despeinas!- exclamó disgustado el pequeño intentando zafarse, para finalmente quedarse quieto con aires de mártir mientras su madre cumplía con su ritual zalamero.

- Me lo tomaré como pago por lo que le has hecho a tu padre…- Misty sonrió pellizcándole la mejilla manchada de diminutas pecas. Aparte del color encendido de su pelo, también había sacado la tonalidad cristalina de sus ojos.

- Yo no tengo la culpa de que papá y tú vivan en una constante telenovela…- sentenció el jovencito volviendo a acomodar el fleco que caía en desorden cubriendo sus ojos. La verdad era que adoraba a su madre, pero era extremadamente adusto a los arrumacos.

- En algunos años quizás lo entiendas- Misty encendió una hornalla y colocó una tetera llena de agua, encendió también la tostadora y colocó las rodajas de pan.

- ¡Claro que no!. ¡Yo nunca tendré una novia, las chicas lo único que hacen es molestar y lloriquear todo el día!- replicó convencido, comiéndose de un bocado la tostada que acababa de untar antes de que ella lo interrumpiera.

Misty rió entre dientes -Eso mismo era lo que tu padre decía cuando tenía tu edad…- notó la cara sorprendida del niño y agregó -¿Por qué desayunas tan temprano?-

- Tynan, Taylor y yo hemos decidido cruzar el bosque Verde en bicicleta y hacer un picnic en…-

- Doen- Misty se giró poniendo en mínimo la hornalla. Su hijo la miró con expresión inocente -¿Planeas molestar a tu hermana?-

- Claro que no, mamita- cruzó los dedos tras de sí y volvió sonreír.

- Y hablando de ella, ¿Soly ya se ha levantado?-

- Está encerrada con Aislin en su habitación y no me permiten entrar- refunfuñó -No hacen más que hablar en cuchicheos y reír como tontas…-

Misty meneó la cabeza en actitud conocedora, miró al niño - ¿De que crees que hablen?-

- No creo que sea de la nueva especie de Pokémon que el padre de Taylor descubrió…- se encogió de hombros.

- Es cierto cariño, no hablan de eso- Misty preparó el café y colocó las tostadas en un plato, puso una nueva ronda de panes para dorarse y llevó todo a la larga mesa; allí dispuso las tazas para cada integrante de la familia. Cuando volvió, Ash estaba parado junto al refrigerador con la niña pequeña en brazos. Se acercó a él y le dio un rápido beso en los labios.

- Hey- le dijo este -¿Ya está el desayuno?. Ciel y yo morimos de hambre ¿no es cierto princesa?-

La niña asintió riendo, observando a su madre con sus enormes ojos castaños iguales a los de su padre.

- El desayuno ya está listo- contestó Misty y les indicó la larga mesa tendida -Yo iré en busca Soly y Linn-

Ash pasó junto a ella hacia el comedor. El niño lo siguió de cerca con su taza en la mano.

- ¿Soly planea salir?- preguntó en cuanto depositó a la niña en una silla y la aproximó a la mesa, para luego tomar lugar a su lado.

- No lo sé. Tú eres su padre ¿cierto?. Deberías saberlo- Doen contestó con una mueca, pero al ver la expresión asesina del hombre asintió raudamente -La respuesta es si, padre. Va a salir con Dawlish y su grupo de amigos-

Ash apretó los labios por un segundo 'Ser padre de una adolescente es el trabajo más dificultoso del mundo…' miró a la pequeña Ciel que hacía burbujas con la leche de su taza y no pudo menos que sonreír 'Menos mal que a ti te falta mucho, cariño…'

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Escuchó las risitas desde antes de llegar a su puerta. Un enorme cartel escrito en dorado que portaba la palabra Soleil le avisaba a quien pertenecía la habitación. Golpeó suavemente con los nudillos haciendo que los sonidos del interior cesaran inmediatamente.

- ¡Te he dicho que no molestes Doen!- se oyó una voz juvenil con acento enojoso.

Misty sofocó una sonrisa -No soy Doen…-

La puerta se abrió de inmediato tras sus palabras, dándole lugar a la silueta alta y agraciada de una adolescente en sus tempranos quince. Misty esbozó un gracioso mohín al ver a su hija mayor. El cabello negro y lleno de bucles que le pasaba la cintura le daba un aspecto de alabastro a su piel, debido a eso sus ojos claros resaltaban de un modo imponente. Era delgada, el short extra-corto que tenía puesto en eso momento daba evidente cuenta de ello. Soleil sonrió alegremente al ver a su madre, la abrazó con cariño y la metió dentro de su habitación, donde otra muchacha también la esperaba.

El parecido entre ambas chicas era notable, tuvo que reconocer la mujer pelirroja; salvo la diferencia del color de ojos y el largo de sus cabellos (el de Aislinn apenas le pasaba los hombros y era extremadamente lacio) podrían haber pasado por mellizas.

- Hola niñas- Misty besó y abrazó a su sobrina con ternura, luego se giró en la habitación y se sentó en el borde de la cama cuidadosamente hecha. Miró el atuendo de su hija y arqueó una ceja -¿Piensas salir así vestida Soly?- antes de que esta respondiera, agregó -Creo que no necesito decirte que tu padre te enviará de regreso a tu habitación si te ve así…-

La nombrada se sentó frustrada en el borde opuesto de su cama- ¡Pero…!- exclamó, para luego cubrirse el rostro con las manos, permaneció así unos segundos luego suspiró -Tienes razón mamita, es que…-

- Yo le advertí que tío Ash se enojaría mucho- Aislinn intervino alzando una mano, al contrario de su prima vestía jeans y una blusa holgada estilo oriental color lila, se acercó a su tía y se dejó caer a su lado apoyando la cabeza en sus rodillas.

- Ponte algo más cómodo, cariño- Misty sugirió con una sonrisa acariciando el cabello de su sobrina como solía hacerlo cuando esta era pequeña. Soleil se paró frente a su armario y suspiró resignada -Escucha nena, sé que esta salida es especial, pero lo que te pongas no hará que Dawlish cambie lo que siente por ti. Debes ser tú misma…-

- ¡Mamá!- la joven se volvió con el rostro ferozmente ruborizado. Se mordió el labio -¿Cómo… como lo sabes…?-

Misty ahogó una risa y le hizo una seña de que se acercara a ella. Soleil así lo hizo y se acuclilló hasta quedar a su altura. La mujer le tocó el cabello ensortijado y las mejillas -Has crecido junto a él, era normal que esto pasara algún día…Duplica y yo lo hemos previsto desde que ustedes eran pequeños… Además -rió con evidente humor -También tuve tu edad, hija, con tu padre pasó algo similar… aunque él dio muchísimas vueltas antes de confesar lo que sentía por mí-

- ¿En serio?. Papá no parece ser muy…. Quiero decir que no me lo imagino en una situación así, siempre es tan seguro de si mismo… y…- miró hacia abajo con cierto pesar -Dawlish no le agrada-

- ¡Eso no es cierto!. Es solo que tú eres su princesita y quiere protegerte- le tocó las mejillas sonrosadas. Había mucho de si en esa niña que lentamente se volvía mujer -No quiere que te lastimen, cariño. Y las heridas del corazón son las que más tardan en cicatrizar…-

- Lo sé, y también sé que Dawlish sería incapaz de lastimarme, mamá…- se sonrojó otra vez.

Misty asintió con cierta pena ¿Era aquel un pequeño síntoma de que pronto su primer pajarillo abandonaría el nido?. Desechó esos pensamientos y se puso de pie, se dirigió al closed de la joven y extrajo un gastado jean azul. Se lo tendió -¿Por qué no pruebas con esto?-

Soleil asintió y se cambió detrás del biombo pintado de rosa, mientras su madre peinaba el cabello de su prima. Aquel era un ritual que a pesar de los años no había cambiado, ella seguía ayudándolas a peinarse como cuando eran pequeñas.

Luego fue el turno de Soleil, Misty se dedicó a recoger en una simple cola de caballo el hermoso pelo de su hija, luego sonrió con satisfacción al verlas listas y añadió con un leve murmullo -Es mejor que vayamos a desayunar antes que tu padre en persona venga a buscarnos…-

- Te dije que papá era un dictador- la joven sentenció con falso enojo -¿No te lo dije?-

- Siempre lo has dicho, cariño-

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

- Iba a mandar a la oficial Jenny a buscarlas- Ash declaró bebiendo su cuarta taza de café -¿Qué las ha demorado tanto?-

Las jovencitas tomaron asiento mientras Misty desaparecía dentro de la cocina buscando más café y tostadas.

- Seguro Soly no encontraba que ponerse para su salida con Dawlish…- Doen rió en voz baja, orgulloso de saber como molestar a su hermana -Y conociéndola, todavía no se ha inventado la prenda que haga que luzca bien…-

- Doen- Ash arqueó una ceja -¿Otra vez ese chiquillo?-

- Esta vez es una salida en conjunto, tío Ash- Aislinn acudió en el rescate de su prima -También irán Ian, Avril y yo por supuesto…-

- Mamá estaba hablando con nosotras- la joven respondió a la anterior pregunta de su padre, tras sonreír con alivio a su salvadora -Además no es como si Doen no fuera a molestarnos…- miró al niño de reojo- ¿Acaso no es lo que planean hacer esos niñatos y tú?-

- Para tu información, no. Tynan, Luca, Taylor y yo solo pasearemos por los alrededores del bosque Verde y haremos un picnic. No eres tan importante como para malgastar un día entero en ti…-

- Basta ya, Doen- Ash lo cortó con seriedad -Deja de molestar a tu hermana, ella es demasiado grande para saber lo que hace…-

Soleil lo miró de soslayo, luego se concentró en morder una tostada con los ojos bien abiertos. Misty finalmente se sentó a la mesa junto a ellos depositó un nuevo plato de tostadas calientes, y sonrió mientras se servía una enorme taza de café.

- Por supuesto que Soly sabe lo que hace, es una muchacha muy inteligente- manifestó alegremente.

Doen miró a su madre con fijeza -¿Consideras que está bien que Dawlish y ella sean novios?-

- No- Ash se adelantó dando una negativa rotunda.

- ¡Papá!- la joven prorrumpió con cierta impotencia mirando a su progenitor.

- Eres muy joven para pensar en esas cosas, ser amigos está bien y es correcto, pero…-

- Si mal no recuerdo, tú y yo nos pusimos de novios a esa misma edad y un año después nos casamos cariño ¿lo recuerdas?- Misty lo cortó tranquilamente.

- ¿Qué?-

- ¿Cómo…?-

Las exclamaciones de los jovencitos no se hicieron esperar. Obviamente ninguno conocía bien la historia y observaban a los dos adultos con fascinación y respeto.

- No puedes comparar- finalmente Ash respondió enviándole un silencioso mensaje de 'Gracias por tu ayuda' con la mirada.

- ¿Por qué no?. ¿Qué hay de diferente?- Misty pestañeó suavemente 'De nada' y le sonrió con ironía -Tenías la misma edad que ella cuando confesaste que yo te gustaba ¿lo recuerdas?-

- ¿En serio?. ¡Que romántico!- Aislinn exclamó emocionada

- No viene al caso, Linn. Estamos hablando de Soly aquí, y ella es casi una niña…-

- Yo también tenía quince años en ese entonces…-

- ¡No es lo mismo!. ¡Misty deberías ayudarme no hundirme!- exclamó el hombre frustrado dando un leve golpe de impotencia en la mesa.

Soleil sonrió encantada -¿De verdad papá y tú se casaron a los dieciséis?. Nunca me lo contaste mamá…-

- Si, ¡y que nosotros lo hayamos hecho no significa que tú también podrás hacerlo jovencita!- Ash exclamó rápidamente.

- No entra en mis planes casarme a los dieciséis, papito- Soleil le lanzó una ojeada intimidadora muy similar a las que Misty solía enviarle.

- ¿Lo ves?. Tu hija tiene más sentido común que tú…- Misty se acercó a él y le dio un ligero beso en la mejilla -Deja de ser tan carcelero, cariño, no te queda-

- ¿Puedes confiar en mí, papá?- la voz de la joven parecía un gemido de suplica, lo miró con esos increíbles ojos verdes.

- Si confío en ti, princesita- Ash extendió el brazo sobre la mesa y le tocó la mano con cariño -Solo que no quiero que nadie te haga daño-

- Dawlish no va a hacerme daño, y…- bajó la cabeza -Si lo hiciera, ya es hora de que aprenda a valerme por mí misma, no puedo estar dependiendo de ustedes todo el tiempo-

Ash se quedó en silencio por unos segundos. No supo que responder, su pequeña hija estaba convirtiéndose en adulta con sorprendente rapidez y ni si quiera podía pensar en asimilarlo.

- Está bien cariño- respondió Misty en su lugar, viendo que su esposo se había quedado anonadado. Advirtió que el resto compartía dicho silencio y preguntó amablemente -¿Alguien más desea café?-


----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


- He acomodado todo en esta cesta- Misty decía dirigiéndose a su hija mayor quien tenía en brazos a su pequeña hermana. Estaban en la cocina y había pasado una hora desde el desayuno -Puse emparedados, frutas, algunas porciones de tarta de manzana que sobraron de ayer y una botella de agua mineral… ¿crees que esté bien?-

- Es perfecto mamá- Soleil asintió con un gesto -Solo seremos los chicos y yo-

- Si, hija, pero esos muchachos no se llenan con nada…-

La joven rió, aseguró a su hermanita contra la cadera y se acercó a su madre -Papá no lo ha tomado bien ¿cierto?. Está encerrado en su estudio desde entonces-

Misty esbozó una sonrisa intentado despejar el ánimo de la muchacha -Todo esta bien, Soly, no te preocupes por él-

- No quiero que papá y tú discutan por mi culpa-

- ¡Nunca discutimos, cariño!-

Soleil le lanzó una mirada escéptica y rompió a reír suavemente -Si, claro…-

- Bueno- Misty la interrumpió con gesto culpable -Es normal que las parejas tengan algún intercambio de palabras-

- Si tú lo dices- la joven se encogió de hombros -¿Esta todo listo?-

- Si- asintió dando una palmada a la cesta.

- ¿Y que harás el resto del día?-

- No lo sé, supongo que quedarme con esta belleza aquí en la casa- tomó a Ciel de los brazos de la joven y la abrazó dándole un beso -¿Qué dices, nena?-

La pequeña asintió con gran sentimiento.

- Ya ves, podemos alquilar algunas películas- se dirigió a Soleil -Nos arreglaremos la mar de bien…-

Se oyeron unos pasos apresurados y Aislinn se asomó por la puerta -Los chicos ya están aquí…- dijo con ansiedad.

La otra jovencita tomó la canasta y se palpó nerviosamente el cabello, sus mejillas encendidas denotaban su excitación.

- Te ves muy bien, hijita- Misty le aseguró, luego se giró a la otra muchacha que inocentemente también tomaba nota de su vestuario y peinado -Tú también, Linn-

Las jovencitas asintieron y luego de mirarse la una a la otra con nerviosismo se encaminaron por el pasillo hacia la puerta de entrada. Misty las seguía sonriendo conocedoramente con la niña pequeña en brazos. Se ajustó la bata rosada antes de salir.


----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


Un amplio jardín era lo que mas llamaba la atención de la inmensa casa, eso y el césped prolijamente cuidado que resaltaba su intenso color esmeralda. Rosales blancos y rojos cubrían las rejas de los ventanales, lirios silvestres de varios colores circundaban el delgado camino que conducía a la calle, donde cuatro jóvenes montados en bicicleta esperaban.

- ¡Buenos días tía Myst!- saludó uno de ellos agitando alegremente su brazo, era alto, de cabello castaño oscuro y ojos color añil. Cortésmente se acercó a Soleil y tomó la gruesa canasta de sus manos para luego colgarla fácilmente al manubrio de su rodado.

- Hola Dawlish- Misty lo saludó cariñosamente con un gesto, viendo con ternura como su hija se acercaba avergonzada hasta él para luego darle un tímido beso en la mejilla. Tras lo cual se sentó en el asiento trasero de su bicicleta.

Notó que Aislinn también hacía lo propio subiéndose a la bicicleta de Ian, y no pudo menos que sonreír. Su sobrina estaba visiblemente abochornada al igual que el jovencito que iba a llevarla. Este no era tan alto como el otro muchacho, era demasiado serio y formal, pero sus ojos verdes irradiaban tanto calor que servía para derretir su fría apariencia. Aislinn obviamente lo sabía.

- Hola tía Myst- la saludó una hermosa joven de cabello verde oscuro y grandes ojos azules, el joven junto a ella le hizo una graciosa inclinación de cabeza, y por un momento su cabello rubio brilló bajo la luz del sol.

Misty se apresuró a responder -Hola Avril, hola Derek- se acercó unos pasos hacia ellos sobre el inmaculado césped -¿A dónde irán?-

- Daremos una recorrida por el bosque Verde y finalizaremos en la reserva del abuelo, Soly tenía deseos de visitar a la señora Delilah, así que pasaremos un rato por allí también- Dawlish manifestó con seriedad.

- Haremos una parada en el bosque para comer, si es lo que te preocupa tía- intervino finalmente Ian con acento responsable. Dawlish lo miró de soslayo algo molesto.

Misty sonrió internamente, Dawlish tenia una personalidad de líder innata, herencia de Gary obviamente, y ella encontraba divertido como su sobrino Ian ponía en tela de juicio todo lo que dijera. No lo hacía a propósito, a su modo consideraba que debía proteger a su prima tal y como su tío Ash se lo había pedido incontables de veces.

En ese momento la puerta de entrada se abrió y los rayos del sol iluminaron la alta silueta del susodicho. Tenía una expresión seria y casi asesina en su semblante.

Soly se cubrió parte de la cara con una mano, mientras su padre seguía caminando a través del césped hasta detenerse junto a su madre, quien lo miraba fijamente con el ceño fruncido en desaprobación.

- Buenos días tío Ash- saludó Ian con educación haciendo retroceder su bicicleta hasta el borde del cordón. El resto lo imitó saludando y moviendo sus rodados para ganar fácilmente la calle cuando se decidieran a partir.

Dawlish maniobró su bicicleta con igual destreza y se enfrentó por un segundo a los oscuros ojos marrones que desde que tenía memoria intentaban intimidarlo. Ahora sonrió con el mayor descaro posible y elevó confiadamente su brazo en el aire mientras empezaba a pedalear con soltura.

- ¡Hasta pronto señor K…!- gritó con alegría genuina, y ganó velocidad rápidamente haciendo que su acompañante se aferrara a su cintura con mayor fuerza. El resto lo imitó despidiéndose

- ¡Ten cuidado jovencito!. ¡Si algo llega a ocurrirle a Soly me encargaré personalmente de azotarte…!- se aproximó a la calle viendo que ya estaban a una cuadra de distancia y su risa despreocupada llegaba flotando hasta él. Hizo bocina con sus manos y repitió a los gritos -¿Me has oído Oak?. ¡Te azotaré…!-

Misty lo golpeó en el brazo con el puño cerrado, Ash volteó a verla ofendido sobándose con la mano -¿Qué?- Preguntó confundido.

- ¡Tú!- exclamó Misty -¿Cómo te atreves?- volvió a darle otro golpe y se encaminó visiblemente molesta a la casa.

Ash se tocó la cabeza confundido y la observó alejarse. Sus pasos rápidos le daban un delicioso toque cadencioso a sus caderas. Él sonrió complacido, la seducción innata de Misty no había desaparecido con los años, y esta era bien consciente de que mantenía la vista fija en su cuerpo -y sobretodo en ese lugar curveado donde la espalda perdía su nombre…-

Volvió a sonreír para sí, como quien sabe un secreto, y luego de unos minutos la siguió.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Cuando entro a la casa pudo oír la voz de la mujer que provenía de la cocina, parecía molesta mientras el sonido de las puertas de las alacenas al abrirse y al cerrarse se reproducía con un eco espantoso.

- ¿Qué ocurre?- preguntó apareciendo en la habitación soleada. Misty aún no se había cambiado, vestía la misma bata rosa del desayuno. No tenía a Ciel en brazos, y frente a ella se hallaba la conocida mochila negra de su único hijo varón.

Misty lo miró rasgando los ojos, suspiró -Doen también saldrá de picnic-

- ¡Genial!- contestó, recordando los previos hechos de la mañana antes que el nombrado jovencito los interrumpiera, y los beneficios que podría obtener tras su ausencia. Obviamente su esposa no pensaba igual que él, pues frunció graciosamente el ceño -¿No es genial?-

- Claro que no, el niño planea molestar a Soleil-

- Me parece correcto que vigile a su hermana- Ash respondió casualmente, se inclinó frente a ella, una hoja de mármol inmaculado que a veces actuaba de mesada los separaba, apoyó los codos en el borde cerca de la mochila y de las manos de ella.

- Ash deja de comportarte como un incivilizado. No está bien que pelees así con ese jovencito…- le recriminó dándole la espalda mientras se inclinaba ante la heladera que acababa de abrir, demás está decir que él sonrió satisfecho ante la visión que estaba regalándole.

- Muy bien, prometo ser más civilizado la próxima vez…- mantuvo la vista fija -Y prometo tratar de un modo civilizado a Dawlish-

Misty lo miró, guardo un par de manzanas en la mochila de su hijo y cerró el cierre. Intentó seguir molesta con él, pero la cara de inocencia que este le mostraba pudo más, soltó una risita y le tocó los antebrazos que todavía continuaban apoyado en la mesada de mármol -¿Qué voy a hacer contigo Ketchum?-

- Tengo un par de ideas al respecto ¿quieres que te las diga?- preguntó con picardía asiendo con facilidad las manos de ella y logrando que se inclinara más hacia él.

- Creo que puedo imaginarlas…- Misty lo besó riendo, olvidando su previo enojo.

- ¡Oh, por favor!. ¿No pueden al menos esperar a que yo me vaya?- Doen gruñó con fastidio tras entrar en la cocina y hallar a sus padres en pleno momento romántico. Tomó su mochila y continuó con su melodrama -Hay menores en esta casa por si no lo sabían…-

- Exacto hijo- Ash le sonrió soltando a su esposa y palmeando el hombro del jovencito. No lucía avergonzado ni nada semejante, poseía una sonrisa que a cualquiera intimidaría. El muchachito lo miró -Podrías llevarte a Ciel contigo ¿verdad?-

- ¡Claro que no!. ¡No soy niñera!- exclamó el niño ofendido.

Misty sonrió por lo bajo, se despegó de la mesada, la rodeó; besó a su esposo en la mejilla y a su hijo en la frente -Con el permiso de ustedes voy a realizar algunas llamadas…-

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


Media hora después Doen se había arrepentido de planear salir con sus amigos. Tía Melody le había pedido a Misty -aunque estaba seguro de que había sido al revés- que enviara a Ciel a su casa para que jugara con Eileen, que tenía la misma edad de su hermanita, así que él iba a ser el encargado de escoltar a la pequeña hasta la casa de su tía, y luego tendría toda la libertad de salir con sus amigos.

Estaba seguro de que sus padres traidores tenían que ver en eso. Obviamente su madre quería descansar un momento de él y de sus hermanas y gozar el resto del día en tranquilidad junto a su padre, lo cual hacía mucho tiempo que no sucedía.

- Pobre mamá…- razonó en voz alta mientras de la puerta del garaje sacaba su bicicleta azul, maniobrando entre los vehículos de los adultos - Creo que la entiendo…convivir con nosotros es un desastre- se detuvo un momento y se puso la vieja gorra que había pertenecido a Ash, luego siguió caminando con el rodado a la par. Llegó al frente de la casa observando desganado que ellos ya estaban allí.

Su madre seguía en bata y tenía en brazos a Ciel, a quien apretujaba contra su pecho como si súbitamente cambiara de idea. Doen sonrió esperanzado, quizás si y podría aguar la fiesta de Soleil…

- Vamos cariño, no es como si nunca lo hubiéramos hecho…- Ash le decía consolándola, la mano en su hombro. Volteó al ver al niño y le hizo un gesto de que se acercara -Doen creo que ya eres lo suficientemente grande como para saber de responsabilidades ¿cierto?-

- Sí, señor- contestó algo ofendido. La mayoría de las veces era más responsable que su progenitor mismo.

- Cuidaras de tu hermana en todo el camino, no te excederás en velocidad y antes de caiga el sol la traerá de regreso ¿lo has oído?-

- Sí, papá- apretó los dientes.

Misty se acercó a él con la niña en brazos -¿Lo harás verdad, hijo?- sus ojos estaban brillosos y… eso lo desarmó. Suspiró profundamente.

- Lo prometo mamá. Cuidaré de Ciel y la traeré a la casa sana y salva-

- Gracias Doen, confío en ti- Misty le dio un sonoro beso en la mejilla, luego depositó a la pequeña en el asiento trasero y le enseñó a aferrarse de la cintura de su hermano con fuerza -Sujétate fuerte, princesita, y abre las piernas. Doen, tú ve con cuidado -

- Sí, mamá- el jovencito acomodó la mochila para que no le molestara a la niña. La miró de soslayo; Ciel tenía los ojos abiertos desmesuradamente pues era la primera vez que daría un paseo con él, sin embargo no parecía asustada sino todo lo contrario. Se veía fascinada, para su corta edad era toda una aventura cruzar la ciudad en bicicleta hasta la casa de su tía Dy. Con sus padres siempre lo hacía en auto, pero era bueno probar otros medios de vez en cuando.

- Adiós mami, adiós papi- sonrió agitando la mano, mientras Doen ponía en funcionamiento el rodado y este cruzaba el césped hasta la bajada que daba a la calle.

- Dile a tía Melody que me llame en cuanto lleguen ¿de acuerdo?- Misty se acercó al borde de la acera, observando con no poco temor como su hijo pedaleaba alejándose rápidamente de ellos.

- ¡Sé cuidadoso Doen!- Ash exclamó y se aproximó hasta la mujer rodeando sus hombros con cariño. Permanecieron así los dos hasta que la silueta del niño se perdió de vista.

- Estaba tan ensimismada pensando en Ciel y en lo pequeña que es, que olvidé darle a Doen un horario de regreso…- murmuró la mujer mirando hacia la calle vacía. El conjunto de árboles que cubrían los alrededores le daba un aspecto familiar y acogedor al barrio; con sus casas grandes y sus jardines multicolores. Fue esa una de las razones principales que los impulsaron a mudarse a aquel selecto lugar de Viridian city.

- El niño sabe a que hora debe regresar, cariño- Ash la abrazó uniéndola a su cuerpo. Besó su mejilla -Te preocupas demasiado…-

- No es eso, pienso que le estamos dando demasiada responsabilidad a Doen, y él recién acaba de cumplir once años… todavía es un niño-

Ash sonrió por lo bajo -Él empezará su viaje pokémon al termino del invierno, tendrá que acostumbrarse a ser responsable-

Misty asintió, de hecho ese era un tema en el que no quería meditar demasiado… Miró a Ash, él sonría con picardía, sin duda maquinando alguna diablura de las que eran tan característicamente suyas, le dio un suave codazo en el costado borrando su gesto travieso -Porque tú eras tan responsable en tu viaje Pokémon ¿cierto?-

- No lo era hasta que te conocía ti ¿Qué te parece?- sonrió de oreja a oreja e inclinándose colocó una mano en su espalda y la otra bajo sus piernas. Con facilidad la alzó y recorrió a grandes zancadas la distancia que lo separaba de la casa.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

- Y ahora que estamos a solas -como hace mucho tiempo no lo estamos- podemos tener un pequeño descanso de los niños…-

- Algo me dice que no es precisamente descanso, lo que tienes en mente-

Misty miró la atractiva cara de su marido. Su piel seguía morena y radiante, con pequeños gestos de expresión junto a sus ojos castaños que le sentaban de maravilla. Su cabello seguía igual de alborotado, aunque al tono negro perfecto se sumaban ahora unos suaves toques de gris en las sienes que él nunca reconocería. Su cuerpo lucía más tonificado, más firme. Después de todo tenía 33 años, tampoco era el fin del mundo.

Acarició la mejilla bronceada antes de que los labios masculinos se apoderaran de los suyos en esa deliciosa danza sensual que tan bien conocía. Sintió que su cuerpo descendía y que su espalda encontraba el apoyo de algo suave que soportaba fácilmente el peso de ambos. Sus brazos se enredaron a su cuello sin importarle el cambio de escenario, atenta tan solo al peso familiar sobre su cuerpo.

Ash estaba murmurando algo contra sus labios mientras sus manos se movían con precisión desanudando el lazo de su bata, pero Misty no ponía atención a lo que decía, concentrada en retribuir a sus caricias y a dejarse desvestir.

- Por favor, Myst… por favor… ¿intentémoslo si…?-

Misty lo interrumpió de golpe consciente de lo que había oído. Abrió los ojos advirtiendo finalmente que estaban recostados en el mullido sillón de la sala. Su respiración estaba agitada en tanto observaba la expresión suplicante en los ojos castaños que tanto amaba.

- Por favor- él le dijo claramente, ahora sostenía sus manos por sobre su cabeza.

Ella cerró los ojos por un segundo -No. Ya hemos hablado de esto antes…-

- Pero…- Ash se incorporó sentándose en el suelo junto al sillón, parecía decepcionado y triste. Sus hombros se bajaron levemente.

Misty se sentó, acomodó el ruedo de su corto camisolín de seda y buscó con la vista su bata, estaba en el suelo junto a los pies desnudos del hombre. Miró la espalda masculina y los músculos tonificados que tensaban la tela de su camiseta negra. Extendió la mano y le tocó el hombro, al no notar rechazo se acercó por detrás y lo abrazó, sus brazos parecía cortos al tratar de rodearlo.

- Ash…- lo llamó con ternura, hundiendo la nariz en su cuello -Lo siento-

Él se volteó. La claridad del día entraba por la ventana ubicada en la pared atrás de ella, e iluminaba sus rasgos con amplia libertad. Su rostro poseía líneas finas y suaves, poesía sin duda de la madre naturaleza. Labios turgentes, ojos profundos y cautelosos que podían embravecerse como el mar en cuestión de segundos. Sin embargo su cuerpo señalaba su madurez; sus curvas eran pronunciadas y firmes; después de todo era madre de tres hijos, y su contextura había llevado de maravilla cada uno de esos procesos volviéndola una mujer exuberante en todo el sentido de la palabra. Su genio no había variado con el paso de los años, pero se podía decir que Ash había aprendido a como sobrellevarlo.

- Esta bien- apoyó la nariz en la mejilla de ella -Yo no tenía porque presionarte; tienes razón, ya lo habíamos hablado y ambos habíamos llegado a un mutuo acuerdo…-

Aunque sus acciones finalizaron en una caricia, su voz había sonado triste y apagada. Misty lo notó y no pudo evitar sentirse algo culpable.

- Lo siento- Ash reiteró besando ahora su mejilla. Luego hizo ademán de incorporarse por lo que Misty tuvo que soltarlo. Se irguió y una vez de pie le dedicó una débil sonrisa, mientras se sobaba la nuca -Ya que tengo tiempo disponible, terminaré unas planificaciones que Lance me había pedido, también tengo papeleo atrasado…-

Misty frunció levemente el ceño, pero agregó con naturalidad -Claro, te avisaré cuando el almuerzo esté listo- y se dirigió a su estudio sin darle un beso siquiera.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Frente al espejo de cuerpo entero se miró con ojo crítico. Tenía 32 años, aunque no los aparentaba. Los tres embarazos habían dejado una huella invisible que solo ella podía notar, trataba de cuidarse a si misma con una intensidad que por momentos parecía obsesión.

Suspiró mientras terminaba de vestirse, una camiseta gris y un gastado jean. Se recogió el pelo en una cola de caballo y salió al pasillo.

Desde la 'conversación' de la mañana que Ash estaba encerrado en el estudio. El sonido del rock pesado -gusto que obviamente compartía con Doen- se escuchaba en cada lugar recóndito de la casa, y Misty se preguntaba como le era posible trabajar a puerta cerrada con semejante ruido. Demás está decir que ella odiaba ese estilo de música, sus preferencias abarcaban precisamente lo opuesto; la música clásica por ejemplo, Bach, Beethoven y la calma que emanaba de sus composiciones, y que como bonus mantenía su mal genio bajo control.

En la cocina miró el reloj de pared ubicado junto a la ventana, las agujas marcaban casi la 1:30 pm. Abrió la heladera y se inclinó a ver que era lo que podía hacer que fuese rápido pero a la vez especial y consistente para los dos.

Estaba preparando una ensalada cuando el teléfono empezó a sonar. Se secó las manos con el delantal que colgaba de su cintura y caminó unos pasos hasta donde el aparato sonaba.

- Hola-

- Hey Myst-

- Melody- dijo reconociendo a su amiga de tantos años, luego reaccionó ante el llamado y su corazón de madre tomó el mando de la conversación -¿Ocurrió algo con las niños?. ¿Les ha pasado algo…?-

- Tranquilízate, todo está bien. Las niñas están bien, Duplica ha traído a Zoe así que las tres están en el cielo. Doen y el resto de los muchachos se han quedado en la casa, Tracey los está 'supervisando'- rió levemente -Esto se parece una guardería como entenderás…-

- Siento pena por ti- Misty se giró con el teléfono sandwichado entre su cabeza y hombro. Guardó la ensalada en la heladera y sacó un recipiente que contenía jamón, queso y demás embutidos -¿Para eso me llamaste?-

- No, claro que no- hizo una pausa y Misty pudo oír que otra voz femenina decía algo desde el otro lado de la línea -Escucha, Duplica aún continúa aquí y estábamos recordando que hace mucho que no nos juntamos las tres a charlar como lo hacíamos en los viejos tiempos- soltó una pequeña carcajada -El oficio de ser madre y esposa a la vez nos mantiene ocupadas las 24 horas del día…-

- Es verdad- Misty sonrió asintiendo.

- ¿Bien, qué dices?. ¿Vienes a pasar la tarde con nosotras?. Duplica trajo una tonelada de bizcochos, con la que se podría alimentar a un regimiento, y necesitamos de tu ayuda para acabarla…-

Misty miró el emparedado que acababa de preparar -Oh, no lo sé…-

- ¡Vamos Myst!. ¡Por nosotras y los viejos tiempos!- la voz de Duplica, tan jovial como siempre se oyó del otro lado en ese encantador modo convincente.

- Es que…- intentó explicar.

- ¡Oh vamos!. Te hemos librado de los niños durante todo el día, ¿y no eres capaz de pasar un rato con tus amigas del alma…?-

Las palabras de Duplica la hicieron reír. Observó el reloj, eran pasada las 2, suspiró -Está bien, en media hora estoy allá-

- Sabía que no ibas a fallarme. Le diré a Melody, prepararemos litros de café para terminar con la torre de bizcochos. Te esperamos-

Y con eso la conversación se terminó. Misty dejó el teléfono en el borde de la mesada y sonrió. Duplica siempre se las arreglaba para hacerla reír en las situaciones más insólitas… Sonrió una vez más y entonces su mente le recordó algo que había olvidado durante su conversación con las muchachas.

Ash.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


Float through the sky, And look through my eyes And then you will see what happens. Nowhere to hide, look deep down inside In life you must take your chances And come with me and you will see My love is like la la la la la... So come with me and you will see One love...

Ash estaba con los ojos cerrados escuchando la canción que sonaba a todo volumen en su equipo musical. Completamente concentrado en la melodía, marcaba el ritmo golpeando el escritorio con la pluma que tenía en la mano.

Era la cuarta vez que sonaba el mismo tema.

So come on and shine with me Like the beautiful star you are. So come on and shine with me Shine with me.

Sacudió la cabeza recordando súbitamente porque se había encerrado allí en primer lugar. Intentó bloquear el sentimiento de impotencia que explotó en todo su cuerpo.

Shine on, shine on, shine on! one love!

Apretó los parpados con fuerza, en simultáneo con la voz del intérprete que daba esos gritos 'Heavy' que a Misty tanto le ponía los pelos de punta y su voz se elevó junto a la del cantante.

Shine on, shine on, shine on! one love!

La puerta se abrió en ese momento, la silueta delgada de una mujer se hizo presente por un momento como si fuera un haz de luz, algo similar a una fantasía. Él parpadeó consecutivamente esperando que esta se desvaneciera pero ella continuaba junto al umbral y portaba una bandeja cuadrada en sus manos.

Shine with me
Shine with me…

Obviamente era real y esperaba cortésmente a que él apagara el equipo. No lo hizo, tomó el control y bajó el volumen hasta un modo razonable, donde pudiera oírla y contestarle.

Misty tomó aire y entró. Advirtió el escritorio prolijamente ordenado y se extrañó 'Tengo mucho papeleo atrasado' le había dicho, pero por lo visto no había tocado ni una sola cosa de la oficina.

- Pensé que íbamos a almorzar juntos- le dijo Ash sorprendido, se levantó de la silla y fue a su encuentro -Podríamos usar la mesa de la cocina y…-

Misty negó con su cabeza con suavidad, intentó sonreír. Apoyó la fuente en un costado del mueble -Voy a salir ahora-

- Oh-

- Si, iré a casa de Melody-

- ¿Le ocurrió algo a los niños?- Ash la miró de pronto.

- No, no- Misty sacudió sus manos abiertas frente a él -Vamos a pasar la tarde juntas, ya sabes, charla de mujeres. Duplica también está ahí y como hace mucho que no nos vemos…-

Ash asintió. Una expresión dolida apareció en sus ojos. Le dio la espalda y examinó la bandeja con fingido interés; un sándwich de jamón, queso y tomate, una ensalada verde y un vaso lleno de jugo de naranja hasta el tope.

- Bueno…- Misty se mordió el labio dándose cuenta que había vuelto a ofenderlo -Antes de que caiga el sol estaré aquí…-

- No- él se giró sonriéndole -Toma tu tiempo Myst, hace mucho que no ves a las muchachas, yo me haré cargo de los niños. No te preocupes-

Misty asintió no muy convencida, se acercó para darle un beso y en el último momento sus labios acabaron rozándole la mejilla. Frunció el ceño al incorporarse ¿estaba evitándola?. Tomó el control del equipo que estaba justo en una esquina del escritorio y lo apagó. Era como la quinta o sexta vez que 'Shine with Me' se repetía. Ash la miró con sorpresa.

- ¿Esta todo bien?- le preguntó en voz baja, y para darse más seguridad colocó una mano en su hombro.

- Claro que si, Myst- Ash le dedicó una pequeña sonrisa.

- Entonces… ¿podrías besarme como se debe?- prosiguió en un tono de voz aún más bajo.

Ash suspiró, tomó la barbilla de la mujer entre sus manos y guió sus labios hasta los de ella, fundiéndose en un beso suave y cuidadoso. Al finalizar apoyó su frente contra la de ella y por un segundo respiró ese aroma natural que para estas alturas era tan familiar para él.

- Te amo- susurró Misty contra sus labios, luego se alejó para mirarlo; allí estaban los oscuros ojos que tan bien conocía, y estos ahora reflejaban serenidad y calma.

- Cariño yo también te amo- Ash le sonrió -Y en serio, toma tu tiempo con las muchachas, te lo mereces-

Misty rió, se impulsó y le dio otro rápido beso en la boca -Nos vemos en la tarde- puso sus manos tras la espalda y se alejó.

Ash sonrió cerrando los ojos y tomó el control para volver a encender el equipo musical.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Misty miró las nubes en el cielo, estaban inmóviles, pero ella sabía que se movían con lentitud, avanzando en cámara lenta y que en su estado actual no contaba con la suficiente paciencia como para comprobarlo. Suspiró y quitó su atención del firmamento. Peor. Los ojos de sus amigas se mantenían fijos en ella esperando una respuesta.

Se acomodó en la silla de jardín y entonces observó el césped amarillento bajo las suelas de sus zapatillas -Ash quiere que tengamos otro bebé- dijo al fin.

- ¿Lo dices en serio?- Duplica tomó la palabra -¿Pero porqué?-

- Soleil pronto irá a la universidad…- Misty respondió todavía con su mirada baja -Doen comenzará su viaje Pokémon al termino del invierno…La casa quedará grande y vacía…-

Melody la escuchó en silencio, observándola con el ceño fruncido durante todo ese tiempo. Finalmente le preguntó con suavidad -¿Qué opinas tú a todo esto?-

Misty alzó la cabeza, era la primera vez que alguien le hacia una pregunta tan directa. Ni siquiera Ash se había detenido a interrogar cual era su punto de vista. Entró a sacudir la cabeza -No- dijo claramente.

- ¿No quieres?-

- No, no quiero quedar embarazada otra vez, pero él no lo entiende. Hemos discutido mucho al respecto, hemos analizado la situación y sé que podemos solventar la llegada de otro bebé pero… no puedo…-

- ¿No puedes?- Melody le preguntó otra vez -¿Por qué no puedes?-

- ¡Mírame Dy!. ¡No puedo embarazarme a estas alturas de mi vida!- miró a su amiga casi con furia -También hay cosas que deseo hacer; como acabar con mi carrera y obtener mi titulo, dar clases en algún instituto especializado, volver a dirigir el gimnasio es otro de mis sueños… ¡No quiero pasarme todo el día en casa sintiéndome esclavizada…!- se dio cuenta de lo que decía y de lo horrible que había sonado. Se cubrió la boca con la mano y sus ojos parcialmente se hicieron más brillosos -No quise decir eso… ¡Amo a los niños, amo a mis hijos con toda mi alma!-

Duplica le apretó la mano libre con cariño -Claro que si, Myst- la consoló con ternura y le ofreció una taza de café.

Supo que las otras dos se miraban con inquietud mientras bebía la tibia infusión. Al menos ese era un rasgo que no había variado con los años. Seguían preocupándose por ellas mismas como cuando eran niñas y jóvenes.

Melody fue la primera en tomar la palabra, ahora lucía el cabello más corto, pero siempre lo llevaba recogido. Su vestuario era ligeramente más elegante y acorde a su estatus de madre y esposa.

- Discúlpame por lo que voy a decirte, Myst, pero tú sabes que te quiero mucho y la confianza que hemos tenido durante tantos años me da libertad de hablarte como lo estoy haciendo ahora…-

La mujer pelirroja dejó la taza en el borde de la mesa de jardín, juntó las manos sobre las rodillas y se concentró en los turbios ojos azules que la miraban con fijeza.

- Creo que deberías replantear alguna de las cosas que dices, no todo es como tú lo piensas. También creo que deberías explicarle a Ash el porque no quieres tener otro bebé, él seguro no debe entenderlo y ha de estar sufriendo mucho…- miró a Duplica con gravedad antes de agregar lo siguiente -Realmente creo que eres muy egoísta-

Misty se hizo para atrás como si le hubiera asestado un golpe.

- Yo creo lo mismo, amiga- Duplica intervino con suavidad -Es egoísta hasta cierto punto…- suspiró -Puedes hacer todo lo que dices aún estando embarazada, bien sabemos que tener un bebé no es una enfermedad…-

- Lo sé- Misty asintió apretando los dedos sobre su regazo.

- Deberías ponerte en el lugar de Ash, pienso que lo ocurrido con Soly años atrás, le ha dejado una huella enorme de inseguridad…-

- Creí que ya habíamos acabado con eso-

- Pues no. Esto que nos estás contando afirma que no-

Misty suspiró -Dios… Voy a volverme loca-

Hubo un momento de silencio y meditación. Duplica se concentró en beber otra taza de café, mientras sus ojos descansaban en la fuente repleta de bizcochos. Melody mantenía los parpados cerrados, a los lejos se oían las débiles voces de las niñas, sus risas les llegaban con la brisa vespertina que poco a poco comenzaba a levantarse. Pasaron quince o veinte minutos de igual quietud.

- Deberías pensar su propuesta… No es tan malo si te pones a analizarlo- Duplica dijo de pronto. Volvió su mirada a la pelirroja y le sonrió con ternura.

- Es cierto- Misty murmuró rendida. Entendiendo a lo que se refería, exhaló con calma el aire de sus pulmones y volvió a inhalar otra bocanada. Acarició la argolla matrimonial que descansaba en su mano izquierda -No sé en que momento de la vida me volví tan… mezquina. Ash ha dejado de lado muchas cosas solo para darme el gusto a mí, y yo… Yo no puedo darle el gusto en una sola cosa que me ha pedido…-

- No es darle el gusto- Melody intervino rompiendo la quietud con voz suave- Es estar de acuerdo y disfrutar de lo que decidan…-

- ¡Ya lo creo que lo disfrutarán!- Duplica exclamó soltando una risita pícara -El método de concepción es, de hecho, muy disfrutable-

Las mujeres restantes estallaron en agudas carcajadas

-Duplica sigues siendo tan delicada-

- Y tú tan testaruda- sonrió y le un mohín travieso -¿Puedo contar con que seré tía por cuarta vez?-

Misty asintió con cierta renuencia, a su lado Melody rió quietamente. Se puso seria por un momento -Solo que tengo un pequeñísimo problema…-

- ¿Un problema?-

- Un problema que se llama DIU-

- Pero para que estamos nosotras- Melody se incorporó del respaldo de su silla de jardín y levantó un dedo guiñándole un ojo -Una llamada y puedes tener solucionado ese tema hoy mismo…-

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

La noche se cernía sobre la gran casona ubicada al pie del cerro. Sin embargo no era muy tarde, pero considerando la época otoñal las sombras ahogaban al sol a una hora más temprana.

Misty observaba la ventana descubierta desde el cómodo sillón donde estaba instalada, tenía los dedos presionados sobre las rodillas y se sentía algo incómoda. Ahogó un suspiro.

- Pobre de Ash, de seguro debe odiarnos…-

Giró la cabeza al oír la voz de su amiga. Duplica venía a su encuentro con un vaso de agua en las manos. Ella seguía conservando su esencia en el modo de vestir; el jean ceñido que llevaba junto a la blusa ultra ajustada daban evidente cuenta de ello, al igual que sus zapatos de taco aguja. Su filosofía era 'Soy una mujer joven y hermosa, no me avergüenzo de mi cuerpo y quiero que todos lo sepan…'

A Gary obviamente parecía no importarle las sexistas ideas de su mujer, y la dejaba hacer con toda la libertad posible.

- Le prometí que estaría en casa antes de que cayera el sol- observó el cielo oscuro frunciendo el ceño- Y ya es de noche-

- Hum- Duplica le dio el vaso con agua mientras meditaba lo que su amiga había dicho -Quizás puedas enmendarlo, ¿eh?- se sentó a su lado siempre sonriendo -Yo podría ocuparme de Doen por este noche, él podría quedarse en casa y dormir en el cuarto de Taylor, a los niños les encantará la idea-

Misty sonrió -¿Harías eso por mí, Duplica?-

- ¡Claro!-

- Soly y Ciel pueden quedarse aquí- la voz de Melody se oyó desde algún lugar lejano antes de que su silueta fuera fácilmente visible. Venía acompañada de dos niñas de 6 años; una pelirroja y otra morocha que volaron hacia ella apenas la hubieron visto.

- ¡Mami!-

- ¡Tía Myst!-

La aludida se incorporó del sillón para abrazar a las pequeñas. Le dio un cariñoso beso a su sobrina menor, y luego abrazó a su hija.

- ¿Te gustaría quedarte a dormir aquí?- le preguntó, a lo que Ciel asintió con gran entusiasmo, sus ojos castaños abiertos desmesuradamente en regocijo -Bueno…- observó a Melody -Gracias por resolverlo-

- No tienes que agradecer, después de todo Linn se quedó anoche en tu casa. Sería como que te estoy devolviendo el favor…-

Misty sonrió. Se incorporó del sillón, depositando a la pequeña en el suelo, luego se giró y atrapó a las dos mujeres en un apretado abrazo.

- Gracias amigas, no sé que haría sin ustedes-

- Eso ya lo sabía, Myst- sentenció Duplica haciéndola reír abiertamente -No puedes hacer nada sin mí…-


----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Era noche cerrada cuando Misty estacionó su pequeño deportivo azul en el garage de la casa. Mientras se orillaba a la acera advirtió las persianas bajas de todos los ventanales a la vista, las luces estaban apagadas a excepción de la habitación que daba a la calle; el living. El brillo del televisor encendido era perfectamente legible desde afuera.

'Debe estar muy molesto' Razonó ella para si mientras cerraba la puerta del coche. Caminó hacia el frente oyendo como el portón automático del garage se cerraba a sus espaldas.

Entró por la puerta trasera, desembocando en la cocina. Dejó su bolso a un costado de la mesa y se aproximó sigilosamente hacia la sala-living y sacó la cabeza con cautela. Él estaba completamente absorto en el programa de televisión que estaba viendo y parecía no haberse percatado de su llegada, cuando ella sabía que si lo había hecho. Suspiró con lentitud y volvió sobre sus pasos, tomó el teléfono y marcó el conocido número del Delivery que utilizaban para celebrar eventos importantes.

Minutos después, y tras cortar la comunicación dispuso la vajilla fina sobre la mesa de madera. Dejó todo ahí para acomodarlo bien después, mientras salía por la puerta de la cocina y se adentraba a la sala con suma rapidez subiendo la escalera con igual prisa.

Ash desvió los ojos del aparato para verla, ella le hizo una sonrisa apresurada sin frenar su ascenso.

- Buenas noches, cariño…- le gritó cuando estaba casi en el piso de arriba.

Él apretó el mute en el control y respondió alzando la voz para que lo oyera -Te demoraste mucho. Los niños aún no han llegado…-

- ¡Si lo sé, lo siento…!-

Y ahí se acabó la conversación, pues el sonido de que ella se encerraba en la habitación fue más que evidente cuando la puerta cerrada retumbó de un golpe en toda la casa. Ash suspiró y se sobó la nuca. Se encogió de hombros por un levísimo instante e inmediatamente retomó a su programa de televisión.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Se miró en el espejo siguiendo aquel ritual tan conocido para ella. Mirarse con ojo crítico y aceptarse tal cual era, tal cual como los años la iban hermoseando a su modo.

Recogió su cabello aún húmedo por el baño, con un broche negro, uniéndolo en un nudo flojo en el centro de la cabeza, lo suficientemente fácil para que Ash pudiera desamarrarlo cuando llegara el momento justo… Luego se vistió con el vestido favorito de él. Esa prenda que solía usar siempre que celebraban algo y que curiosamente también era de color negro.

Se calzó los zapatos haciendo juego y luego aplicó las gotas estratégicas de perfume. Uno muy caro que Jay le había obsequiado durante uno de sus viajes a Francia.

Finalizado todo se volvió a mirar con satisfacción. El vestido era largo y simple, la seda tan suave que parecía que no llevaba otra cosa más que su propia piel. No era muy ajustado, ni poseía grandes adornos, tenía un escote cuadrado, muy moderado y a un costado de su pierna derecha una abertura muy conveniente para que pudiera caminar y desplazarse con mayor soltura.

Pero era el contraste perfecto entre la seda negra y su piel de mármol lo que causaba un efecto impactante. Se veía tan pálida, tan sensual que sabía que contaría con el regalo constante de sus ojos durante toda la velada.

Revisó el orden de la habitación por última vez antes de abrir la puerta y salir a enfrentar el nuevo destino que había entretejido para sí después de esa noche.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


Al menos contó con la satisfacción de que Ash no la viera descender, así que pudo encerrase en la cocina y ultimar los pocos detalles que faltaban. Dispuso la comida francesa con elegancia y sacó la botella de vino tinto, la favorita de ella, y la dejó a un costado del plato para que él pudiera abrirla

Sonrió felizmente al observar como había arreglado la mesa, y se apretó fugazmente el pecho al notar que le brotaba algo de nerviosismo. Le pareció infantil, con todo lo que había ocurrido entre ellos era meramente insólito sentir temor a estas alturas de la vida.

Se ordenó tranquilizarse y exhaló y aspiró aire unas cuantas veces, antes de erguirse con esa altivez propia en ella y salir de la cocina, moviéndose con deliberada lentitud.

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Ash mantenía su atención en el canal deportivo, mientras un nuevo torneo empezaba, tras finalizar el anterior (que curiosamente también había visto) pero no podía enumerar que equipos se habían enfrentado, ni cual era la especialidad, ni el deporte que lo había caracterizado. Se podría decir que buscaba mantener la mente ocupada de cierto tema familiar que le rondaba por la cabeza. Eso y la ausencia deliberada de su pequeña esposa, que no hacia otra cosa más que escaparse de él.

Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no reparó en la mujer que se acercaba, hasta que la tuvo frente a si, obstruyéndole deliberadamente la imagen del televisor.

La miró de pies a cabeza, sorprendiéndose inmediatamente por el sensual atuendo que había escogido para ponerse.

- Hey- se acomodó de golpe en el respaldo de su sillón favorito. Frunció el ceño -¿Tienes alguna fiesta y no me has avisado?-

Misty negó lentamente con su cabeza.

- ¿Acaso vas a salir sola?-

Misty rió suavemente y siguió negando con la cabeza. Se acercó a él y le quitó el control de la mano. Con la elegancia propia de un felino se desplazó otra vez por la habitación y apagó el televisor.

- Tú y yo tendremos una cena- dijo simplemente.

- ¿Fuera?. ¿Debo ponerme un esmoquin?. ¿Con quien cenaremos?- preguntó a borbotones, mientras volvía a incorporarse de golpe - ¡Los niños!- exclamó de pronto -Aún no han regresado ¿con quien se supone que vamos a dejarlos?. Mira la hora que es y no…-

Misty rió ante su exabrupto de palabras, volvió a acercarse apresuradamente a él, ya olvidando su andar seductor, y sin más se inclinó atrapando su rostro entre las manos y besándolo con ansiedad, sepultando lo que sea que iba a decir.

- No tienes que ponerte nada, luces perfecto- Misty le susurró a pocos centímetros de sus labios -Y por los niños, no te preocupes que está todo arreglado-

- ¿Qué quieres decir con eso?- prosiguió Ash notando con cierta sorpresa que ella seguía inclinada ante él y que su escote le quedaba justo a la altura de los ojos.

- Que los niños no molestarán por esta noche, y que podremos estar los dos solos como tú tanto querías…- le sonrió y volvió a besarlo.

Ash correspondió a sus besos con voracidad, de golpe se detuvo, su respiración sumamente agitada.

- ¿Entonces porque te vestiste así?-

Misty reprimió una carcajada, chocó su nariz con la de él mirándolo con gesto risueño -¿Tenías que hacer esa pregunta en un momento como este?- lo besó rápidamente -Porque quería verme bien para ti, ese es el porque-

Él sonrió y de un movimiento sentó a la mujer en su regazo. Deslizó la mano por la abertura del vestido alcanzando su pierna desnuda -Tú siempre te ves bien para mí… -ella se sonrojó -Así que planeaste esto tú sola…-

- Nop, lo hice con ayuda de las muchachas. Melody y Duplica se hicieron cargo de Soly, Ciel y Doen así podríamos estar a nuestras anchas por esta noche…-

- Eso significa que tenemos la casa libre para nosotros…- Ash susurró deslizando la mano hacia arriba trepando lentamente por su rodilla.

- Así es…-

- No sabes la cantidad de ideas que tengo en mente, y tú estas en todas ellas…- le dijo en un susurro ronco.

- Pues, podríamos ponerlas en práctica luego de cenar…-

- No es apetito de comida lo que tengo en este momento…- le apartó el cabello de la garganta y le dio un beso húmedo que la hizo estremecer.

Misty le dio un golpecito de advertencia -Ash…-

- De acuerdo ¿quieres cenar?. Haremos lo que tú quieras- le sonrió y le besó suavemente la sien.

Aquellas palabras hicieron que Misty se encogiera débilmente por un segundo. Volvió la cabeza para verlo -No es lo que yo quiera, sino lo que queramos hacer los dos-

- Está bien…- la sujetó de la barbilla para que siguiera observándolo -Me encanta que hayas organizado esto, Myst… Creo que lo necesitábamos…-

Misty asintió.

- Es bueno saber, que aún puedes sorprenderme- rió levemente, ella le hizo una mueca -Señora Ketchum, es usted una caja llena de sorpresas…-

Misty sonrió para si, se acercó y le dio un pequeño beso en los labios -Quizás… podemos escribir a Paris esta noche, y en unos nueves meses tendríamos otro pequeño obsequio esperándonos…-

Ash la miró con la boca abierta -¿No estás bromeando, verdad?-

Ella negó lentamente, siempre sonriendo -Quiero que tengamos otro bebé-

- Yo también lo quiero…- la besó con fuerza una, dos, tres, cinco veces. Mordiendo, saboreando sus labios de un modo desesperado. No supo ni como fue capaz de ponerse de pie con ella en brazos, todavía siguiendo el ritual de esos besos hambrientos. Subió la escalera que conocía de memoria con los ojos cerrados, y entró a la habitación que compartían, finalmente depositando a la mujer en el suelo. Su cabello caía ahora en un desorden delicioso cubriendo sus hombros desnudos.

- ¿Segura de que no vas a arrepentirte…?- le preguntó en un hilo de voz, observando sus ojos verdes que lucían tan claros y límpidos como una gota de lluvia a punto de romper.

- No hay vuelta atrás, Ash. Me encargué de que así sea-

Le besó la sien con ternura, antes de que sus labios descendieran por la curva de su mejilla alcanzado su oído donde le susurró de igual forma:

- Gracias Myst-

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----


El amor es paciente, es benigno; el amor no es celoso ni envidioso; el amor no es presumido, ni orgulloso; no es arrogante, ni egoísta, ni grosero; no trata de salirse siempre con la suya; no es irritable, ni quisquilloso; no guarda rencor; no le gustan las injusticias y se regocija cuando triunfa la verdad.

El amor nunca deja de ser…

----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----…..----

Nota:

Tenía esta secuela rondando por mi cabeza casi por espacio de 2 años… Hum, no me gusta mucho como quedó, si bien la idea central está fielmente plasmada siento que le falta algo… no sé.

-Soy un poco indecisa jajaja-

Me demoré porque estuve muy enferma, aún estoy en tratamiento pero al menos tengo el suficiente tiempo de sentarme a escribir sin gritar de dolor. Les debo una actualización, esta semana fui mucho al medico y no me dieron ganas -ni tiempo- para finalizar, solo pude acabar con este epilogo.

Bueno, nada más que acotar, salvo decirle a mi amiga Blue que adoro como está llevando adelante mi obsequio n_n, y que ahora que ya termine con este chap -ultimo- de Meu Anjo me dedicaré a los demás fics.
Besitos!

Sumi Chan

Shine with Me © P.O.D . No está tan mala la música pesada, yo la escucho, POD es una muy buena banda. De quien heredé el gusto? De mi hermanito obviamente, esta todo el santo día escuchando eso, y ya conocen el dicho 'sino puedes contra ellos, únete' :P

Sin Misericordia

|
-Capítulo 2-

- Baila usted con magnificencia, doctor-

El joven le dirigió una mirada risueña. Era más alto que ella y por ende podía ver por encima de su cabeza. Su mano se sentía pequeña y tibia entre las suyas tan grandes, mientras la guiaba en el perfecto vals a través del abarrotado salón. Cerró los ojos dándose una pequeña pausa para disfrutar aquel familiar perfume a flores cítricas.

- Ya le he dicho que puede hablarme por mi nombre de pila- la miró de perfil. Ella sonreía viendo hacia otro lado. En aquella oportunidad vestía de negro y la palidez de su piel resultaba evidente y tentadora. -Mi experiencia en el arte, se debe al tiempo que he practicado asiduamente… Pero créame que al principio parecía tener dos pies izquierdos- Se apresuró a agregar antes que su mente despertara del letargo

Calló el hecho de que había tenido mucho tiempo -años- en los cuales aprender a gusto y medida, pero ese era un detalle que no debía importarle.

Ella rió y finalmente lo miró.

No. Sus ojos no eran tan solo azules, había un levísimo toque de esmeralda justo en el centro, cerca de las pupilas. Había que mirarla con mucha atención para detectarlo.

- ¿Qué?- preguntó algo azorada al notar su deliberado escrutinio.

- Perdón- sonrió disculpándose -No puedo dejar de admirar algo bonito cuando lo veo…-

Volvió a reír y a ocultar sus mejillas rojas de él. Dieron una pequeña voltereta y el paisaje nocturno se extendió por completo a través de uno de los ventanales. La luna brillaba en todo su esplendor como una esfera de plata suspendida en un trozo de terciopelo negro. La noche era bellísima, el clima agradable para la época.

- Que bueno que finalmente ha dejado de llover- comentó la joven y levantó la mirada hacia él -En general adoro este clima húmedo, pero mi padre lo aborrece; es que las cosechas y los campos se pudren debido a la falta de sol. Este ha sido un año muy malo debido a las lluvias…-

- No sabía que una señorita de sociedad tuviera conocimientos sobre la agricultura de la región-

- Oh- bajó la cabeza, arrepentida por su atrevimiento -No lo tome a mal, de ninguna manera quise inmiscuirme en un tema de…-

- Lady William- él la apaciguó tomándola de la barbilla. Era el primer acercamiento que tenía con ella y lo había hecho a ciegas. Sus dedos de mármol se sentían cálidos al contacto de su piel -Me parece completamente generoso de su parte interesarse en el estudio de la agricultura y brindarle ayuda a su anciano padre, cuando este aún no posee un heredero hombre-

- Gracias por la comprensión, doctor- al ver que él arqueaba una ceja, añadió - Ash-

- Eso está mejor- la pieza había acabado por lo que la dejó ir. Se acercaron al ventanal en mutuo acuerdo, le ofreció una silla y la muchacha se dejó caer con gracia. Extrajo un abanico del diminuto bolso que llevaba anudado a su muñeca y comenzó echarse aire. Sus mejillas y sus labios tenían el sugestivo color del rubí. Le indicó el asiento de al lado para que siguiera haciéndole compañía.

- Lamento haberla extenuado-

- Oh, no. Es que estoy algo fuera de forma. Adoro bailar, no tiene que disculparse- le confió acomodando un rizo detrás de su oído -Y esta es una magnifica fiesta-

- Ya lo creo-

- Aunque su prometida debe estar disgustada conmigo por haberle robado toda su atención…-

Ash la miró de soslayo. Ella no parecía apenada por eso, por otro lado se veía increíblemente viva y fresca. El brillo que despedía su pálida piel era algo único. Casi cautivante.

Sintió que su respiración comenzaba a agitarse y se ordenó guardar serenidad. Había logrado con éxito apaciguar las llamas de su antigua naturaleza. Y no quería destruir con una salvaje acción el delgado lazo de comunicación que estaba manteniendo con ella.

- May es una mujer comprensiva y para nada celosa- dijo con absoluta convicción.

- Lo imagino. La mayoría de nosotras en su lugar obraríamos de manera completamente diferente…-

- ¿Usted también?-

- Créame que si- sonrió -Algo me dice que soy increíblemente celosa-

- Perdone mi atrevimiento ¿está usted comprometida?-

- Aún no- rió -Pero mi padre me pondrá en 'subasta' de un momento a otro…-

- Eso debe causarle un profundo disgusto-

Ella meneó la cabeza- Mi padre ha logrado convencerme de que es lo mejor para mí. Él teme que su vida se escape sin verme casada con un hombre responsable. Creo que quiere asegurarse que mis hermanas y yo estemos bien antes de que él…- se le fue perdiendo la voz.

- Entiendo- le tocó el hombro desnudo con comprensión. Su piel era tibia y suave al tacto. Parecía frágil y completamente maleable.

- Perdón la interrupción- sonó una voz femenina con un suave acento extranjero. La dama estaba frente a ellos y su expresión era inescrutable -¿Milord?-

- Le ruego me dispense lady William- Ash murmuró solemnemente tras entender la fría cara de su prometida, se puso de pie con presteza y la tomó del brazo con educación.

- Por supuesto, doctor- la joven le dedicó una graciosa inclinación de cabeza -Lady Maple ha sido un placer-

La morena le dedicó una sonrisa seca y le indicó a su prometido que se moviera

*****************************

- ¿Qué es lo que pretendes? - May le recriminó mordazmente mientras él se servía una copa

- ¿Puedes bajar la voz?. No es necesario que todo Londres te oiga- bebió el brandy con rapidez y se giró a verla -¿Qué es todo esto?-

- Creí que deseabas evitarla. Alejarte de ella todo el tiempo, y sin embargo…- May lo miró con lástima -¿Por qué te torturas?. Casi podría decir que eres su sombra…-

- Exageras-

- ¿Quieres hacerte de su cuerpo?. ¿Es eso?- May se mordió el labio.

- ¡Claro que no!-

- Si la deseas no tienes más que dar rienda suelta a tu instinto… Después de todo ciento de mujeres jóvenes mueren todos los días por causas desconocidas en este país…-

- ¡No es mi naturaleza la que proclama mi cercanía hacia ella!- la cortó indignado -Por mas extraño que parezca no deseo su sangre-

May decidió sentarse. Observó el pliegue de muselina de su falda que se enredaba en tono a sus piernas -No entiendo…-

Él se tocó la cabeza con un gesto distraído -Tampoco yo, May-

- Entonces vayámonos de aquí-

- No puedo-

- ¡Si puedes!. No hay nada que pudiera atarte a este lugar… Hay cientos de regiones, países por recorrer, quizás hasta encontremos gente igual a nosotros…-

Él la miró -No puedo dejar el hospital, estas personas me necesitan-

- ¿Te necesitan?. ¿No será que tú los necesitas a ellos para abastecerte?-

Aquello pareció molestarlo sobremanera, se aproximó a ella y la tomó de la nuca levantando su cabeza con fuerza. La mujer emitió un leve chillido, más por sorpresa que por dolor.

- No vuelvas a repetir algo así- le dijo en un tono de voz bajo y amenazante
-Mi trabajo es el que nos mantiene como personas normales en este lugar, deberías agradecer que no se levantaran sospechas en torno a nosotros…-

May lo miró con fijeza, a pesar de que su rostro estaba cerca de él, no había más que tensión. Tragó con dificultad, Ash ahora estaba tirándole los cabellos en el agarre.

- Reputación que se está comenzando a perder gracias a tu misteriosa amistad con la hija del alcalde… ¿no crees que se sospeche el que pases tanto tiempo con ella en todos los eventos sociales y dejes de lado a tu prometida?-

Él la dejó ir y retrocedió unos pasos. May se masajeó el cuello por inercia y se acomodó el cabello desplegándolo sobre sus hombros, mantuvo sus fríos ojos azules fijos en el joven durante todo el tiempo -¿Qué acaso las leyes de decoro y etiqueta que has estudiado con tanto ahínco no te han hablado del desaire que puedes causarle a la sociedad estando a solas con una mujer soltera cuando tienes un compromiso formal?. ¿Lo has olvidado?-

- Estas llevando esto demasiado lejos-

- ¡Tú lo estás llevando demasiado lejos paseándote en toda fiesta con esa mujer!-

- ¡Bien!- volvió a acercársele con los ojos encendidos y le tomó el rostro con ambas manos -¿Y que quieres que haga entonces?. ¡Dímelo!-

May levantó su mano pálida y fría como el mármol y le tocó la mejilla -Déjala Ash. Olvídate de ella… o…- bajó la vista por un segundo.

- ¿Qué?- la instó

- Hazte de su cuerpo, de su sangre… es la única manera-

- ¡No!- la soltó y le dio la espalda enfurecido.

- Entonces déjala…- May se había levantado y se le acercó por detrás hasta abrazarlo, con suma confianza apoyó su mejilla en su espalda -Por favor aléjate de ella...-

Ash miró el techo por un segundo, luego se volvió y la abrazó también -¿Es lo que quieres?-

- Si-

Intentó sonreír -Esta bien…-

Los labios de May encontraron los suyos en un beso frío y monótono.


*****************************

- Sabía que podía encontrarlo aquí-

Ash levantó la cabeza de la planilla que estaba llenando. Sostuvo la pluma inmóvil en el aire al notar el sonriente rostro femenino que se encontraba del otro lado de su escritorio. Se sorprendió al no haberla oído entrar.

- Buenos días, doctor- ella lo saludó haciendo una leve inclinación de cabeza.

- Lady William- Ash se incorporó saludándola a su vez con una reverencia y le hizo una seña de que se sentara frente a él -¿Qué la trae al hospital en este horrible día?-

- Creo que mi padre ya ha hablado con usted, no hay mucho que decir- ella le sonrió excusándose. Tenía el cabello levemente humedecido, por la lluvia quizás.

Él se aclaró la garganta -¿Está segura de que desea volcar todo su tiempo libre en este lugar?-

- Así es. ¿Es eso acaso tan extraño?-

- No, no, la verdad es que se necesita mucha ayuda, y desde luego, veo que se siente muy preparada para darla-

- Si. ¿Cuándo cree que puedo empezar?-

- Mañana mismo a primera hora-

- Muy bien- ella se puso de pie acomodando con las manos el ruedo húmedo de su vestido, al hacer la acción la sutil fragancia –ya tan familiar- inundó la pequeña habitación, y él la miró con unas ansias que nunca antes había sentido. Calculó mentalmente la poca distancia que los separaba y sin pensarlo se puso de pie. En menos de un segundo estaba detrás de ella, con la vista clavada en su cabello.

La joven se dio vuelta al acomodar la capa sobre sus hombros, y advirtió la silueta del joven prácticamente sobre la suya. La duda bailó asiduamente en sus pupilas al preguntar con voz queda.

- ¿Doctor...?-

Él la observó fijo, consciente de que su respiración se habia agitado y que sus pupilas muy dilatadas seguían la fragilidad nata de su cuello. El color de sus mejillas igualó por un momento el de su cabello, al igual que sus labios.

Ash tragó con dificultad y sin pensarlo sus fríos dedos se anudaron con fuerza a un extremo del abrigo de ella, eso hizo que la joven se inclinara en su dirección, la duda aún presente en sus ojos. Él aspiró el aroma natural que emanaba de su piel y no se preocupó en ocultarlo.

- Veo que ha seguido mi consejo- la voz masculina fue ronca y contenida –Y ha echado las flores cítricas en el agua de su baño...-

Misty no hizo más que asentir mansamente, en tanto su cabeza se acercaba cual imán poderoso a él, y sus labios ascendían sedientos como nunca al encuentro de ese hombre, que desde que hubo aparecido fue el motivo de sus desvelos y pensamientos.

------------------------------------------------------------------

Al que no le guste la tematica del fic, pues que no lo lea. Este es mi obsequio para mi queridisima amiga Blue y me interesa que a ella le guste ^^

Besos a todos

Sin Misericordia

|
Prologo:

- Es un obsequio para ti, mi señor…- la mujer morena sonrió mostrándole la perfecta dentadura e inclinándose, mientras extendía ante los ojos masculinos aquella mano delgada y femenina, pálida como el mármol, que en nada se parecía a la suya.

No se veía a quien pertenecía esa extremidad, el resto del cuerpo estaba cubierto por una larga sábana de seda blanca que se perdía en la amplia cama. Sus formas apenas se adivinaban; parecía una silueta errante y solitaria, como un fantasma, una desconocida a quien se encargaría de desahuciarla en minutos más.

Eso lo sedujo. Aunque no le gustaba admitirlo, aquella mujer intrigante lo conocía en los más mínimos detalles.

- Acércate, milord- ella volvió a sonreírle con obvia intensión. Parpadeando sus audaces y atrevidos ojos celestes. Se sentó en el lecho y extendió la mano pálida y delgada, hasta que uno de esos dedos estuvo a centímetros de su boca. Luego de una pausa parsimonia, mordió un extremo y la sangre brotó de aquella pequeña herida, tiñendo sus labios cual rouge sangriento, y llenando sus mejillas de adrenalina y excitación.

Él mismo sintió que sus sentidos desbordaban ante aquel espectáculo. La respiración se le agitó y las pupilas se dilataron. Su olfato reconoció la sutil fragancia floral; flores de naranjo y vainilla. Y su expectación se fue por las nubes, su lengua se relamió con anticipación, degustando en su mente el sabor único de ese manjar.

- Acércate-

Pero él ya estaba allí antes de que siquiera acabara de hablar, sentado, robando con violencia aquella pequeña extremidad de las manos de su amante para recomenzar con la tarea. Su nariz se detuvo ante el palpitar lento del pulso. La victima estaba viva, en un grave estado de inconsciencia pero viva. Sentía la débil corriente de sangre viajando por esas venas azules a través de su muñeca. Miró con aprensión a la mujer que se hallaba sentada a su lado, la cual continuaba relamiéndose los labios con los ojos cerrados.

- En el punto exacto como te gusta- se adelantó la mujer morena sonriendo -Es un obsequio, milord-

- Habíamos quedado que no haríamos esto nunca más- él dijo en voz baja tocando con la punta de la nariz el punto donde la victima aún palpitaba. Luchaba contra su instinto; contra lo que era y lo que deseaba ser -Me agrada la comarca, he peleado mucho por hallar un lugar así, no podemos echar por tierra todo y reducir de la noche a la mañana el número de habitantes…-

- Ni siquiera notarán su ausencia querido Ash- la mujer abrió los ojos y lo miró. Le tocó la mejilla con la mano, sus dedos eran fríos como hielo, y la piel que tocó no pareció conmoverse.

El hombre aceptó el gesto por solo unos segundos. El joven manjar que tenía entre manos lo llamaba como un imán poderoso. Se apartó de la mujer morena, y en un gesto práctico, valiente y la vez monstruoso, desplegó su dentadura sobre aquella mano errante donde antes su nariz reconocía el pulso débil y frenético de la vida, dando la primera mordida.

Imposible describir el sabor placentero de aquel primer bocado. Sus colmillos se enterraron una y otra vez, absorbiendo la existencia, la salud de esa ocasional presa.

Sintió el líquido tibio derramándose de sus labios, goteando por su mentón, pero no podía detenerse. Era incapaz de detenerse. Su mente, su ser, sus ansias le exigían más. Era tan salvaje, tan primitiva su sed de sangre que por un momento creyó que todo lo que había logrado a lo largo de esos años estaba punto de derrumbarse.

Se detuvo, palpitante. Con la respiración agitada. Sus ojos marrones convertidos en oro líquido.

- Exquisité- sonrió la mujer con aprobación. Él asintió. Cerrando los párpados, degustando profundamente el sabor en su paladar, intentando calmarse -Ya lo creo que te haya gustado muerto lo que vivo te gustó más que nada, milord…-

Abrió los ojos y la miró -¿Qué?-

Una idea hizo nido en su mente pero era tan precaria, tan inaudita que la rechazó. Sin embargo la realidad habló por sí sola cuando reconoció que el extremo de un vestido de terciopelo rojo se escapaba bajo la sábana que escondía aquel cuerpo rígido y desconocido. Entró a sacudir la cabeza, pues esa era una verdad que no quería conocer.

- ¿Qué has hecho May?- preguntó con voz ahogada, mientras la aludida descorría la sábana y la silueta joven y agraciada de su presa se hacía presente como una broma cruel. Un rostro aniñado y femenino, labios carnosos y llenos, mejillas sonrosadas que en ese momento tenían una palidez mortal. El cabello rojo que contrastaba con la piel, con el color del vestido, corrió por la blanca sábana hasta un costado de la cama, cayendo hasta el suelo. Él quiso gritar, pero no tenía voz, ni fuerza, ni ánimos.

- Le has dado la estocada final- siguió May con suavidad.

Allí en el cuello de la presa había una marca monstruosa, y al reconocer que era, y quien lo había hecho, lanzó un grito inhumano que hizo que su interlocutora se pusiera de pie asustada y retrocediera hasta la pared.

- ¡Lárgate…!- le gritó, sintiendo la furia animal crecer dentro de sí. Sus ojos brillaban como oro bruñido, y se lanzó sobre ella asestándola contra el suelo, golpeándola como un loco. Pero a esa mujer nada le afectaba, y lo sabía -¡Fuera!. ¡Fuera…!-

May se incorporó, se tocó las mejillas. Sentía un calor inusual, un ardor extraño en los ojos -Milord…- intentó una vez más.

Pero él ya estaba junto al lecho descubierto, acomodando a la joven de rojos cabellos sobre las almohadas con una ternura que nunca le había visto. Tenía los labios apretados y desconocía la desesperación en sus acciones.

- No quiero volver a verte nunca más- finalizó sin volver la vista ni una sola vez-Nunca más-

May no necesitó oír el resto. Abrió la pesada puerta de roble y dijo un silencioso adiós, todavía esperando que ese hombre se rectificara, que le ofreciera una disculpa, sabiendo que eran los únicos de esa especie. Pero no hubo disculpas, ni palabras, ni acciones. Él siguió arrodillado junto al lecho contemplando a su victima con aquella extraña ternura que solía enloquecerla.

Apenas el ruido de la puerta se oyó, la fingida tranquilidad del joven vampiro se evaporó. Tomó la cabeza yerta que descansaba en el lecho, hasta que sus dedos se enredaron entre las hebras de cabello rojo. Unió su frente contra la de ella y aspiró el perfume de su piel, el inconfundible aroma a flores cítricas que lo había enloquecido la primera vez. Aroma con el que había peleado; el que había despertado su instinto de cazador, de hambre, de sed.

Y de amor.

Tocó los labios con la yema de sus dedos, como si esperara que estos se movieran tras su contacto. Pero permanecieron fríos y tiesos, con la impavidez propia de la muerte. Rendido, se dejó caer junto al lecho, tomando entre sus manos la pequeña mano ensangrentada, cuyo líquido carmesí seguía deslizándose de la herida como un río inagotable, tiñendo parte del suelo y de su ropa de etiqueta.

Pero el espectáculo ya no le apetecía como antes, su ser se había calmado hasta tal punto que podía contemplar todo con serenidad, sin sentir que eso afectara a su naturaleza. Sin embargo, en medio de aquel terrible escenario algo extraño sucedió, y fue que esa alma ennegrecida y dura como roca, incapaz de sentir los sentimientos humanos, pese a su apariencia de tal, sintió el olvidado escozor en los ojos, la congoja levemente familiar que se convirtió en lágrimas.

Y ese vampiro inmortal e inhumano, por primera vez en años, lloró ante lo que su horrible naturaleza había causado, ante la preciosa vida que su instinto había desahuciado sin misericordia…

-------------------------------------------------------

Feliz cumple Blue!!! (Tarde, tarde lo sé!) Pero no podía terminar con los primeros chaps -soy un desastre! u.u- Tuve que leer Crepusculo varias veces para empaparme en la terminología de los 'vampiros', espero que perdones cualquier error y me tengas paciencia porque quiero hacerlo lo mejor que pueda ^^

Bueno, te deseo lo mejoir del mundo amiga linda!! Sigo esperando mas chaps de mi obsequio ^^

Sumi Chan*

Sin Misericordia

|
-Capitulo 1-

Las luces jugaban una perfecta armonía de sombras y resplandores sobre las personas que caminaban, o bailaban bajo la enorme araña de cristal que pendía del techo. Parejas iban y venían envueltas en sensuales movimientos: en danza y caminatas, las frases de conversación se oían por doquier; risas, susurros y frases de cumplidos hacia los anfitriones de aquel evento.

El joven doctor se paró en un extremo del abarrotado salón, observando el espectáculo con toda serenidad, manteniendo todo bajo control. Su acompañante lo imitó, deteniéndose junto a él con la misma impasibilidad. Se colgó con educación de su brazo y paseó la mirada sobre la marea de rostros que sonreían con deleite. Sintió el conocido salto de adrenalina en su estomago, pero se ordenó contenerse. Aquella era una prueba que ya la había superado en varias ocasiones.

- Lindo…- murmuró ella en su fino acento que los años no habían sido capaces de borrar -Una grandiosa fiesta-

Él se giró para contestarle, le dio una palmada a la mano que entrelazaba bajo su brazo -Han sido muy amables en invit…- su voz se perdió gradualmente cuando un sutil vaho le llenó la nariz.

Un suave perfume a flores cítricas, vainilla y almendras inundó el recinto. El aroma se extendió por todo sus sentidos, mareándolo, confundiéndolo. Hizo que la boca se le llenara de saliva y las manos le sudasen. Mantuvo bajo control el desesperado impulso de girar la cabeza y buscar a quien portara aquella tentadora esencia.

- Necesito una copa- musitó en cambio, apretando la mandíbula. En una voz débil y manteniendo la cabeza baja.

Su acompañante lo notó. También había advertido el suave perfume, pero para ella era solo eso; una simple fragancia frutal. Algo no muy usual, pero completamente previsible en cualquier ser humano.

- Cálmate- le apretó la mano con seguridad -Ya hemos pasado por esto varias veces…-

- Lo sé- él sacudió la cabeza. El aroma seguía allí, flotando entre medio de aquella multitud -Pero es que esta vez es…- se mordió el labio, conteniéndose - Necesito beber algo-

Ella tomó la iniciativa de caminar, siguiendo la hilera de personas que iban en línea recta. Sabía que tarde o temprano se encontrarían con un sirviente que pudiera facilitarles las bebidas. Él la seguía a paso trémulo, con la vista al frente, concentrándose en la oscura cabellera de su acompañante, viendo el complicado diseño del vestido verde que llevaba, intentando concentrarse para que su mente dejara de desear lo que le era imposible.

- Aquí- ella se giró con una copa de brandy, ofreciéndosela con una pequeña sonrisa -Bebe esto-

Apuró el líquido a su garganta, sintiendo el escozor y el calor propio del alcohol, que calmó por un momento las ansias de su otra sed. Tomó una bocanada de aire, ya sintiéndose dueño de su cuerpo.

- ¡Doctor Ash!-

La pareja se giró, hasta encontrar a un hombre, algo regordete, pero de mirada amistosa, que les sonreía con calidez. Se notaba el paso de los años en su cabellera color plata, y en el marco de los anteojos avejentados que cubrían un par de pupilas verdes.

- Doctor Ash- reiteró con simpatía, y extendió la mano hacia el joven -Que placer es tenerlo aquí-

Le dio la copa a la mujer, así pudo estrechar con igual aprecio la mano del caballero -Gracias por invitarnos Lord William- luego retrocedió hasta tomar del brazo a su acompañante -Permítame presentarle a mi prometida, la señorita May Maple-

- Un placer, señorita- el anciano hizo una pequeña reverencia al besar la fría y pálida mano de la nombrada.

- El placer es todo mío. Es una hermosa fiesta, si me permite decirlo-

- Muchas gracias, señorita. Pero díganme ¿los han atendido bien?. Cualquier cosa que necesiten no duden en pedirla…-

- Gracias- el joven sonrió algo avergonzado -No debe tomarse tantas molestias…-

- No es molestia, doctor. Esta comunidad se ha beneficiado muchísimo desde su llegada al hospital, necesitábamos sangre joven y mentes brillantes como la suya para progresar en esta región… No cabe duda de que nos hemos favorecido con su presencia, con su sabiduría y con su conocimiento. Esta es solo una pequeña muestra de agradecimiento-

- Lord William me apena- musitó el joven doctor, con una mueca de vergüenza.

El caballero sonrió meneando la mano -Tonterías-

- ¿Puedo hacerle una pregunta, milord?- intervino la dama utilizando aquel suave acento extranjero.

- Por supuesto, señorita- le hizo una reverencia, como disculpándose por no haberla tenido en cuenta.

- ¿A que se debe esta celebración?- paseó su mirada a sus alrededores, como ilustrando sus palabras antes de mirar los cansados ojos de su interlocutor.

- Oh, si. Mi hija menor acaba de cumplir años. Su nana consideró que era una situación especial para que también hiciera su entrada en sociedad…-

- Oh- el doctor lo miró con curiosidad -No he tenido el placer de…-

- ¡Papá!- se oyó una voz entusiasmada a un costado de ellos que cortó inmediatamente lo que el médico iba a decir.

Otra vez aquel mareante aroma a flores cítricas se desplegó en el aire. Parecía llegar de todas partes, dirigiéndose a ellos como una marea desbocada.

- ¡Papá…!- sonó la misma voz, acercándose.

Ash se quedó dolorosamente tieso; con las palmas sudando y los sentidos peligrosamente en alerta. May movió la cabeza hacia un lado, sin sentirse afectada.

- Papito…- una joven pelirroja apareció de la nada, y de un salto se colgó del brazo del caballero, depositando un sonoro beso en su arrugada mejilla -Prometiste que bailarías al menos una pieza conmigo…- siguió hablando mientras sacudía su vistosa cabellera -Me has dejado sola y abandonada a merced de esos horribles buitres…-

De algún modo inexplicable el perfume emanaba de aquella pálida criatura vestida de azul que no cesaba de aletear como un pajarillo en torno a su anciano padre. Tenía una altura poco considerable, el cabello como fuego y una estampa delicada y aniñada de la que destacaban sus ojos azules semejantes a dos luceros.

- Querida, que es lo que dices- el caballero anciano rió ante aquella singular elección de palabras.

- Pero si es cierto- la joven continuó haciendo un pequeño puchero -Son unos buitres que esperan obtener una buena tajada de mí y de mi fortuna…-

La prometida del doctor soltó una pequeña risita al oírla, haciendo que la muchacha recién reparara en ellos.

- Oh, lo siento- se disculpó avergonzada, haciendo una pequeña reverencia con su falda.

Ash observó la pelirroja cabeza que se inclinaba educadamente ante él. El aroma era tan mareante que por un momento temió que su naturaleza primitiva lo hiciera cometer una locura. La mano de May se cerró en su brazo como una trampa de acero, conteniéndolo en toda su fuerza. Ella había advertido como su respiración comenzaba a agitarse.

- Querida, este es el doctor Ash Ketchum- dijo el caballero anciano haciendo las presentaciones -Es el director del pequeño hospital…-

- Oh- la joven le dedicó una sonrisa brillante -¿Así que usted es esa 'sin igual maravilla' de la que todos hablan?- le extendió la mano en una delicada acción femenina.

-Y ella es su prometida, la señorita May… Esta es mi hija menor; Misty- siguió el noble haciendo las presentaciones.

Ash observó la blanca mano que esperaba el correspondiente saludo, y la evitó tajantemente. Notó como las delicadas cejas pelirrojas se arqueaban ante aquel sin igual desaire para luego bajar la mano con fastidio. Los labios rosados apretados con desagrado.

El caballero también lo observaba perplejo, algo molesto por el desprecio que le había hecho a su hija.

May lo advirtió, por supuesto, y tratando de sonar apenada y mortificada murmuró: - Por favor perdone a mi prometido- se dirigió a la joven, cuya azul mirada se centraba, ahora con curiosidad, en ella -El hospital lo agota tanto, que a veces no advierte los desaires que ocasiona. Por favor dispénselo-

Aquello dio en el blanco, Lord William se apresuró a añadir con simpatía -Ya que deseas bailar querida mía ¿porqué no lo haces con el doctor?-

La joven sonrió ante el pedido de su padre -Claro- hizo otra graciosa reverencia y volvió a girarse hacia el doctor, alzando levemente la barbilla -¿Desea acompañarme caballero?-

Las aletas de su nariz se arquearon ante el perfume que emanó de aquella pequeña acción. Observó con fascinación la línea frágil y pálida de su cuello y sintió que las ansias renacían con inusitado fervor.

La joven esperaba mordiéndose el labio, sus ojos azules centrados en los suyos color miel.

Finalmente Ash se dignó a hacer un movimiento; apretando con fuerza los puños y manteniendo la cabeza en alto como si no viera, pasó entre medio del anfitrión y su hija y desapareció sin decir palabras.

May se obligó a seguirlo soltando unas disculpas apresuradas. Tomó los bordes de su vestido y desapreció entre el gentío, quien inmediatamente se encargó de borrar su rastro como si una ola de mar se la hubiera engullido.

---------------------------------

Llovía copiosamente y soplaba un viento frío y áspero que vaticinaba que la tormenta duraría unos cuantos días más.

El carruaje esperaba a un costado de la avenida. Grandee imponente. Su única pasajera se debatía entre descender, comprar en la feria y mojarse; o quedarse allí sentada y retornar con la ropa seca a la casa.

Recordó con tristeza que le faltaban flores de azahar para perfumar el agua de la tina, así que ese simple pensamiento hizo la decisión por ella. Se cubrió el cabello con una pañoleta gruesa y ciñó en torno a sus hombros el abrigo que usaría a modo de impermeable.

Su padre la asesinaría si se enteraba que había escapado de la casa en medio de aquel diluvio…

Unos golpecitos en la puerta del carruaje la distrajeron de sus ansias de salir. Asumió que sería uno de los sirvientes, urgiéndola a que se decidiera, pero por otro lado eso sería un completo atrevimiento. Estiró la mano y abrió, recibiendo el golpe húmedo del aguacero en primer lugar. Luego de que sus ojos se ajustaran a la aguada claridad del exterior, distinguió una silueta masculina, empapada de pies a cabeza que vestía rigurosamente de negro.

La silueta se inclinó unos centímetros en una reverencia cordial -¿Me permite unos segundos de su tiempo, milady?-

Ella no reconocía la voz que le hablaba. Pero el sonido ronco y masculino de esta le causó una inquietud extraña.

El extraño se descubrió la cara para que ella lo reconociera. La atractiva fisonomía del doctor se dejó ver tras de que se quitara la capa empapada. Sin esperar consentimiento de la dama se metió en el coche sentándose frente a ella. Se desprendió los tres primeros botones del abrigo que chorreaba agua, tenía puestos los guantes y estos también parecían húmedos, luego observó a la joven mujer con aire sosegado y tranquilo.

-Quiero ofrecerle una disculpa por lo ocurrido en la fiesta de su cumpleaños, Lady Williams- manifestó con suavidad e hizo una leve inclinación de cabeza –Espero me dispense-

La lluvia se oía nítida y melodiosa, al azotar el delgado techo del carruaje.

- Su comportamiento ha sido una gran descortesía- la joven respondió –Es la primera vez que un hombre se porta grosero conmigo...-

- Lo siento-

- Normalmente suelo ser yo quien hace ese tipo de desaires- de sus apretados labios se dibujó una pequeña –muy pequeña- sonrisa cómplice.

Él guardó silencio unos segundos. Luego se miró los guantes –Los casos en el hospital me agotan hasta tal punto que a veces no soy dueño de mis acciones...-

- Es lo que mi padre alegó en su defensa, doctor-

- Oh, si. Lord Williams es un caballero muy firme en sus principios-

- Es lo que todos dicen sobre él-

El doctor volvió a observarla. Pese a la escasa claridad que se filtraba por los ventanales, su cabello bailaba en aquella penumbra. Y a pesar del velo oscuro, su color no pasaba inadvertido. Su nariz se adivinaba pequeña y sus labios suaves y turgentes al hablar.

Su perfume seguía igual de delicioso. Quizás algo más llamativo y tentador al concentrarse en aquel espacio reducido. Él lo respiraba lentamente, llenándose los pulmones de aquella embriagadora fragancia. Se sentía complacido y aliviado de estar frente a ella con tanta calma.

- ¿Hay algún modo en el que pueda reparar mi falta?-

La pregunta la hizo en un tono tan contrito, tan lastimero, que ella soltó una pequeña risita. Sus rasgos se suavizaron –Yo lo dispenso, doctor Ketchum-

- Insisto- reiteró- Déjeme reparar mi falla de algún modo, milady...-

Ella guardó silencio unos segundos. Luego sonrió –Muy bien- se despejó algunos mechones de cabello de la frente –Necesito flores de azahar-

- ¿Azahar?- repitió.

- Si- asintió. Vio que el doctor esperaba que ahondara en la explicación y añadió ruborizándose –Mi nana las echa en el agua de la tina cuando me baño...-

- Ah...- advirtió el carmesí en las mejillas y sonrió a pesar suyo. Se sentía tranquilo, pero algo inquieto –Son para perfumar su piel-

Aquello la sonrojó ferozmente. Asintió a pesar de que le parecía una acotación inapropiada. Él se dio cuenta. Se aclaró la garganta y se preparó a descender del carruaje.

- ¿Flores de azahar?- repitió- ¿Debo comprarlas en la feria?-

- Si-

Apenas ella pronunció la palabra, el doctor desapareció dejando la estela de su capa húmeda, y el sabor único y frío de la lluvia que seguía repiqueteando en el techo.

No habían pasado ni cinco minutos cuando la vieja portezuela volvió a abrirse y el joven tomó el lugar que anteriormente ocupaba frente a ella. No se veía más mojado que antes, pero en sus mejillas aparecían dos leves sombras de calor. Extendió un envoltorio marrón, con suma delicadeza hacia ella.

- Sus flores, milady-

- Pero- la muchacha rió mientras abría el paquete –No ha tardado nada, corre usted más rápido que el viento... oh- se detuvo cuando sus dedos tocaron pequeños pétalos y un perfume dulce pero a la vez extraño inundó todo el recinto.

- Son flores de naranjo- dijo él adivinando la pregunta que flotaba en los ojos azules –Flores cítricas... Y por alguna razón me recuerdan a usted-

- Son bonitas- tomó el pequeño capullo blanco y lo llevó a su mejilla.

- Creo que hablan mucho de usted, y... servirán para perfumar su baño-

- Gracias doctor- guardó el envoltorio con delicadeza, luego se quitó los guantes de encaje y le extendió su mano –Por favor llámame Misty-

El joven tomó la mano y de un rápido impulso la llevó a sus labios. Apoyó los labios de mármol sobre la tibia piel y añadió en un susurro ronco –Tú dime Ash-



Tierra Audaz

|
Capítulo 04.

Cuando regresó de la biblioteca las mujeres estaban preparando el almuerzo. De la puerta de la cocina salía un delicioso aroma a carne al horno que le recordó ruidosamente que no había probado bocado desde el desayuno.

Él tan acostumbrado a las conservas en lata, consideraba aquello un manjar digno de la realeza, y sabía que si todos los días seguía consumiendo comida casera, cuando ellas se fueran las extrañaría sobremanera… a su comida, claro.

- Le decía a Misty que rara vez te preparas un almuerzo tan hogareño- May comentó con esa sonrisita que lo sacaba de quicio, apenas hubo puesto un pie en la habitación.

Misty simplemente lo miró con una sonrisa culpable. El delantal de cocina le quedaba muy bien, aunque seguramente ella ya lo sabía.

- No tengo tiempo para cocinar- le respondió él desafiante, pero en seguida supo que aquello era lo que May esperaba que contestase.

- Claro que no, Ash. Si tú cocinas ¿Quién cuidará de la yegua, cierto?- siguió la morocha con su monologo mientras pelaba unas papas, también tenía un delantal de cocina, aunque más grande y vistoso-Pero un día de estos podrías preparar algo, solo para demostrarle a Misty que no eres tan… inútil-

- ¿Y porque habría de querer hacer eso?- le refutó antes de siquiera pensarlo. Misty mantuvo la vista pegada a las batatas que cortaba en rodajas finas, como si tuviera temor de equivocarse y cortarse un dedo. Intentó arreglarlo -Quiero decir que ella no… que no creo que se quede tanto tiempo como para hacer algo así…- finalizó tontamente.

- ¿Y cuándo vendrá Tracey?- May cambió de tema siempre sonriendo, al parecer satisfecha de que él siguiera incómodo.

A Misty también pareció importarle el tema porque lo miró expectante, olvidando la verdura que estaba a punto de rebanar.

- Bueno…- empezó intentando recordar lo que el nombrado le había manifestado por teléfono. Todo el tiempo Tracey había sonado emocionado y nervioso, pero cuando le dijo que Misty y la niña estaban en su casa, casi juró que escuchó un sollozo proveniente del otro lado de la línea; y entonces comenzó a hablar a borbotones, agradeciéndole el que las alojara en su casa, rogándole que las cuidara, en especial a la pequeña, y que tardaría unos tres días en regresar, pero que haría todo lo posible por hacerlo antes -Dijo que demorará un par de días, pero que vendrá lo más rápido que pueda. Al parecer debe dar unas conferencias y no puede desligarse de ellas…-

- Bien- May añadió alegremente -Eso significa que Myst se quedará aquí por tres días más, tiempo suficiente para que la lleves a dar una vuelta por el pueblo y alrededores, y para que una noche de estas te dediques especialmente a hacer la cena…-

- ¿Qué?- explotó Ash molesto y avergonzado.

- ¿No decías hace un rato que no habría tiempo suficiente para cocinar?. Vamos Ash, no seas tan cómodo, no pretenderás que Misty, tu invitada, y yo, una mujer embarazada, nos encarguemos siempre de la comida ¿verdad?-

- Yo de verdad no creo que…- empezó Misty, apenada.

- Muy bien, May- la cortó el joven con aire de mártir para evitar que esta siguiera incomodándolo -Mañana Alex y yo nos ocuparemos de la cena, mientras tanto ustedes dedíquense a hacer nada-

- Genial, querido- May sonrió angelicalmente, aunque al par restante le dieron escalofríos -También mañana puedes llevar a Misty a dar una vuelta por el pueblo, estoy segura de que debe estar ansiosa por ver los lugares que conoce…-

- La verdad no quiero ser de molestia- Misty comentó al ver que el ceño de Ash se fruncía ante las sugerencias de la morocha. Según su razonamiento, no se moría por pasar tiempo con ella como May se lo había asegurado.

- Tonterías, no eres de molestia Myst- May le dio una palmada en la mano y procedió a cortar las verduras que la pelirroja había dejado sin hacerlo. Lo miró -¿Cierto Ash?-

- ¿Quieres dar una vuelta por el pueblo?- le ladró el nombrado con cara de pocos amigos, haciendo que la pobre muchacha retrocediera tan pálida como un papel. Se tragó la vergüenza que insistía en incendiarle la cara y volvió a preguntar con suavidad, viendo que May lo observaba amenazante extendiendo el grueso cuchillo con una mueca peligrosa -Tengo cosas que comprar, tal vez te gustaría acompañarme…-

Misty sonrió de repente -Claro Ash- luego se pasó la mano por el cabello en forma distraída, él no dejó de observar la acción -¿Por qué estás tan molesto?- preguntó con suavidad.

May dejó escapar una risita, terminó de cortar las verduras y las dispuso todas en una bandeja previamente aceitada y luego la metió en el horno junto a la carne que se cocía ruidosamente -Es que hace mucho que no tiene una cita…-

Misty soltó otra risita, sus mejillas se colorearon pero no parecía estar avergonzada. Le sonrió dulcemente haciendo que el joven deseara que la tierra lo tragase. May estaba pasándola de lo lindo a costa de él. No le pareció justo.

- ¿Dónde está Alex?- preguntó Misty de pronto.

- Jugando con pikachu en la galería- respondió Ash sintiéndose un poco mas seguro del tema de conversación.

- Se ha pegado mucho a él-

- Y viceversa. Supongo que hace mucho que no tenemos una compañía tan encantadora. A él le gustan los niños…-

- Y a Alex los pokémons- sonrió silenciosamente agradeciendo el cumplido- Aquí hay mucho lugar para estar con ellos, eso la entusiasma mucho…-

- ¿Quieres decir que en el gimnasio no…?-

- No es lo mismo, allí está encerrada entre cuatro paredes. Aquí tiene kilómetros y kilómetros de libertad-

May abrió un mueble y sacó un mantel, platos, vasos y cubiertos que colocó en la mesada. Aprovechó la pausa en la charla de ambos y dijo con firmeza -Ocúpense de poner la mesa mientras yo me encargo del horno. Hay demasiada gente en esta cocina tan pequeña y eso altera mis nervios-

- Yo puedo ocuparme de la carne mientras tú descansas- Misty se dio la vuelta preocupada -Descansa May, ya has hecho mucho por hoy- le sugirió tocándole el hombro a su amiga, notando que fruncía el ceño ligeramente.

- ¿Qué?. Claro que no. Ash y tú pongan la mesa- ordenó sin inmutarse.

El joven la fulminó con la mirada antes de tomar los objetos y desaparecer seguido por la pelirroja, rumbo al comedor.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

- ¿Qué dijo Tracey?- Misty le preguntó mientras cubría la hermosa mesa de madera con el mantel blanco.

Él dispuso los platos con una precisión casi militar, la miró de soslayo pero ella estaba concentrada en esparcir los cubiertos -Se sorprendió al saber que estaban aquí, luego se emocionó mucho. Sobretodo cuando le dije que tú insististe en localizarlo…-

- Lo supuse, pobre Tracey- Misty sonrió con tristeza. Dobló las servilletas con cuidado. Hasta en los más mínimos detalles era así de prolija- Él sabe que yo no le guardo rencor pese a lo ocurrido-

Ash la miró arqueando una ceja. Sacudió la cabeza desechando cualquier pensamiento que desmereciera a su amigo, pero lo cierto era que después de lo que le había hecho a Misty -por supuesto, especulando- no tenía ni siquiera derecho de verlas; ni a ella ni a la pequeña.

Ese descubrimiento: el que ella lo quisiera tan incondicionalmente como para perdonarle el abandono, hacía que la sensación de sentirse traicionado se hiciera más y más grande sobre su pecho.

- ¿Alex lo conoce?- preguntó.

Misty meneó la cabeza con suavidad -Lo vio hace tanto tiempo, cuando aún era un bebé. Ni siquiera lo recuerda-

- Eso es duro- dijo con suavidad. En realidad no sabía que decir, y tenía una lucha interna con sus sentimientos.

Ella alzó la cabeza al oírlo, se acercó a él y le apretó la mano -Siempre me sentiré en deuda contigo por lo que estás haciendo, Ash. Gracias, aunque para ti no debe significar la gran cosa-

Él observó los pálidos dedos junto a su piel morena ¿Por qué escogía ser tan dulce en un momento como aquel en el que se debatía entre odiarlo, odiarlos a ambos por lo que le habían hecho?. Ella también lo había traicionado…

- No tienes que agradecer- le respondió con voz ronca.

Misty volvió a sonreírle cerrando los ojos, los labios suaves, y cercana. Muy cercana.

- Lamento el tiempo de distanciamiento, Ash… me hubiera gustado estar a tu lado cuando…- sus dedos hicieron presión en la mano de él, e inmediatamente supo a lo que se refería -Lo lamento de veras… pero por favor no me odies, yo también pasé malos momentos…-

- Yo…- se sentía prisionero de ella, de esos dedos frágiles que le quemaban la piel como una brasa -Misty no tienes que…-

- Si, si tengo- asintió acompañando las palabras, sus ojos verdes inmersos en los de él -¿Podemos empezar de nuevo…?-

¿Cómo decirle que no a ese gesto de súplica?. Ni siquiera pudo pensar en negarse, estaba completamente vencido antes que ella empezara a hablar. Asintió mansamente rogando por dentro que lo soltara.

Misty le dedicó otra de esas sonrisas cálidas y lo dejó ir, volviendo otra vez a la cocina en busca de lo que faltaba.

Ash suspiró y se tocó la frente. No recordaba haberse sentido tan abochornado en situaciones pasadas. Observó la mesa; lucía elegante y familiar. No supo en qué, o porqué, pero los detalles femeninos resaltaban como si tuvieran luz propia. Tal vez fuera por la forma en la que ella había doblado las servilletas, blancas e inmaculadas como el mantel, o la manera en la que había dispuesto los cubiertos… En general, todo el conjunto exhalaba un aire hogareño.

- May dice que la carne ya casi está- Misty volvió con un plato lleno de rodajas de pan que colocó en el centro -Es genial…-

- ¿Qué? -le preguntó sin entender -¿El almuerzo?-

- No- ella rió brevemente -May es genial. Debe serte de mucha ayuda ¿no?- no lo miró al hacer la pregunta, se concentró en alisar una arruga inexistente del mantel.

Ash se encogió de hombros -Es una entrometida y una mandona- observó el techo -Siempre quiere que se haga lo que ella desea…-

- Bueno, está embarazada- Misty le recordó cortante ¿Qué acaso no sabía que las mujeres embarazadas son sensibles, y producen más hormonas de lo normal? -Tienes que cumplir sus antojos sin quejarte-

- ¡Ja!. Deberías pasar una temporada con ella y haber si luego me dices lo mismo- rió entre dientes, pero al notar que el rostro de la joven se veía serio y melancólico añadió -Además, no soy yo quien debe cumplir sus antojos-

- ¿Huh?-

- Bueno, aquí esta la carne adobada- May entró alegremente portando sin dificultad una larga bandeja de la cual se desprendía el delicioso aroma -Es la especialidad de Misty- pasó entre ellos y colocó el recipiente en la mesa. Observó la cara pálida de la pelirroja y ladeó la cabeza -¿Myst?-

Esta asintió sonriendo, meneando la cabeza para indicarle que no ocurría nada -Iré a buscar a Alex- giró sobre sus talones dirigiéndose a la puerta de calle.

May se volvió amenazante al joven, le frunció el ceño -¿Qué le hiciste?-

- ¡Nada!- se defendió Ash y procedió a sentarse ignorándola por completo. Por otro lado, una vocecita le decía internamente que nunca jamás llegaría a entender a una mujer. Y de todas las espécimen que poblaban la faz de la Tierra, esa pelirroja especialmente, era la más difícil de comprender.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

- Tienes que pasarme esta receta- May decía con la boca llena. Rebosante y muy satisfecha.

- No deberías comer tanto. Al bebé puede caerle mal- Misty la miró con preocupación. Masticaba despacio y sus modales eran tan elegantes como refinados. Ash no paraba de compararlas.

- El doctor dijo que…-

- El doctor dijo que debes cuidarte ¿lo recuerdas?- Ash la interrumpió- Yo estuve ahí, dijo que debías alimentarte bien, no que comieras como si no tuvieras un mañana-

Alex encontró el comentario gracioso, soltó una pequeña carcajada y le extendió su vaso vacío al joven indicándole que le sirviera jugo.

- Está completamente pegada a ti- May comentó observando con tristeza la mitad de la jugosa carne que ocupaba su plato -Desde que tengo memoria que te han atraído los niños…- cortó un trozo con precaución y al no escuchar reprimendas se lo metió en la boca, masticándolo con deleite -No alcanzo a comprender como puede ser que no tengas ninguno propio…-

- May, creo que no es un tema conveniente para hablarlo en la mesa- Ash la cortó. No estaba de humor.

Misty los miró con una ceja arqueada ¿Cómo May decía algo así?. Ash parecía molesto, durante todo el almuerzo había estado a la defensiva. Ciertamente ese momento breve de amistad que habían compartido antes se había esfumado por completo convirtiéndose en una realidad cruda donde la hostilidad reinaba en primer plano.

- ¿Me pasarás la receta?- May volvió a la carga al nota que la conversación decaía -Debes enseñarme a prepararlo, a Drew le encantará-

- ¿Drew?- Misty se volvió a ella con interrogación.

- Si, ¿recuerdas el muchacho ese con el que siempre discutía?-

- Sabe a quien te refieres- intervino Ash. Misty asintió- Era tan obvio…-

- Es cierto ¿no te recuerda a nadie?- May le lanzó con una muequita maliciosa, se giró a Misty -Bueno, Drew y yo… tú sabes…- la morena se tocó el abultado vientre con las manos y sonrió algo avergonzada -Asumo que omití el detalle de quien era el padre de mi hijo ¿cierto?-

Misty se sonrojó toda; desde el cuello hasta las orejas -¿Drew y tú?-

- ¡Si!- May sonrió con obvia felicidad -Hace casi un año. Él y yo deseábamos tener una familia, y pues…-

- Me alegro mucho por ti, May-

- Gracias Myst- aprovechó que Ash volvía a servirle jugo a la pequeña Alex y adelantó su vaso vacío para que hiciera lo mismo. Él le frunció el ceño -¿Y tú has estado viendo alguien después de todo?-

Misty titubeó -Yo…-

- ¡May!- Ash la regañó dejando con tanta fuerza la jarra sobre la mesa que el liquido se sacudió de arriba abajo - ¿Qué no te han enseñado que no debes meterte en lo que no te concierne?-

- Bueno- se defendió la muchacha sonriendo desvergonzada -Era una simple pregunta…-

Ash empujó el plato vacío a un lado y se levantó -Gracias por el almuerzo estuvo delicioso. Si me disculpan, tengo cosas que hacer- habló rápido y salió de igual manera sin darle tiempo a alguna de las muchachas para que contestara. Coronó su salida dando un tremendo portazo.

Misty se encogió débilmente soltando un suspiro.

- Tranquila- May le apretó la mano. Ella sonría con dulzura -No es contigo con quien está molesto…-

- ¿Estas segura?-

May soltó una carcajada y meneó la cabeza - Completamente. Solo está… molesto consigo mismo. Se ha dado cuenta de que ha llegado el momento en el que tiene elegir si quiere continuar con esta realidad, o comenzar una nueva vida, lejos de todo esto…-

- ¿Y porque tiene que cambiar?. ¿Quién lo obliga a hacer eso?-

May la miró con la misma sonrisa, tardó varios segundos en responder - Nadie lo obliga, Myst. Es una decisión que él solo tiene que tomar; y está muy asustado-

- A todos nos asustan los cambios- Misty agregó suavemente.

- Quizás debas ir y decírselo. Tus palabras y tu presencia le darán el envión que requiere- May cerró los ojos y se tocó el vientre, seguramente el bebé estaba moviéndose -Ash te necesita, no puede hacer esto solo…-

Misty se mordió el labio y soltó una risita nerviosa -May; deja de llenar mi cabeza con fantasías ridículas-

- No creo que ese sea el problema- May la miró -Las fantasías estuvieron siempre allí, yo solo las ayudé a despertarse…-

Misty se sonrojó. Decidió que por el momento había habido demasiada charla, por lo que se puso de pie para recoger la mesa. Alex aún seguía sentada en su lugar, durante todo ese tiempo la había ignorado completamente. Estaba seria y la contemplaba con el entrecejo fruncido.

- Mamá Misty- la llamó con su vocecita infantil.

- ¿Si cariño?-

- ¿Es malo lo que May ha dicho?-

- ¿Porqué?- Misty se inclinó ante su sobrina tocándole el cabello ensortijado con obvio cariño.

- Porque te has puesto triste y tú no eres así. Te ves tan triste como mamá Daisy…-

Los ojos de Misty brillaron por un par de segundos, sin embargo sonrió esforzándose por ocultar todo signo de vulnerabilidad. Alzó a la pequeña y le dio un sonoro beso en la mejilla -No estoy triste, cariño. May y yo hablábamos temas de adultos y tú no lo entenderías-

- Pero hablaban del señor Ash, y él siempre parece estar triste y… enojado…-

May soltó una risita ante eso -Es que él no tiene novia, y los chicos que no tienen novia están siempre enojados y de pésimo humor-

- Mamá Misty tampoco tiene novio-

- ¡Alex!-Misty se sonrojó.

May volvió a curvar los labios, se dirigió a Alex -Entonces quizás podríamos hacer algo para ligarlos-

- ¿Mamá Misty y Ash?- preguntó la niña abriendo mucho los ojos.

- ¡May!- Misty frenó a la morocha con un falso gesto amenazante.

La nombrada la ignoró rotundamente -¿Qué te parece Alex?-

La niña miró a la joven pelirroja con detenimiento, luego sus sonrosados labios se elevaron en una sonrisa de consentimiento -Me gusta-

- Genial- May asintió con otra sonrisa, le guiñó el ojo a la ruborizada muchacha y añadió como si no pudiera decir otra cosa: - Tienes una sobrina muy inteligente-

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

- No puedo creer lo que haces - Misty guardaba los platos del almuerzo con aprensión -Involucrar a la niña en todo esto…-

May la observaba divertida, apoyada en el borde de la mesada -Haces tanto escándalo por nada-

- ¿Escándalo por nada?. Ash me detesta y tú sigues empeñada en lograr que de alguna manera él y yo… él y yo… bueno, me entiendes perfectamente-

- Misty; creo que estás un poco paranoica. Para empezar; Ash no te detesta; segundo no estoy haciendo nada que no desees internamente, y tercero debes dejar que todo fluya normalmente-

La nombrada la miró con el entrecejo fruncido, lentamente soltó un suspiro en tanto sus mejillas se encendían notablemente. May sonrió con obvia intención pero no agregó nada más, lentamente volvió sobre sus pasos y se alejó por el corredor que conducía hacia las habitaciones.

Misty terminó de ordenar los vasos y los cubiertos y espió el exterior a través de la ventana; Ash estaba apoyado en el cerco de la yegua con la pequeña Alex a su lado, tenía la cabeza inclinada a un costado en señal de que estaba escuchando lo que la niña le decía. Se veía renovado y tranquilo y parecía encajar perfectamente en aquel cuadro del agreste Pallet Town. Sea cual fuere lo que había ocasionado ese cambio, no quería echarlo a perder con su presencia. Y estaba muy segura que el mal humor de Ash recomenzaría si la veía revoloteando a su alrededor.

Soltó otro suspiro y se persignó al encierro obligatorio que ella misma se había impuesto.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----


- ¿Cuándo podrás soltarla para que la monte?- Alex preguntaba con su vocecita infantil al alto adulto que la precedía, el cual contemplaba en tranquilo silencio las verdes praderas que se extendían más allá de la vista.

- Aún no está preparada para ello, cariño. Es mala, huraña y debe acostumbrarse a la presencia de la gente para que vuelva a ser feliz…-

Sus propias palabras lo sobresaltaron, por un momento le pareció que estaba hablando de si mismo, como si él tuviera que acostumbrarse a la presencia de la gente que conocía para volver a vivir… exactamente igual que aquella potranca que era su vida misma.

- ¿Y una vez que se acostumbre podrás soltarla y yo podré montarla las veces que quiera?- Alex siguió con su monologo apoyada confiadamente en las maderas de la cerca.

Ash la miró y esbozó una pequeña sonrisa -Claro cariño-

- Mamá Misty también podrá montarla ¿cierto?. Ella y yo podemos venir a visitarte en las próximas vacaciones…-

Intentó mantener la sonrisa ante esa perspectiva. Por un lado moría de ganas de que se fueran y su casa volviera a ser como era; tranquila y solitaria, pero por el otro sabía que extrañaría esa comida casera, las charlas familiares a la hora de la cena, y el sentir el perfume a champú femenino flotando por las habitaciones.

- Claro que pueden venir, Alex-

- A Sirena le encantará que mamá Misty esté aquí para cantarle-

- ¿Sirena?- Ash se volvió para mirar a la pequeña.

Alex señaló a la ponyta con su dedo regordete -Es el nombre que mamá Misty le dio ¿recuerdas?-

Él asintió a regañadientes. Había olvidado que gracias a May su querida yegua tenía un nombre ridículo y cursi. Aunque muy en el fondo el nombre no le disgustaba en lo absoluto. No señor.

- Creo que pertenece a ella antes que a mí…- sonrió con tristeza y añadió notando que la niña no le había entendido -Creo que 'Sirena' ha reconocido finalmente quien es su dueño, y ese no soy yo-

Los ojos verdes la niña se abrieron de asombro -¿Le vas a obsequiar Sirena a mamá Misty?-

Ash no contesto, sus ojos se centraron en el caprichoso animal que para ese entonces se encontraba en la cerca opuesta a la de ellos. Siguió observándola hasta que los ojos le comenzaron a arder, entonces sintió un pequeño tirón a su mano derecha.

- Ash; a ti te gusta mi mamá Misty ¿cierto?- Alex le preguntó a quemarropa apretando su mano.

Él se atragantó con algo inexistente, sus mejillas se encendieron como dos ají tomates y contempló mudo a la niña que esperaba con gran seriedad su respuesta.

- Yo…- intentó articular. Se trabó y volvió a sonrojarse como un adolescente.

- Ya… Lo sabía…- Alex asintió con una gravedad demasiado mayor para su edad -Ella es muy bonita, y es muy buena…- él seguía sonrojándose -Y haría bonita pareja contigo-

- Alex…- Ash intentó interrumpirla -No creo que…-

- ¿Por qué no solo lo intentas, Ash?- la niña volvió a mirarlo con esa gravedad adulta y madura. Sus ojos en ese momento eran tan similares a los de Misty que le pareció que ella misma estaba hablándole -Inténtalo-

El joven se quedó mudo viéndose en esos dos espejos verde aguamarina, inconscientemente asintió como si toda la vida hubiera estado esperando esa orden.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

Misty acabó de ducharse y salió del cuarto de baño secándose el cabello. De la habitación principal escuchó el sonido bajo y familiar del televisor. Caminó hasta allí con cuidado y asomó la cabeza por la rendija de la puerta; May estaba durmiendo dándole la espalda, a su lado se hallaba Alex viendo la pantalla con los ojos bien abiertos.

- ¿Mamá Misty?- preguntó la niña en cuanto la vio.

- Todo bien cariño ¿Qué haces ahí?-

- Tía May me pidió que la acompañara mientras dormía la siesta, estaba viendo caricaturas conmigo. Dijo que estaba cansada…-

Eso hizo que Misty entrara a la habitación preocupada, se quitó la toalla dejando caer su cabello en desorden. Se acercó a la cama.

- Estoy bien, Misty- se oyó la voz adormilada de la morena quien habló sin abrir los ojos- Solo necesito dormir una siesta…-

- Claro- la aludida respondió palmeándole con suavidad el hombro. Se giró a la niña -Alex apaga el televisor y ven conmigo-

- Pero quiero quedarme aquí…-

May finalmente abrió los ojos -Déjala Myst. Yo le pedí que me hiciera compañía… además el sonido del televisor me relaja bastante-

- Bueno, si es así- Misty murmuró sintiéndose un poco fuera de lugar. May volvió a acomodarse dándole la espalda y Alex sentándose más plácidamente en el somier -Iré a ver que puedo hacer hasta la hora de la cena…-

Pero ninguna de las dos dijo algo, así que se limitó a salir del dormitorio con la sensación de que la habían desterrado de un lugar importante y privilegiado. Se acomodó el cabello con los dedos antes de que se le formaran las odiosas ondas que eran tan imposibles de peinar. Siguió hasta su habitación y abrió la puerta con cuidado. El pequeño roedor amarillo la recibió apenas la vio. Estaba sentado en la cama y sus ojos castaños se encendieron notablemente al advertir su presencia.

- Pikachupi- balbuceó en su idioma extendiendo los bracitos.

Ella se acercó y le tocó la cabeza en tanto se acomodaba en la cama para luego sentarlo en su regazo - ¿Qué ocurre pikachu?-

El roedor bajó las orejas en un gesto melancólico -Pikapi…-

Misty entendió, pero no supo que responder. Para ella era un completo misterio el comportamiento del joven, y se dio cuenta que también lo era para ese pequeño amigo que lo había acompañado desde la infancia. Reavivó la caricia en la cabeza del pokémon y murmuró con confianza -No te preocupes pequeño, en cuanto esto se solucione y nos marchemos de aquí, Ash volverá a ser el mismo de siempre-

Pero el roedor no tomó con agrado la noticia, achicó los ojos, y de un salto se bajó del regazo de la muchacha parloteando una larga sarta de 'pikas' y 'chus' en variada intensidad y tono. Molesto, se encaminó a la puerta y le dedicó una última mirada de disgusto que rápidamente se transformó en un gesto triste y opaco, para luego desaparecer sonoramente por el pasillo

Misty se miró las manos con aprensión. Entendía al pequeño pokémon y a sus esperanzas, las cuales eran similares a las que ella tenía, pero…

Se puso de pie con decisión y se miró en el espejo diminuto que colgaba de la pared. Se pasó el cepillo por el cabello varias veces hasta que le quedó medianamente lacio y dócil. Se puso un jean azul oscuro y una entallada blusa escocesa en tonos de azul y rojo que le había pertenecido a Daisy. Se calzó las zapatillas y dándose coraje salió al pasillo.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

El sol estaba ocultándose cuando la joven finalmente salió. El paisaje exterior tenía un precioso matiz dorado-anaranjado gracias a la variación de la luz solar. Las praderas resplandecían, y la tierra bajo sus pies tenía el color del cobre y la canela. La brisa era agradable, y el momento tan propicio, tan gustoso que ella inmediatamente se puso de buen humor.

Caminó los pasos que la separaban del joven que parado en medio de la pradera dorada observaba impasible a la lejanía. Ash tenía un aspecto tan relajado, se veía tan familiar en aquel paraje de esmeralda y oro que Misty supo que nunca podría arrancarlo de aquel campo sin sentirse culpable.

Él había sentido sus pasos, pero esperó tranquilo y complaciente hasta que la muchacha se detuvo a su lado.

- Este es mi momento favorito del día- le confió en un susurro sin voltear a verla.

- ¿Por qué?- ella preguntó imitando su tono suave. Ligeramente feliz de que él no se hubiera marchado al notar su presencia.

- En unos minutos te lo demostraré- la miró de soslayo y le sonrió con gratitud.

Misty notó el cambio en su rostro; en el calor amistoso de sus ojos marrones y en la sonrisa sincera de la boca masculina, y se preguntó quien habría sido capaz de obrar tal milagro.

- ¿Dónde están May y Alex?- preguntó con preocupación.

- May esta tomando una siesta y le pidió a Alex que la acompañara- contestó Misty aspirando el aroma de la hierba a su alrededor: orégano, albahaca, romero, laurel… ¿pimienta?

- Sabía que tanta actividad acabaría agotándola, a veces es tan obstinada…- Ash miró el cielo por un momento encogiéndose de hombros, luego se giró a ella haciéndole un gesto -Ven-

Rompió a caminar para su asombro tomando una curva. Misty lo siguió sin perder tiempo, preguntándose a donde la llevaría puesto que estaban rodeando la casa y la cerca, y se dirigían por un camino largo y serpenteante hecho a pie que se encontraba muy escondido a la izquierda.

Siguieron por esa huella por largos minutos, parecían adentrarse en los inicios del bosque y la casa se reducía notablemente a sus espaldas. La vegetación se multiplicaba al igual que la melodía misteriosa que se escapaba de los árboles que la pasaban en altura. Misty miró a los lados con aprensión recordando que su temor infantil hacia los insectos seguía latiendo completamente ileso, y si Ash lo recordaría.

- Ya estamos cerca- dijo él y dio un giro cerrado hacia la derecha metiéndose aún más en el bosque.

Ella no contestó, se limitó a seguirlo rogando silenciosamente que aquello no se tratara de una broma cruel. El cielo anaranjado para ese entonces, apenas se vislumbraba, pero los débiles rayos dorados se filtraban a través de las hojas. Aquello le gustaba, sonrió para tranquilizarse.

- Aquí- oyó que Ash decía y le ofreció la mano para caminar hacia arriba por lo que parecía ser una colina pequeña. Misty la tomó y ascendió con él quedándose inmediatamente sin aliento.

El cielo entero se desplegó ante sus sorprendidos ojos; estaban en un inmenso claro que actuaba a modo de mirador. Parte del pueblo rural y sus verdes colinas se veían desde allí bañados con la mágica luz del atardecer.

- La vista desde aquí es bellísima- comentó ella en un intento de decir algo que ilustrara la admiración que sentía.

- Por eso es mi hora favorita del día -le respondió Ash y sonrió elevando los brazos con una carcajada despreocupada -Se puede ver casi todo desde aquí… las casas del pueblo, la feria, el río, el laboratorio del profesor… las colinas…- le explicaba mientras se los señalaba, ella a su lado seguía cada gesto. Su mano rozó su mejilla al añadir -Mi casa…-

El débil punto blanco de allá abajo, rodeado de canela y esmeralda. Parecía imposible que hubieran caminado tanto, que estuvieran a esa altura, y que la casa fuera tan pequeñita ante sus ojos…

Y la mano de él le había rozado la mejilla sin querer…

La luz en el cielo seguía apagándose, el canto de los árboles se oía en la brisa que los envolvía. Estaban cerca, pero a la vez separados. La mano de Ash volvió a rozarle la mejilla, pero esta vez con toda intención; y le tocó el cabello que se envolvió cual seda a sus dedos.

Misty no dijo nada, sabía que era un momento que no volvería a repetirse. Él también lo sabía. Su mano la tomó de la nuca, y con una violencia propia de su forma de ser atrajo su rostro hasta atrapar los labios femeninos en un beso desesperado y hambriento.

Misty ahogó un suspiro y colocó una mano en su pecho para apaciguarlo, pero esta trepó rápidamente a su cuello y se enlazó junto a la otra que ya estaba allí, renuente a separarse de él. Su cuerpo se fundió junto al suyo, al igual que sus labios que iniciaron una danza lenta y muy necesaria.

-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----

Nota:

Gracias a todos por los saludos de cumpleaños! Son muy buenas, chicas. A Blue grax por su obsequio -como siempre sublime amiga! tienes un verdadero genio entre manos ^^- y a Liz esperaré ansiosa el suyo, ^^


Las adoro!

Solo dos chaps mas y este fic termina!