Capítulo 04.
Cuando regresó de la biblioteca las mujeres estaban preparando el almuerzo. De la puerta de la cocina salía un delicioso aroma a carne al horno que le recordó ruidosamente que no había probado bocado desde el desayuno.
Él tan acostumbrado a las conservas en lata, consideraba aquello un manjar digno de la realeza, y sabía que si todos los días seguía consumiendo comida casera, cuando ellas se fueran las extrañaría sobremanera… a su comida, claro.
- Le decía a Misty que rara vez te preparas un almuerzo tan hogareño- May comentó con esa sonrisita que lo sacaba de quicio, apenas hubo puesto un pie en la habitación.
Misty simplemente lo miró con una sonrisa culpable. El delantal de cocina le quedaba muy bien, aunque seguramente ella ya lo sabía.
- No tengo tiempo para cocinar- le respondió él desafiante, pero en seguida supo que aquello era lo que May esperaba que contestase.
- Claro que no, Ash. Si tú cocinas ¿Quién cuidará de la yegua, cierto?- siguió la morocha con su monologo mientras pelaba unas papas, también tenía un delantal de cocina, aunque más grande y vistoso-Pero un día de estos podrías preparar algo, solo para demostrarle a Misty que no eres tan… inútil-
- ¿Y porque habría de querer hacer eso?- le refutó antes de siquiera pensarlo. Misty mantuvo la vista pegada a las batatas que cortaba en rodajas finas, como si tuviera temor de equivocarse y cortarse un dedo. Intentó arreglarlo -Quiero decir que ella no… que no creo que se quede tanto tiempo como para hacer algo así…- finalizó tontamente.
- ¿Y cuándo vendrá Tracey?- May cambió de tema siempre sonriendo, al parecer satisfecha de que él siguiera incómodo.
A Misty también pareció importarle el tema porque lo miró expectante, olvidando la verdura que estaba a punto de rebanar.
- Bueno…- empezó intentando recordar lo que el nombrado le había manifestado por teléfono. Todo el tiempo Tracey había sonado emocionado y nervioso, pero cuando le dijo que Misty y la niña estaban en su casa, casi juró que escuchó un sollozo proveniente del otro lado de la línea; y entonces comenzó a hablar a borbotones, agradeciéndole el que las alojara en su casa, rogándole que las cuidara, en especial a la pequeña, y que tardaría unos tres días en regresar, pero que haría todo lo posible por hacerlo antes -Dijo que demorará un par de días, pero que vendrá lo más rápido que pueda. Al parecer debe dar unas conferencias y no puede desligarse de ellas…-
- Bien- May añadió alegremente -Eso significa que Myst se quedará aquí por tres días más, tiempo suficiente para que la lleves a dar una vuelta por el pueblo y alrededores, y para que una noche de estas te dediques especialmente a hacer la cena…-
- ¿Qué?- explotó Ash molesto y avergonzado.
- ¿No decías hace un rato que no habría tiempo suficiente para cocinar?. Vamos Ash, no seas tan cómodo, no pretenderás que Misty, tu invitada, y yo, una mujer embarazada, nos encarguemos siempre de la comida ¿verdad?-
- Yo de verdad no creo que…- empezó Misty, apenada.
- Muy bien, May- la cortó el joven con aire de mártir para evitar que esta siguiera incomodándolo -Mañana Alex y yo nos ocuparemos de la cena, mientras tanto ustedes dedíquense a hacer nada-
- Genial, querido- May sonrió angelicalmente, aunque al par restante le dieron escalofríos -También mañana puedes llevar a Misty a dar una vuelta por el pueblo, estoy segura de que debe estar ansiosa por ver los lugares que conoce…-
- La verdad no quiero ser de molestia- Misty comentó al ver que el ceño de Ash se fruncía ante las sugerencias de la morocha. Según su razonamiento, no se moría por pasar tiempo con ella como May se lo había asegurado.
- Tonterías, no eres de molestia Myst- May le dio una palmada en la mano y procedió a cortar las verduras que la pelirroja había dejado sin hacerlo. Lo miró -¿Cierto Ash?-
- ¿Quieres dar una vuelta por el pueblo?- le ladró el nombrado con cara de pocos amigos, haciendo que la pobre muchacha retrocediera tan pálida como un papel. Se tragó la vergüenza que insistía en incendiarle la cara y volvió a preguntar con suavidad, viendo que May lo observaba amenazante extendiendo el grueso cuchillo con una mueca peligrosa -Tengo cosas que comprar, tal vez te gustaría acompañarme…-
Misty sonrió de repente -Claro Ash- luego se pasó la mano por el cabello en forma distraída, él no dejó de observar la acción -¿Por qué estás tan molesto?- preguntó con suavidad.
May dejó escapar una risita, terminó de cortar las verduras y las dispuso todas en una bandeja previamente aceitada y luego la metió en el horno junto a la carne que se cocía ruidosamente -Es que hace mucho que no tiene una cita…-
Misty soltó otra risita, sus mejillas se colorearon pero no parecía estar avergonzada. Le sonrió dulcemente haciendo que el joven deseara que la tierra lo tragase. May estaba pasándola de lo lindo a costa de él. No le pareció justo.
- ¿Dónde está Alex?- preguntó Misty de pronto.
- Jugando con pikachu en la galería- respondió Ash sintiéndose un poco mas seguro del tema de conversación.
- Se ha pegado mucho a él-
- Y viceversa. Supongo que hace mucho que no tenemos una compañía tan encantadora. A él le gustan los niños…-
- Y a Alex los pokémons- sonrió silenciosamente agradeciendo el cumplido- Aquí hay mucho lugar para estar con ellos, eso la entusiasma mucho…-
- ¿Quieres decir que en el gimnasio no…?-
- No es lo mismo, allí está encerrada entre cuatro paredes. Aquí tiene kilómetros y kilómetros de libertad-
May abrió un mueble y sacó un mantel, platos, vasos y cubiertos que colocó en la mesada. Aprovechó la pausa en la charla de ambos y dijo con firmeza -Ocúpense de poner la mesa mientras yo me encargo del horno. Hay demasiada gente en esta cocina tan pequeña y eso altera mis nervios-
- Yo puedo ocuparme de la carne mientras tú descansas- Misty se dio la vuelta preocupada -Descansa May, ya has hecho mucho por hoy- le sugirió tocándole el hombro a su amiga, notando que fruncía el ceño ligeramente.
- ¿Qué?. Claro que no. Ash y tú pongan la mesa- ordenó sin inmutarse.
El joven la fulminó con la mirada antes de tomar los objetos y desaparecer seguido por la pelirroja, rumbo al comedor.
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- ¿Qué dijo Tracey?- Misty le preguntó mientras cubría la hermosa mesa de madera con el mantel blanco.
Él dispuso los platos con una precisión casi militar, la miró de soslayo pero ella estaba concentrada en esparcir los cubiertos -Se sorprendió al saber que estaban aquí, luego se emocionó mucho. Sobretodo cuando le dije que tú insististe en localizarlo…-
- Lo supuse, pobre Tracey- Misty sonrió con tristeza. Dobló las servilletas con cuidado. Hasta en los más mínimos detalles era así de prolija- Él sabe que yo no le guardo rencor pese a lo ocurrido-
Ash la miró arqueando una ceja. Sacudió la cabeza desechando cualquier pensamiento que desmereciera a su amigo, pero lo cierto era que después de lo que le había hecho a Misty -por supuesto, especulando- no tenía ni siquiera derecho de verlas; ni a ella ni a la pequeña.
Ese descubrimiento: el que ella lo quisiera tan incondicionalmente como para perdonarle el abandono, hacía que la sensación de sentirse traicionado se hiciera más y más grande sobre su pecho.
- ¿Alex lo conoce?- preguntó.
Misty meneó la cabeza con suavidad -Lo vio hace tanto tiempo, cuando aún era un bebé. Ni siquiera lo recuerda-
- Eso es duro- dijo con suavidad. En realidad no sabía que decir, y tenía una lucha interna con sus sentimientos.
Ella alzó la cabeza al oírlo, se acercó a él y le apretó la mano -Siempre me sentiré en deuda contigo por lo que estás haciendo, Ash. Gracias, aunque para ti no debe significar la gran cosa-
Él observó los pálidos dedos junto a su piel morena ¿Por qué escogía ser tan dulce en un momento como aquel en el que se debatía entre odiarlo, odiarlos a ambos por lo que le habían hecho?. Ella también lo había traicionado…
- No tienes que agradecer- le respondió con voz ronca.
Misty volvió a sonreírle cerrando los ojos, los labios suaves, y cercana. Muy cercana.
- Lamento el tiempo de distanciamiento, Ash… me hubiera gustado estar a tu lado cuando…- sus dedos hicieron presión en la mano de él, e inmediatamente supo a lo que se refería -Lo lamento de veras… pero por favor no me odies, yo también pasé malos momentos…-
- Yo…- se sentía prisionero de ella, de esos dedos frágiles que le quemaban la piel como una brasa -Misty no tienes que…-
- Si, si tengo- asintió acompañando las palabras, sus ojos verdes inmersos en los de él -¿Podemos empezar de nuevo…?-
¿Cómo decirle que no a ese gesto de súplica?. Ni siquiera pudo pensar en negarse, estaba completamente vencido antes que ella empezara a hablar. Asintió mansamente rogando por dentro que lo soltara.
Misty le dedicó otra de esas sonrisas cálidas y lo dejó ir, volviendo otra vez a la cocina en busca de lo que faltaba.
Ash suspiró y se tocó la frente. No recordaba haberse sentido tan abochornado en situaciones pasadas. Observó la mesa; lucía elegante y familiar. No supo en qué, o porqué, pero los detalles femeninos resaltaban como si tuvieran luz propia. Tal vez fuera por la forma en la que ella había doblado las servilletas, blancas e inmaculadas como el mantel, o la manera en la que había dispuesto los cubiertos… En general, todo el conjunto exhalaba un aire hogareño.
- May dice que la carne ya casi está- Misty volvió con un plato lleno de rodajas de pan que colocó en el centro -Es genial…-
- ¿Qué? -le preguntó sin entender -¿El almuerzo?-
- No- ella rió brevemente -May es genial. Debe serte de mucha ayuda ¿no?- no lo miró al hacer la pregunta, se concentró en alisar una arruga inexistente del mantel.
Ash se encogió de hombros -Es una entrometida y una mandona- observó el techo -Siempre quiere que se haga lo que ella desea…-
- Bueno, está embarazada- Misty le recordó cortante ¿Qué acaso no sabía que las mujeres embarazadas son sensibles, y producen más hormonas de lo normal? -Tienes que cumplir sus antojos sin quejarte-
- ¡Ja!. Deberías pasar una temporada con ella y haber si luego me dices lo mismo- rió entre dientes, pero al notar que el rostro de la joven se veía serio y melancólico añadió -Además, no soy yo quien debe cumplir sus antojos-
- ¿Huh?-
- Bueno, aquí esta la carne adobada- May entró alegremente portando sin dificultad una larga bandeja de la cual se desprendía el delicioso aroma -Es la especialidad de Misty- pasó entre ellos y colocó el recipiente en la mesa. Observó la cara pálida de la pelirroja y ladeó la cabeza -¿Myst?-
Esta asintió sonriendo, meneando la cabeza para indicarle que no ocurría nada -Iré a buscar a Alex- giró sobre sus talones dirigiéndose a la puerta de calle.
May se volvió amenazante al joven, le frunció el ceño -¿Qué le hiciste?-
- ¡Nada!- se defendió Ash y procedió a sentarse ignorándola por completo. Por otro lado, una vocecita le decía internamente que nunca jamás llegaría a entender a una mujer. Y de todas las espécimen que poblaban la faz de la Tierra, esa pelirroja especialmente, era la más difícil de comprender.
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- Tienes que pasarme esta receta- May decía con la boca llena. Rebosante y muy satisfecha.
- No deberías comer tanto. Al bebé puede caerle mal- Misty la miró con preocupación. Masticaba despacio y sus modales eran tan elegantes como refinados. Ash no paraba de compararlas.
- El doctor dijo que…-
- El doctor dijo que debes cuidarte ¿lo recuerdas?- Ash la interrumpió- Yo estuve ahí, dijo que debías alimentarte bien, no que comieras como si no tuvieras un mañana-
Alex encontró el comentario gracioso, soltó una pequeña carcajada y le extendió su vaso vacío al joven indicándole que le sirviera jugo.
- Está completamente pegada a ti- May comentó observando con tristeza la mitad de la jugosa carne que ocupaba su plato -Desde que tengo memoria que te han atraído los niños…- cortó un trozo con precaución y al no escuchar reprimendas se lo metió en la boca, masticándolo con deleite -No alcanzo a comprender como puede ser que no tengas ninguno propio…-
- May, creo que no es un tema conveniente para hablarlo en la mesa- Ash la cortó. No estaba de humor.
Misty los miró con una ceja arqueada ¿Cómo May decía algo así?. Ash parecía molesto, durante todo el almuerzo había estado a la defensiva. Ciertamente ese momento breve de amistad que habían compartido antes se había esfumado por completo convirtiéndose en una realidad cruda donde la hostilidad reinaba en primer plano.
- ¿Me pasarás la receta?- May volvió a la carga al nota que la conversación decaía -Debes enseñarme a prepararlo, a Drew le encantará-
- ¿Drew?- Misty se volvió a ella con interrogación.
- Si, ¿recuerdas el muchacho ese con el que siempre discutía?-
- Sabe a quien te refieres- intervino Ash. Misty asintió- Era tan obvio…-
- Es cierto ¿no te recuerda a nadie?- May le lanzó con una muequita maliciosa, se giró a Misty -Bueno, Drew y yo… tú sabes…- la morena se tocó el abultado vientre con las manos y sonrió algo avergonzada -Asumo que omití el detalle de quien era el padre de mi hijo ¿cierto?-
Misty se sonrojó toda; desde el cuello hasta las orejas -¿Drew y tú?-
- ¡Si!- May sonrió con obvia felicidad -Hace casi un año. Él y yo deseábamos tener una familia, y pues…-
- Me alegro mucho por ti, May-
- Gracias Myst- aprovechó que Ash volvía a servirle jugo a la pequeña Alex y adelantó su vaso vacío para que hiciera lo mismo. Él le frunció el ceño -¿Y tú has estado viendo alguien después de todo?-
Misty titubeó -Yo…-
- ¡May!- Ash la regañó dejando con tanta fuerza la jarra sobre la mesa que el liquido se sacudió de arriba abajo - ¿Qué no te han enseñado que no debes meterte en lo que no te concierne?-
- Bueno- se defendió la muchacha sonriendo desvergonzada -Era una simple pregunta…-
Ash empujó el plato vacío a un lado y se levantó -Gracias por el almuerzo estuvo delicioso. Si me disculpan, tengo cosas que hacer- habló rápido y salió de igual manera sin darle tiempo a alguna de las muchachas para que contestara. Coronó su salida dando un tremendo portazo.
Misty se encogió débilmente soltando un suspiro.
- Tranquila- May le apretó la mano. Ella sonría con dulzura -No es contigo con quien está molesto…-
- ¿Estas segura?-
May soltó una carcajada y meneó la cabeza - Completamente. Solo está… molesto consigo mismo. Se ha dado cuenta de que ha llegado el momento en el que tiene elegir si quiere continuar con esta realidad, o comenzar una nueva vida, lejos de todo esto…-
- ¿Y porque tiene que cambiar?. ¿Quién lo obliga a hacer eso?-
May la miró con la misma sonrisa, tardó varios segundos en responder - Nadie lo obliga, Myst. Es una decisión que él solo tiene que tomar; y está muy asustado-
- A todos nos asustan los cambios- Misty agregó suavemente.
- Quizás debas ir y decírselo. Tus palabras y tu presencia le darán el envión que requiere- May cerró los ojos y se tocó el vientre, seguramente el bebé estaba moviéndose -Ash te necesita, no puede hacer esto solo…-
Misty se mordió el labio y soltó una risita nerviosa -May; deja de llenar mi cabeza con fantasías ridículas-
- No creo que ese sea el problema- May la miró -Las fantasías estuvieron siempre allí, yo solo las ayudé a despertarse…-
Misty se sonrojó. Decidió que por el momento había habido demasiada charla, por lo que se puso de pie para recoger la mesa. Alex aún seguía sentada en su lugar, durante todo ese tiempo la había ignorado completamente. Estaba seria y la contemplaba con el entrecejo fruncido.
- Mamá Misty- la llamó con su vocecita infantil.
- ¿Si cariño?-
- ¿Es malo lo que May ha dicho?-
- ¿Porqué?- Misty se inclinó ante su sobrina tocándole el cabello ensortijado con obvio cariño.
- Porque te has puesto triste y tú no eres así. Te ves tan triste como mamá Daisy…-
Los ojos de Misty brillaron por un par de segundos, sin embargo sonrió esforzándose por ocultar todo signo de vulnerabilidad. Alzó a la pequeña y le dio un sonoro beso en la mejilla -No estoy triste, cariño. May y yo hablábamos temas de adultos y tú no lo entenderías-
- Pero hablaban del señor Ash, y él siempre parece estar triste y… enojado…-
May soltó una risita ante eso -Es que él no tiene novia, y los chicos que no tienen novia están siempre enojados y de pésimo humor-
- Mamá Misty tampoco tiene novio-
- ¡Alex!-Misty se sonrojó.
May volvió a curvar los labios, se dirigió a Alex -Entonces quizás podríamos hacer algo para ligarlos-
- ¿Mamá Misty y Ash?- preguntó la niña abriendo mucho los ojos.
- ¡May!- Misty frenó a la morocha con un falso gesto amenazante.
La nombrada la ignoró rotundamente -¿Qué te parece Alex?-
La niña miró a la joven pelirroja con detenimiento, luego sus sonrosados labios se elevaron en una sonrisa de consentimiento -Me gusta-
- Genial- May asintió con otra sonrisa, le guiñó el ojo a la ruborizada muchacha y añadió como si no pudiera decir otra cosa: - Tienes una sobrina muy inteligente-
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- No puedo creer lo que haces - Misty guardaba los platos del almuerzo con aprensión -Involucrar a la niña en todo esto…-
May la observaba divertida, apoyada en el borde de la mesada -Haces tanto escándalo por nada-
- ¿Escándalo por nada?. Ash me detesta y tú sigues empeñada en lograr que de alguna manera él y yo… él y yo… bueno, me entiendes perfectamente-
- Misty; creo que estás un poco paranoica. Para empezar; Ash no te detesta; segundo no estoy haciendo nada que no desees internamente, y tercero debes dejar que todo fluya normalmente-
La nombrada la miró con el entrecejo fruncido, lentamente soltó un suspiro en tanto sus mejillas se encendían notablemente. May sonrió con obvia intención pero no agregó nada más, lentamente volvió sobre sus pasos y se alejó por el corredor que conducía hacia las habitaciones.
Misty terminó de ordenar los vasos y los cubiertos y espió el exterior a través de la ventana; Ash estaba apoyado en el cerco de la yegua con la pequeña Alex a su lado, tenía la cabeza inclinada a un costado en señal de que estaba escuchando lo que la niña le decía. Se veía renovado y tranquilo y parecía encajar perfectamente en aquel cuadro del agreste Pallet Town. Sea cual fuere lo que había ocasionado ese cambio, no quería echarlo a perder con su presencia. Y estaba muy segura que el mal humor de Ash recomenzaría si la veía revoloteando a su alrededor.
Soltó otro suspiro y se persignó al encierro obligatorio que ella misma se había impuesto.
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- ¿Cuándo podrás soltarla para que la monte?- Alex preguntaba con su vocecita infantil al alto adulto que la precedía, el cual contemplaba en tranquilo silencio las verdes praderas que se extendían más allá de la vista.
- Aún no está preparada para ello, cariño. Es mala, huraña y debe acostumbrarse a la presencia de la gente para que vuelva a ser feliz…-
Sus propias palabras lo sobresaltaron, por un momento le pareció que estaba hablando de si mismo, como si él tuviera que acostumbrarse a la presencia de la gente que conocía para volver a vivir… exactamente igual que aquella potranca que era su vida misma.
- ¿Y una vez que se acostumbre podrás soltarla y yo podré montarla las veces que quiera?- Alex siguió con su monologo apoyada confiadamente en las maderas de la cerca.
Ash la miró y esbozó una pequeña sonrisa -Claro cariño-
- Mamá Misty también podrá montarla ¿cierto?. Ella y yo podemos venir a visitarte en las próximas vacaciones…-
Intentó mantener la sonrisa ante esa perspectiva. Por un lado moría de ganas de que se fueran y su casa volviera a ser como era; tranquila y solitaria, pero por el otro sabía que extrañaría esa comida casera, las charlas familiares a la hora de la cena, y el sentir el perfume a champú femenino flotando por las habitaciones.
- Claro que pueden venir, Alex-
- A Sirena le encantará que mamá Misty esté aquí para cantarle-
- ¿Sirena?- Ash se volvió para mirar a la pequeña.
Alex señaló a la ponyta con su dedo regordete -Es el nombre que mamá Misty le dio ¿recuerdas?-
Él asintió a regañadientes. Había olvidado que gracias a May su querida yegua tenía un nombre ridículo y cursi. Aunque muy en el fondo el nombre no le disgustaba en lo absoluto. No señor.
- Creo que pertenece a ella antes que a mí…- sonrió con tristeza y añadió notando que la niña no le había entendido -Creo que 'Sirena' ha reconocido finalmente quien es su dueño, y ese no soy yo-
Los ojos verdes la niña se abrieron de asombro -¿Le vas a obsequiar Sirena a mamá Misty?-
Ash no contesto, sus ojos se centraron en el caprichoso animal que para ese entonces se encontraba en la cerca opuesta a la de ellos. Siguió observándola hasta que los ojos le comenzaron a arder, entonces sintió un pequeño tirón a su mano derecha.
- Ash; a ti te gusta mi mamá Misty ¿cierto?- Alex le preguntó a quemarropa apretando su mano.
Él se atragantó con algo inexistente, sus mejillas se encendieron como dos ají tomates y contempló mudo a la niña que esperaba con gran seriedad su respuesta.
- Yo…- intentó articular. Se trabó y volvió a sonrojarse como un adolescente.
- Ya… Lo sabía…- Alex asintió con una gravedad demasiado mayor para su edad -Ella es muy bonita, y es muy buena…- él seguía sonrojándose -Y haría bonita pareja contigo-
- Alex…- Ash intentó interrumpirla -No creo que…-
- ¿Por qué no solo lo intentas, Ash?- la niña volvió a mirarlo con esa gravedad adulta y madura. Sus ojos en ese momento eran tan similares a los de Misty que le pareció que ella misma estaba hablándole -Inténtalo-
El joven se quedó mudo viéndose en esos dos espejos verde aguamarina, inconscientemente asintió como si toda la vida hubiera estado esperando esa orden.
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Misty acabó de ducharse y salió del cuarto de baño secándose el cabello. De la habitación principal escuchó el sonido bajo y familiar del televisor. Caminó hasta allí con cuidado y asomó la cabeza por la rendija de la puerta; May estaba durmiendo dándole la espalda, a su lado se hallaba Alex viendo la pantalla con los ojos bien abiertos.
- ¿Mamá Misty?- preguntó la niña en cuanto la vio.
- Todo bien cariño ¿Qué haces ahí?-
- Tía May me pidió que la acompañara mientras dormía la siesta, estaba viendo caricaturas conmigo. Dijo que estaba cansada…-
Eso hizo que Misty entrara a la habitación preocupada, se quitó la toalla dejando caer su cabello en desorden. Se acercó a la cama.
- Estoy bien, Misty- se oyó la voz adormilada de la morena quien habló sin abrir los ojos- Solo necesito dormir una siesta…-
- Claro- la aludida respondió palmeándole con suavidad el hombro. Se giró a la niña -Alex apaga el televisor y ven conmigo-
- Pero quiero quedarme aquí…-
May finalmente abrió los ojos -Déjala Myst. Yo le pedí que me hiciera compañía… además el sonido del televisor me relaja bastante-
- Bueno, si es así- Misty murmuró sintiéndose un poco fuera de lugar. May volvió a acomodarse dándole la espalda y Alex sentándose más plácidamente en el somier -Iré a ver que puedo hacer hasta la hora de la cena…-
Pero ninguna de las dos dijo algo, así que se limitó a salir del dormitorio con la sensación de que la habían desterrado de un lugar importante y privilegiado. Se acomodó el cabello con los dedos antes de que se le formaran las odiosas ondas que eran tan imposibles de peinar. Siguió hasta su habitación y abrió la puerta con cuidado. El pequeño roedor amarillo la recibió apenas la vio. Estaba sentado en la cama y sus ojos castaños se encendieron notablemente al advertir su presencia.
- Pikachupi- balbuceó en su idioma extendiendo los bracitos.
Ella se acercó y le tocó la cabeza en tanto se acomodaba en la cama para luego sentarlo en su regazo - ¿Qué ocurre pikachu?-
El roedor bajó las orejas en un gesto melancólico -Pikapi…-
Misty entendió, pero no supo que responder. Para ella era un completo misterio el comportamiento del joven, y se dio cuenta que también lo era para ese pequeño amigo que lo había acompañado desde la infancia. Reavivó la caricia en la cabeza del pokémon y murmuró con confianza -No te preocupes pequeño, en cuanto esto se solucione y nos marchemos de aquí, Ash volverá a ser el mismo de siempre-
Pero el roedor no tomó con agrado la noticia, achicó los ojos, y de un salto se bajó del regazo de la muchacha parloteando una larga sarta de 'pikas' y 'chus' en variada intensidad y tono. Molesto, se encaminó a la puerta y le dedicó una última mirada de disgusto que rápidamente se transformó en un gesto triste y opaco, para luego desaparecer sonoramente por el pasillo
Misty se miró las manos con aprensión. Entendía al pequeño pokémon y a sus esperanzas, las cuales eran similares a las que ella tenía, pero…
Se puso de pie con decisión y se miró en el espejo diminuto que colgaba de la pared. Se pasó el cepillo por el cabello varias veces hasta que le quedó medianamente lacio y dócil. Se puso un jean azul oscuro y una entallada blusa escocesa en tonos de azul y rojo que le había pertenecido a Daisy. Se calzó las zapatillas y dándose coraje salió al pasillo.
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El sol estaba ocultándose cuando la joven finalmente salió. El paisaje exterior tenía un precioso matiz dorado-anaranjado gracias a la variación de la luz solar. Las praderas resplandecían, y la tierra bajo sus pies tenía el color del cobre y la canela. La brisa era agradable, y el momento tan propicio, tan gustoso que ella inmediatamente se puso de buen humor.
Caminó los pasos que la separaban del joven que parado en medio de la pradera dorada observaba impasible a la lejanía. Ash tenía un aspecto tan relajado, se veía tan familiar en aquel paraje de esmeralda y oro que Misty supo que nunca podría arrancarlo de aquel campo sin sentirse culpable.
Él había sentido sus pasos, pero esperó tranquilo y complaciente hasta que la muchacha se detuvo a su lado.
- Este es mi momento favorito del día- le confió en un susurro sin voltear a verla.
- ¿Por qué?- ella preguntó imitando su tono suave. Ligeramente feliz de que él no se hubiera marchado al notar su presencia.
- En unos minutos te lo demostraré- la miró de soslayo y le sonrió con gratitud.
Misty notó el cambio en su rostro; en el calor amistoso de sus ojos marrones y en la sonrisa sincera de la boca masculina, y se preguntó quien habría sido capaz de obrar tal milagro.
- ¿Dónde están May y Alex?- preguntó con preocupación.
- May esta tomando una siesta y le pidió a Alex que la acompañara- contestó Misty aspirando el aroma de la hierba a su alrededor: orégano, albahaca, romero, laurel… ¿pimienta?
- Sabía que tanta actividad acabaría agotándola, a veces es tan obstinada…- Ash miró el cielo por un momento encogiéndose de hombros, luego se giró a ella haciéndole un gesto -Ven-
Rompió a caminar para su asombro tomando una curva. Misty lo siguió sin perder tiempo, preguntándose a donde la llevaría puesto que estaban rodeando la casa y la cerca, y se dirigían por un camino largo y serpenteante hecho a pie que se encontraba muy escondido a la izquierda.
Siguieron por esa huella por largos minutos, parecían adentrarse en los inicios del bosque y la casa se reducía notablemente a sus espaldas. La vegetación se multiplicaba al igual que la melodía misteriosa que se escapaba de los árboles que la pasaban en altura. Misty miró a los lados con aprensión recordando que su temor infantil hacia los insectos seguía latiendo completamente ileso, y si Ash lo recordaría.
- Ya estamos cerca- dijo él y dio un giro cerrado hacia la derecha metiéndose aún más en el bosque.
Ella no contestó, se limitó a seguirlo rogando silenciosamente que aquello no se tratara de una broma cruel. El cielo anaranjado para ese entonces, apenas se vislumbraba, pero los débiles rayos dorados se filtraban a través de las hojas. Aquello le gustaba, sonrió para tranquilizarse.
- Aquí- oyó que Ash decía y le ofreció la mano para caminar hacia arriba por lo que parecía ser una colina pequeña. Misty la tomó y ascendió con él quedándose inmediatamente sin aliento.
El cielo entero se desplegó ante sus sorprendidos ojos; estaban en un inmenso claro que actuaba a modo de mirador. Parte del pueblo rural y sus verdes colinas se veían desde allí bañados con la mágica luz del atardecer.
- La vista desde aquí es bellísima- comentó ella en un intento de decir algo que ilustrara la admiración que sentía.
- Por eso es mi hora favorita del día -le respondió Ash y sonrió elevando los brazos con una carcajada despreocupada -Se puede ver casi todo desde aquí… las casas del pueblo, la feria, el río, el laboratorio del profesor… las colinas…- le explicaba mientras se los señalaba, ella a su lado seguía cada gesto. Su mano rozó su mejilla al añadir -Mi casa…-
El débil punto blanco de allá abajo, rodeado de canela y esmeralda. Parecía imposible que hubieran caminado tanto, que estuvieran a esa altura, y que la casa fuera tan pequeñita ante sus ojos…
Y la mano de él le había rozado la mejilla sin querer…
La luz en el cielo seguía apagándose, el canto de los árboles se oía en la brisa que los envolvía. Estaban cerca, pero a la vez separados. La mano de Ash volvió a rozarle la mejilla, pero esta vez con toda intención; y le tocó el cabello que se envolvió cual seda a sus dedos.
Misty no dijo nada, sabía que era un momento que no volvería a repetirse. Él también lo sabía. Su mano la tomó de la nuca, y con una violencia propia de su forma de ser atrajo su rostro hasta atrapar los labios femeninos en un beso desesperado y hambriento.
Misty ahogó un suspiro y colocó una mano en su pecho para apaciguarlo, pero esta trepó rápidamente a su cuello y se enlazó junto a la otra que ya estaba allí, renuente a separarse de él. Su cuerpo se fundió junto al suyo, al igual que sus labios que iniciaron una danza lenta y muy necesaria.
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Nota:
Gracias a todos por los saludos de cumpleaños! Son muy buenas, chicas. A Blue grax por su obsequio -como siempre sublime amiga! tienes un verdadero genio entre manos ^^- y a Liz esperaré ansiosa el suyo, ^^
Las adoro!
Solo dos chaps mas y este fic termina!
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miércoles, 24 de septiembre de 2008
miércoles, 4 de junio de 2008
Tierra Audaz

Capítulo 03.
Ni siquiera sabía cuanto tiempo había transcurrido desde su charla con ella. La agonizante encrucijada que le había puesto para evitar su interrogatorio.
Ella siempre fue tan sagaz.
Tan inteligente y juiciosa. Rasgos que no habían cambiado con los años. Quizás su apariencia física había mudado considerablemente, pero su carácter, su personalidad no.
Aquello era lo que la volvía… única.
Dejó de mirar el techo en la oscuridad y se dio la vuelta en su ahora incómodo lecho. En épocas pasadas no le era imposible encontrar el descanso en aquel mullido somier. Como maestro reconocido de la Liga Pokémon tenía derecho a tener lo mejor de lo mejor. Aún a pesar de que hubiera delegado al poco tiempo su titulo para recluirse en su pueblo natal, su casa no carecía de los lujos necesarios, y eso incluía aquella inmensa cama en la que estaba recostado y que no le ayudaba en nada a conciliar el sueño.
Intuía que su desacostumbrado insomnio se debía los acontecimientos del día, y a esa visitante especial; al tema insólito de un rapto, un secuestro, que tenía como núcleo a una niña pequeña, a tres hermanas alborotadas y a un joven investigador. Giró varias veces en el colchón y fue por agua otras tantas más, pero parecía que cuanto más cansado estaba, su mente más le huía al sueño, y las imágenes nítidas de su charla con Misty aparecían una y otra vez para rendirlo. Para derrotarlo, y que confesara para si que lo ocurrido no era mera casualidad.
Finalmente se dio vuelta para el otro lado y observó el débil reflejo que se colaba por la ventana. Estuvo mirando por tiempo indefinido esos haces de luz que serpenteaban en la pared hasta que se quedó dormido.
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Cuando despertó encontró dos inmenso ojos verdes que lo miraban de cerca. Parpadeó para despejarse y advirtió el peso que le hacia cosquillas en el pecho. Los ojos verdes también parpadearon.
- Buenos días Alex-
La niña sonrió enormemente y se hizo un ovillo acurrucándose contra él.
- ¿Qué haces despierta tan temprano?- preguntó Ash moviéndose torpemente para dejarle un lugar cómodo en el somier. Lo cierto era que sentía la espalda tiesa y dolorida como si se hubiera caído de un caballo. ¿Tan mal había dormido?
- Yo no tengo sueño- contestó la pequeña con total naturalidad. Se acomodó bajo la frazada liviana y se dedicó a observarlo.
- ¿Dormiste bien?-
-Sip. Mamá Misty aún sigue dormida. ¿Y tú?-
- Yo dormí bien- le sonrió a pesar de que pareció que el gesto le arrancó un tirón en el hombro. Se incorporó un poco y advirtió que recién acababa de amanecer. La cabeza le daba vueltas por la falta de sueño -¿Te gustaría conocer un caballo?-
La respuesta fue un solemne gesto afirmativo hecho con toda animosidad. Alex se sentó en el lecho.
- ¿Te sientes mejor?-
Otro gesto inmenso de asentimiento.
- Bueno, entonces ve a cambiarte y vuelve a buscarme en un rato, ¿si?-
- ¡Sip!- Alex exclamó y se bajó de la cama saliendo a la carrera de la habitación.
Él acababa de armar el lecho acomodando los cojines sobre el acolchado cuando Alex apareció en la puerta sonriendo. Tenía vaqueros y una remera con tirantes de color rosa, un pequeño sombrerito a juego ocultaba su largo cabello negro.
- ¡Ya estoy!-
- Bueno- Ash sonrió acercándose a ella -Vamos-
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El sol era una suave esfera dorada cuando salieron afuera. El cielo de un azul claro y sin nubes. La temperatura era templada para esa hora de la mañana y vaticinaba otro caluroso día de verano.
Ambos caminaron en línea recta hasta aquella pequeña edificación de madera rodeada de una cerca. Ash se sorprendió cuando sintió la manita pequeña que agarraba la suya; y en cuanto la tomó supo que no debía juzgar a aquella muchacha que aún dormía por lo que había decidido hacer. Realmente Alex necesitaba conocer su origen y él no iba a ponerle trabas para evitar que lo lograra. Observó de soslayo los ojos verdes de la pequeña abiertos desmesuradamente de ansiedad, y esa fue la confirmación que necesitaba. Afianzó la mano diminuta entre sus dedos y siguió caminando.
Se acercaron a la valla y él llenó un enorme cubo con avena. Emitió un silbido suave y aquella hermosa ponyta revoleó las crines en su dirección mostrando sus relampagueantes ojos azules.
- ¡Bonita!- exclamó Alex con tanta animosidad que corrió hasta la valla para subirse a ella.
- ¡No!- Ash la frenó deteniéndola del codo. Tomó el cubo de avena bajo un brazo mientras alzaba a la pequeña con el restante -Es mala Alex. No está domesticada, da patadas y muerde-
- Yo acariciar Bonita- dijo la niña con tozudez.
- No. Podrás hacerlo en un futuro, ahora no-
¿En el futuro?. ¿Había un futuro para él y esa niña?. ¿O para él y esa yegua obstinada?. Ash miró a la pequeña que sostenía bajo un brazo y sintió una ternura difícil de explicar. ¿Qué clase de ser humano sería capaz de abandonar a ese pequeño angelito? Él nunca lo hubiera hecho… alzó la vista hacia la casa y recordó a la invitada que habían dejado sola. Frunció el ceño, bueno tampoco iba a estar todo el tiempo detrás de ella, y era obvio que necesitaba descansar después de tamaño viaje.
Finalmente se concentró en el animal. Bonita era una palabra corta para describirla. Aquella yegua era… sublime. De lo más rara en su especie -se lo había dicho el profesor Oak- y él había quedado hechizado nomás verla. Lo cual en cierto modo era estúpido, porque muchos meses habían pasado y aquel animal seguía igual de huraño. Desconfiaba plenamente de la gente y a estas alturas Ash no creía que eso fuera capaz de enmendarse.
Pero aquella tibia mañana quería creer que los errores podían corregirse, que ese animal podría aprender a confiar en él, que se le podía dar una segunda oportunidad al igual que a las personas.
- Aún no tiene nombre- le confió a Alex mientras abría la portezuela de la cerca y se acercaba a un cubil que estaba junto al bebedero. La yegua relinchó con alarma y retrocedió hasta el otro extremo de la valla.
La pequeña frunció el ceño con tristeza -No voy a hacerte daño Bonita, ven…- le extendió la mano en un gesto de súplica pero el animal retrocedió varios pasos más hasta casi la entrada de aquel pequeño establo -Me gusta- se volvió a Ash que acaba de colocar la avena en el cubil. Se aferró a su cuello y repitió con ojos húmedos -Me gusta Bonita-
- A mí también- la abrazó con cariño -Pero le han hecho daño y tiene que curarse…-
- ¿Curarse?. Mamá Misty puede curar a Bonita-
Ash la aferró contra su pecho y salió de la cerca. Al ver que ellos se alejaban de su territorio, la yegua agitó las crines y se acercó desconfiada a donde le habían puesto la comida. No dejó de mirarlos con recelo mientras hundía la cabeza en el cubo.
- ¿Así que tu mamá puede curarla?- repitió con una sonrisa mientras la depositaba con cuidado en el suelo. Alex asintió convencida -Bueno, tal vez en alguna otra ocasión. Mientras tanto no te acerques a ella si yo no estoy presente ¿de acuerdo?-
- Sip- la niña observó como la yegua engullía su alimento -Me gustas -le dijo con determinación -Me gustas mucho Bonita- su mano volvió a buscar la de Ash -No tienes que tener miedo, no te haremos daño-
Él no sabía que decir a esa melancolía infantil, así que solo se limitó a apretar con firmeza la manito que enlazaba la suya y volvieron a la casa.
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Misty miraba desde la ventana aquella singular escena. Tenía las manos apretadas contra el pecho y la mirada húmeda.
Había despertado en medio de un inusual silencio. No se oían los gritos de sus hermanas, ni sus pasajeras discusiones, o los sonidos desesperados de los retadores que llegaban a diario al gimnasio. Todo lo cual la había llevado a recordar que no estaba en su casa de Cerulean city sino en la tranquilidad de Pallet Town. Hasta las sábanas que la envolvían como un capullo tenían un singular aroma a frescura y a jabón de glicerina. El canto de los pájaros se colaba por la ventana y todo aquello le pareció tan natural y hermoso que no dudó en levantarse.
Se acercó a la ventana cuando la singular pareja que caminaba allá abajo hacia el establo atrajo toda su atención. Alex iba a la par de Ash oyendo lo que fuera que él le decía. Se la veía feliz y resplandeciente observando esos campos verdes a su alrededor, kilómetros y kilómetros en los que podía jugar a su entera libertad. No era que en Cerulean City no pudiera hacer eso pero… aquella paz se sentía diferente, y si esas praderas tenían un efecto estimulante en ella, intuía que en la pequeña eso no era diferente.
Aquel era el lugar idóneo para que Alex creciera. Rodeada de naturaleza, de ríos de azules aguas donde bañarse, viendo las estrellas en una noche de primavera. Ahí podría aprender más de los pokémon…. Si, su vida sería diferente a la que tenía en el gimnasio…
En ese momento Ash tenía en brazos a la niña y ella alargaba la mano hacia aquella hermosa ponyta que pastaba dentro del corral. El joven inclinaba la cabeza hacia lo que la niña decía y le acariciaba la cabeza sin duda consolándola de algo.
Ash sería un gran padre…le dijo una vocecita interior, sobresaltándola. Contempló la escena una y otra vez, y a regañadientes tuvo que estar de acuerdo. Él sería un gran padre, bastaba ver la dulzura con que trataba a la niña.
En ese momento escuchó un sonido extraño y alzó la vista. Una lejana polvareda se levantaba a lo lejos en aquella retorcida carretera, e iba acercándose a ellos. Luego de unos minutos el vehiculo moderno fue fácilmente reconocible. Ash sostuvo la mano de la pequeña junto a la suya en tanto este se detenía frente a ellos. Él sonreía meneando la cabeza cuando una joven en avanzado estado de gestación salió del auto y literalmente se arrojó a sus brazos.
Solo cuando ella giró la cabeza para saludar a Alex, el sol le dio de lleno en los cabellos castaños iluminando su tez, y entonces no le quedaron dudas. Era May.
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- Te dije que no tenías que venir- Ash le decía a la recién llegada con una sonrisa de reproche.
- Sé que lo dijiste, pero te oías desesperado. Tuve que venir obviamente- May sonrió encogiéndose de hombros.
- Pues claro, tenías que protegerme- ella le hizo un gesto de asentimiento a la par que reía -Por cierto, estás muy linda- le dio un cariñoso tirón al largo mechón de cabello castaño que le bajaba del hombro.
Lo cual era cierto, la desgarbada joven de la pañoleta roja había crecido convirtiéndose en una bella morocha, cuyos ojos azules resaltaban al máximo en aquella cara de tez pálida.
- Claro. Mi refrigerador y yo tenemos la misma medida-
Ash sonrió, pero supo que a May le había gustado el halago. Así que por lo menos había hecho algo bien.
La mujer miró a Alex que se había escondido tras Ash y le sujetaba la pierna. Sus ojos se suavizaron y le sonrió.
- Hola linda, ¿Cómo te llamas?-
- Alex- contestó con cautela mirándola fijamente.
- Soy May ¿te gustaría desayunar conmigo?-
Esta vez Alex asintió vigorosamente y salió de detrás de Ash para tomarlo otra vez de la mano.
- Se parece muchísimo a Misty. Tiene sus mismos ojos- confiaba May a Ash en voz baja mientras caminaban con lentitud hacia la casa -Realmente se parece mucho a ella, y por su cabello negro diría que los ha sacado de t…-
- No- Ash la cortó antes de que lo nombrara a él -Cuando sepas quien es el padre sin duda no lo creerás-
May parpadeó con suspicacia -Pero debes hacer algo, en cuanto la Liga se entere que está aquí pueden lloverte toda clase de problemas-
- Lo sé. Pero ella necesita mi ayuda- rozó con cariño el borde del sombrero de Alex -Mientras tanto me conformo con saber que no has dicho nada de lo que sabes-
- Ni una palabra-
- Genial-
- ¿Y donde está Misty?-
- Durmiendo, supongo. Ha tenido un largo viaje hasta aquí-
- Lo imagino- sonrió -¿Sabes?. Por alguna razón estoy feliz de que estemos juntos, a pesar de las circunstancias. Hacía tiempo que no sabía nada de ella-
- Tienes razón. Yo también estoy satisfecho- llegaron a la casa y abrió la puerta caballerosamente para ambas damas.
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Misty se sintió cohibida ante la llegada de la visitante. ¿Qué estaría haciendo allí?. ¿Sus hermanas lo sabrían?. ¿Y su embarazo?
Sin duda aquello era lo que más la atormentaba. ¿Sería ella la señora Ketchum, ausente durante su llegada?. La familiaridad con que Ash la había tratado cuando llegó, el abrazo desesperado de la que fue objeto, no decían otra cosa.
Abrió su maleta y sacó las prendas para aquel día. De repente comprendió que su 'inmensa aventura' se había convertido en un 'accidente trágico', como si aquello no pudiera ser menos irónico. Se lavó la cara con energía y se cepilló el cabello de igual modo hasta que estuvo lacio y dominable como una seda. Eligió una remera blanca estilo vestido, y el jean negro de la víspera. Realmente, se dijo, no deseaba impresionar a nadie. Con ese pensamiento fue a reunirse con ellos, aunque la sensación de que marchaba directo a un degolladero no desapareció de su cabeza.
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- ¡Oh Misty!. ¿Realmente eres tú?-
May gritó alborozada apretándola en un abrazo asfixiante. Extrañamente era más alta que ella, y obviamente más robusta.
Misty rió ante tal saludo. Cuando se alejó de la joven de cabello castaño creyó advertir un leve manto de lágrimas en los ojos azules.
- El embarazo me pone muy sensible- dijo May adivinando sus pensamientos enjugándose las comisuras de los ojos.
- ¿Cuántos meses llevas?- le preguntó educadamente, mientras Ash le hacia señas de que se sentara a la mesa junto a ellos.
- Oh, ¿Cuántos llevo?- May pensó un momento en tanto volvía sentarse ayudada por el joven. Se volvió a él -¿Ash?. ¿Cuántos meses llevo ya?-
Misty casi se atragantó con el sorbo de café. Bueno, aquella revelación confirmaba sus sospechas.
- Siete meses- él contestó con firmeza -El medico te dijo en la última consulta que debías hacer reposo…-
- ¿Eso dijo?- May se tocó la nuca con aire avergonzado -Ups, supongo que lo olvidé. Bueno…- se encogió de hombros- No podía perderme de ver a Misty luego de tanto tiempo- sonrió a Alex -Y por supuesto no podía perderme de conocer a este encanto-
- Te dije que no era necesario que hicieras tamaño de viaje- le reprochó Ash otra vez, sirviéndole otro jugo de naranja.
- Bueno, bueno ¿vas a sermonearme en presencia de los invitados?- le respondió juguetona. Miró a Misty en busca de una sonrisa cómplice y encontró que estaba muy pálida y jugueteaba con la comida con aire avergonzado. Se aclaró la garganta -Se parece mucho a ti, Misty- hizo un gesto hacia Alex, y la aludida por fin la miró.
- Ah, si. Es lo que todos dicen…- sonrió al hablar de su tema favorito -Hay muchas similitudes entre ella y yo; los ojos, la simetría de la cara, y la nariz. Hasta su carácter muchas veces rima con el mío…-
May asintió y se inclinó sobre la mesa acercando su mano delgada hacia la de ella que descansaba junto a la taza que bebía -Escucha Myst, puedes confiar en mí -en ambos- señaló a Ash con la cabeza -Nosotros te ayudaremos en todo, no tienes que preocuparte que de momento la niña y tú están a salvo
- Mi hermanas… ¿acaso ellas saben?- dejó la frase en suspenso.
- No, tranquilízate- May la confortó con una palmadita - Como te dije, puedes confiar en nosotros-
- Gracias May- respondió Misty considerando seriamente que en ningún momento Ash le había transmitido algo semejante. Más bien se había limitado a interrogarla como si fuera un detective de la policía y ella hubiera cometido alguna fechoría.
Pero alejar a una niña de su familia, de su hogar, no era un hecho tan terrible ¿o si?
- Mamá Misty ya terminé- Alex dejó la taza vacía en la mesa cubierta de un blanco mantel, y se limpió los labios con una servilleta igual de inmaculada. Esperó obediente a que le dieran permiso de retirarse.
- Bueno cariño- Misty le hizo un gesto de se le acercara. Al hacerlo, la abrazó fuerte apoyando la barbilla en su lacio cabello negro. Parpadeó evitando que las repentinas lágrimas le nublaran la visión. No quería quebrarse delante de la pareja. Se recompuso rápidamente y le dio un beso en la frente -¿Qué planeas hacer ahora?-
- Jugar con pikachu ¿puedo Ash?- se volvió al joven con una enorme sonrisa, quien asintió inmediatamente -Después mostrarte a Bonita-
- ¿Bonita?-
- Es el nombre que le ha dado a la ponyta- replicó Ash con total naturalidad como si hubiera participado asiduamente de toda la conversación.
- ¿Le has enseñado a Misty aquella yegua loca que tienes?- May preguntó con aire divertido.
Ash hizo un gesto afirmativo ignorando su tono malicioso.
- ¿Te refieres a ese hermoso animal de ojos azules?- Misty asintió -Si. Es muy bello-
- Es su esposa- May prosiguió.
- ¿Perdón?-
- Si. Ha dejado todo a su alrededor para ocuparse de ella. Realmente la ama-
- Bueno, no puedes culparlo por amar a un Pokémon- Misty lo defendió sin pensar.
May sonrió ampliamente, Ash no hizo sonido alguno -Supongo que no. Pero a veces prefiere la compañía de ese caballo huraño antes que la presencia cálida de una persona…-
Misty miró al joven con sorpresa.
- A veces me pregunto si no echa de menos la presencia tangible de un ser humano. No entiendo que clase de satisfacción puede darle un animal que patea y muerde…-
Para este punto el rostro de Ash igualaba el color de los cabellos de Misty. Se puso de pie de un salto, como si un resorte lo impulsara a hacerlo, y se alejó de la mesa ante las miradas interrogantes de ambas -Tengo cosas que hacer…-
- ¿Allá afuera?-
Él esquivó a May y a su sonrisita maliciosa. Se dirigió a la puerta como si alguien lo persiguiera -Ese caballo no se domará solo…-
- Desde luego que no-
Salió cerrando la hoja de madera tras de sí. Decidido a ignorar las sonrisas traviesas que le dirigía la morocha, y que tenían como propósito incomodarlo delante de Misty.
¿Pero que podía hacer?. Desde pequeño fue amante de la naturaleza, y ni hablar de su afición por los pokémon exóticos. Y esa yegua era de lo más sublime en su especie…
Tan orgullosa, altiva. Dueña de una personalidad avasallante. Tan semejante a Misty.
Quizás por eso sentía tanta debilidad por ese animal desconfiado. Era cierto la amaba. El descubrimiento lo abofeteó mentalmente. La amaba con todas sus fuerzas.
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- Ash necesita una familia- May decía en un susurro. Estaban bebiendo una nueva ronda de té - Un hogar donde haya risas de niños, una cena caliente, y la compañía de alguien que lo espere al final del día y lo escuche pacientemente -bebió de su taza, Misty la escuchaba en silencio -Yo trato de hacer lo posible, pero no es lo mismo…- se tocó el abultado vientre -Cuando el bebé nazca tendré que suspender este tipo de travesías…-
- Yo creí que…-
- Él ha sufrido mucho, Myst. Tú no tienes idea. Delegar el titulo por el que tanto luchó al poco tiempo de haberlo ganado, la perdida de un ser querido…-
- Sigue- le dijo la otra con suavidad -Quiero oírlo todo…-
- No sé que más decirte, en realidad creo que tú lo sabes todo tanto como yo-
- Si… lo de su madre-
- Lo de Deliah fue terrible. Creo que apenas logró reponerse a ello…- hizo una pausa -Por eso merece ser feliz, y voy a hacer hasta lo imposible para lograrlo- le sonrió.
Misty le devolvió la sonrisa sin saber porqué. Se levantó y empezó a juntar las tazas y los platos.
- Deja, yo lo hago- May se había incorporado también y le quitaba las cosas de las manos.
- Pero…-
- No me hagas sentir como una inútil, no puedo estar sentada mientras tú haces todo- le explicó con un gesto avergonzado -Te sugiero en cambio que ayudes a Ash. Estoy segura de que a él le encantará compartir sus actividades-
- ¿Tú crees?-
- Desde luego. Tal vez tú seas capaz de domar a su querida 'esposa'-
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'Ahora May debe estar hablándole de mí…' Ash suspiró cerrando los ojos. Como si su vida pudiera ser tan interesante para alguien. Meneó la cabeza.
Estaba dentro del cerco completamente inmóvil en un extremo, mientras aquella yegua lo observaba con desconfianza desde la cerca opuesta -¿Por qué me tienes miedo?. Creo que te he demostrado de todas las formas posibles que no te voy a hacer daño- le dijo en voz alta y clara.
El animal ni se conmovió con sus palabras, agitó la cola con precaución y relinchó.
Ash se dio la vuelta y tomó una vieja manta tejida con hilos de varios colores que descansaba sobre la madera tras él. Se acercó al animal con confianza -Pondré esto en tu lomo, no tienes que asustarte- le explicó como tantas veces lo había hecho, extendiendo la manta ante los ojos de la potranca para que la reconociera. Había visto al profesor Oak hacer eso miles de veces en su granja; era la forma en la que amaestraba a sus propios ponyta, y por supuesto sabía que daba resultado. Sin embargo llevaba meses trabajando de aquel modo con la yegua y sus esfuerzos aún no habían dado ningún fruto.
Ella lo miró fijamente mientras se le acercaba con el lienzo en las manos, agitó las crines suavemente; y apenas el objeto le rozó el lomo se sacudió violentamente. Metió la cabeza entre las patas delanteras y se arqueó de modo instintivo, dando coces y saltos cerrados. Siguió otorgando patadas al aire por varios segundos más, pero al ver que la manta yacía en el polvo, pisoteada, se detuvo.
Jadeante, volvió a relinchar victoriosa, y se alejó al medio galope hasta el bebedero.
Ash apretó los puños a los costados de su cuerpo, se negó a sentir rabia hacia ella -¿Por qué…?- preguntó frustrado y se inclinó a recoger el lienzo del suelo. Lo sacudió.
- ¿Puedo ayudar?-
La cantarina voz femenina le erizó los pelos de la nuca. Se giró. Misty estaba apoyada en la valla y lucía preocupada. El sol de esa hora bañaba su cabello como oro bruñido. ¿Desde cuando estaba allí?
-¿Puedo ayudar?- repitió con suavidad.
- Solo si puedes hacer milagros-
- No puedo hacer milagros, pero puedo cantar- confesó algo avergonzada -Se dice que la música doma a las bestias salvajes…-
- Adelante- extendió las manos abiertas en derrota. Aunque se guardó de comentarle que su sugerencia le parecía algo infantil.
Misty miró al animal con aire pensativo. Luego comenzó:
Mujer con el corazón herido
No siempre el amor llega para hacer daño
Tal vez había una lección que aprender
Muy pronto sanarás y volverás a ser feliz
Y esto será un sueño, un recuerdo
Que ya no te dolerá…
Su voz era suave y diáfana. Crecía con facilidad y brotaba sin esfuerzo de su garganta. No pudo evitar mirarla con ojos desorbitados. No imaginó que Misty escondiera esa voz tan dulce, tan suave. Cada verso arrancaba un escalofrío de su espalda y le erizaba los cabellos. A la yegua debía de ocurrirle algo semejante porque alzó la cabeza y la miró fijo. Sus orejas se arquearon y dio un paso vacilante hacia ellos.
Muy pronto sanarás y volverás a ser feliz.
Repitió con dulzura y su voz se elevó en un complicado arreglo que a Ash le pareció mágico. El último verso murió en los labios femeninos con suavidad y de pronto descubrió que May, Alex y pikachu se habían acercado a la cerca para presenciar aquel concierto improvisado.
- Cantas muy bien- May dijo con sinceridad -Tienes una voz hermosa-
- Gracias- Misty pareció más avergonzada que halagada, bajó la cabeza mirando sus zapatillas.
Él quiso decirle lo mismo. Que su voz le parecía mágica y maravillosa, pero las palabras se atoraron en su garganta. La yegua continuaba inmóvil mirándola, y su aspecto huraño parecía haber desaparecido de momento.
- Parece que sirvió- dijo en cambio sonriendo -Tal vez podamos repetirlo…-
- Claro- Misty agregó rápidamente comprendiendo aquel torpe intento de elogio que se escondía tras sus palabras.
- ¡Te dije que mamá Misty podía curar a Bonita!- exclamó Alex a los gritos -¡Canta otra vez!-
- ¿Bonita?- May repitió en un susurro acariciando su vientre. Seguramente el bebé estaría moviéndose en sus entrañas -¿Ese es el nombre que le has puesto?-
Ash meneó la cabeza -Es como Alex la llama-
- Oh- la morocha sonrió otra vez. Esta vez una mueca traviesa apareció en sus labios -¿Qué nombre le darías tú, Myst?-
Ash se sonrojó violentamente mientras le dirigía una mirada de advertencia a la impertinente May.
Misty observó al animal con obvio cariño. Su expresión se suavizó sobremanera, al igual que la rosada curva de sus labios.
- Hechizo de Sirena-
Eso fue todo, pero Ash fue plenamente consciente que aquel nombre quedaba grabado a fuego en aquella yegua. Y que de ese día en adelante aquella soberbia criatura tenía nueva dueña.
- ¡Es un nombre bonito!- Alex volvió a exclamar dando un salto. Tomó la mano de la joven y añadió -Canta otra vez mamá Misty-
- Si por favor. Al bebé y a mí nos agradaría escucharte de nuevo- May asintió.
'Por favor' Ash le imploró en silencio. Su voz tenía sobre él un efecto hipnotizante. Lo relajaba y le hacía pensar que el mundo era un lugar hermoso y bueno.
También le hacía anhelar cosas de su vieja vida. Como el calor de las fogatas en una fría noche de invierno durante alguno de sus viajes de entrenamiento pokémon, o el olor de las pastas recién preparadas que su madre cocinaba para él cuando permanecía esos intervalos de descanso en su casa.
Hizo un gesto negativo con la cabeza. Todo ese mundo se había venido debajo de repente.
'Es una enfermedad incurable Ash… Lo siento, hijo…'
Después de aquello siempre había tenido miedo de anhelar demasiadas cosas, miedo de volver a ser blando, miedo de perder el control sobre el mundo cuidadosamente aislado que había creado a su alrededor. Y también, quizás miedo de volver a amar.
- Por favor canta Myst- May asintió cerrando los ojos y restando las manos en su vientre redondo.
Misty miró el cielo azul sobre su cabeza.
Cuando llegue aquel día,
Y descubra que ya no eres una niña,
Cuando te vea mujer,
Entonces te amaré…
La letra era más profunda que la anterior canción. Ash sintió que su corazón detenía los latidos, para luego emprenderlo en un ritmo desbocado. Parecía que cada verso lo abofeteaba como una cruel broma. Ese pequeño párrafo estaba dirigido a él. A él.
Te amaré hasta que deje de ser niña
Y después… su corazón quiso gritar. Sin embargo su mente -sabía, reservada- se resistía a ceder el lugar tan fácilmente y salió en defensa de sus sentimientos; lo obligó a interrumpirla sin misericordia, deseoso de emprender la retirada.
- Iré a hacer algunas llamadas. Tal vez pueda localizar a Tracey y explicarle lo que ocurre…-
Misty le sonrió agradecida -¡Sería genial!-
- Lo imaginé- Ash le dio la espalda y se alejó rumbo a la casa levantando una pequeña nube de polvo a su paso. Alex decidió irse tras él, lo agarró de la mano con ternura y respeto e imitó su andar seguro y confiado.
- Está completamente encantada con él- Misty dijo en voz alta -Parece ser recíproco…-
- ¿Tracey?- May preguntó confundida arrugando el entrecejo como con disgusto.
Misty la miró sin verla realmente. El sol comenzaba a quemar con fuerza y le preocupaba su estado delicado si seguía exponiéndose al calor excesivo. Observó la sombra ligera que proyectaban un grupo de árboles a su derecha, los cuales no parecían estar muy lejos de su alcance. Los señaló con un movimiento de cabeza -Será mejor que busquemos un lugar fresco. Por ti-
May asintió y ambas caminaron hacia allí. El lugar era perfecto. Los pinos frondosos y el perfume de las piñas se extendía en el ambiente.
- ¿Qué tiene que ver Tracey?- volvió a preguntar.
Misty observó la hierba pisoteada baja las suelas de sus zapatillas -Tracey es el padre de Alex-
Los ojos de May se abrieron desmesuradamente ¿Quién lo hubiera creído? -¿Cómo fue capaz de abandonar a su hija?-
- Él no la abandonó, May. Existieron muchos errores y malentendidos en el medio, Tracey recibió la peor parte; su paga fue separarse permanentemente de la pequeña-
- Y de ti- completó con naturalidad.
- ¿De mí?- Misty la miró sin comprender, May asintió con un gesto rotundo, se vio obligada a explicar -Alex no es mi hija, es mi sobrina-
- ¿Cómo?- parpadeó tratando de formular correctamente las preguntas que llovían en su cabeza -¡Pero te dice mamá!-
- Lo cierto es que pasó más tiempo conmigo que con su madre biológica. Daisy la adora, pero decididamente no está preparada para ser una madre competente…-
- Lo entiendo, tú ocupaste permanentemente ese lugar…- May suspiró con alivio para luego echarse a reír con evidente gracia -Ash cree que tú eres la madre…-
- Lo sé. Aún no lo he liberado de su error-
-Y prefiero que siga así. ¡Es más divertido!-
Misty arqueó las cejas ante sus palabras, pero la otra joven la ignoró.
- Ahora que sé toda la verdad te ayudaré en todo, Myst. Realmente eres muy valiente, y te envidio-
- Yo sé lo que es crecer sin un padre May, y no quiero que Alex pase por lo mismo. No me envidies, estoy segura que tú en mi lugar habrías obrado de igual manera-
May no dijo nada solo la abrazó con fuerza, sus ojos azules se humedecieron mientras intentaba transmitirle toda la confianza que necesitaba para dar los siguientes pasos.
- Gracias May- dijo Misty con suavidad, ahogando las palabras contra el cabello castaño.
- No tienes que agradecer, en todo caso soy yo la que tendría que darte las gracias a ti -rió brevemente enjugándose los ojos.
- ¿Por qué?-
- Porque me has hecho concebir las esperanzas de tener un final feliz-
- ¿A que te refieres?-
- Pronto lo sabrás- volvió a reír. Su risa era contagiosa -Por lo pronto ocupémonos del almuerzo antes de que a Ash se le ocurra cocinar guisantes, u otra comida de campamento-
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Nota:
Las canciones las hice yo (no se rían ante mi escasa creatividad! Realmente soy un desastre a la hora de crear poesía u.u), y el nombre de la yegua me llevó días y días pensarlo, espero no haber 'quemado' el nombre de algún futuro fic, o el nick de algún autor, pero lo cierto es que me encanta ese nombre 'Hechizo de Sirena' aunque lo consideren muy cursi!.
Bueno, voy a seguir quemando mis neuronas y cantando 'Viento recio' que es la canción que me inspiró para hacer este chap! (eso y la excesiva parranda de estos días, cielos hacía mucho que no me divertía tanto! n.n)
lunes, 28 de abril de 2008
Tierra Audaz
Capítulo 02.
- Ven aquí, cariño- Misty extendió las manos, tenía las mangas de la camisa arremangadas hasta la altura de los codos. Alex estaba sentada, quieta, en el centro de una bonita bañera de porcelana llena de agua tibia -Ven, cariño, pronto te sentirás mejor…-
Alex le extendió los bracitos y Misty la tomó, envolviendo su pequeño cuerpecito en una inmenso toallón blanco que el dueño de casa le había facilitado. Caminó con ella, saliendo del cuarto de baño -sencillo, rustico- y siguió por un corto pasillo, cuyo suelo de madera retumbaba bajo sus pies.
- ¿Pikachupi?- el pequeño roedor apareció tras una de las puertas, y le hizo señas de que entrara a la habitación.
Misty lo siguió. Era una habitación sencilla, pintada de blanco, y aunque las paredes estaban desnudas, la cama era bastante amplia y parecía cómoda. Su equipaje estaba allí.
- Gracias pikachu- le acarició la cabeza al animal y sentó a la niña en el medio del lecho. La cubrió bien con la toalla, y abriendo su maleta, sacó varias prendas para vestirla.
El roedor se había acercado a la ventana, y desde ahí miraba hacia fuera. Sus orejas estaban bajas en señal de decepción. Misty lo observó por encima de su hombro, mientras vestía a Alex.
- ¿Está ahí afuera?- preguntó en un susurro.
No necesitó que el pokémon le respondiera. Sabía de antemano la respuesta.
- Está evitándome ¿cierto?- secó el cabello de la niña con suavidad, mientras apoyaba la cabeza húmeda en su pecho -Pensé que se había alegrado de verme…- sonrió con tristeza.
- Así que de verdad eres tú…- ella se había acercado hacia él, extendiendo su mano. Sonreía y el sol de la media tarde sacaba destellos de fuego a su largo cabello.
- Misty…- soltó inseguro. Pero fue más para si; como para cerciorarse que no había olvidado su nombre luego de tantos años. Miró su mano extendida y vaciló un poco antes de estrechársela. No es que el peso de la niña le incomodara -ella era liviana como una pluma-, era más bien como si temiera lo que pudiera ocurrir si tomaba esa mano pequeña entre las suyas.
- ¿Cómo has estado?- prosiguió, mostrándole otra vez esa tentadora sonrisa que por dentro lo perturbaba.
- Bien, ¿y tú?-
- Bien- ella asintió, y dando una media vuelta observó el verdor esmeralda que los rodeaba -Había olvidado lo hermoso que es este lugar…- Ash asintió, aunque no eran los alrededores lo que estaba viendo -No creí que tú siguieras aquí… Te imaginaba en la ciudad, en una oficina tras un escritorio, ostentando el titulo que tanto te costó poseer, y que tan abruptamente has delegado a otro…-
- Veo que no estás tan desligada del tema- alzó una ceja acompañando la afirmación.
- Hay algunas noticias que logran filtrarse. Yo aún sigo siendo líder de gimnasio, y esa noticia alborotó a toda la Liga, puedo decirlo-
- Oh- a él no pareció importarle, miró a la niña que sostenía en sus brazos. Las pequeñas mejillas estaban coloradas y sus ojos verdes parecían grandes y húmedos, pero no dejaban de verlo con fascinación -Será mejor que entremos ya, tu hija necesita un baño tibio y una aspirina con urgencia-
Ash entró a la casa y Misty lo siguió sin decir palabra. Por dentro era tal y como ella lo había imaginado; simple, rústico y cómodo. Él acercó una silla y sentó a la pequeña ahí, luego desapareció tras una puerta, Misty alcanzó a ver un refrigerador así que presumiblemente aquel lugar fuera una cocina.
- ¿Cómo te sientes, Alex?- preguntó con ternura inclinándose junto a la pequeña y acariciando sus cabellos negros. Esta solo se acercó a ella y apoyó la cabeza en su pecho -Pronto te sentirás mejor- le prometió aflojando el nudo de sus zapatillas y quitándoselas.
Para ese entonces Ash volvió con un vaso con jugo de naranja y una cucharita.
- Trocé una aspirina- dijo acuclillándose junto a la joven y extendiéndole la cuchara para que le diera el medicamento. Observó con atención como animaba a la niña a abrir la boca y a tragarse aquel polvo blanco que acompañó con un largo sorbo de jugo. Luego de lo cual la felicitó estampándole un suave beso en la frente.
- Puedes darle un baño con agua tibia- él sugirió, todavía conmovido ante la escena maternal que había presenciado.
- Si, sería perfecto. ¿Puedes indicarme donde está el baño?-
- Sígueme- otra vez alzó a Alex y se limitó a recorrer la estancia hasta detenerse frente a una habitación, cuyas paredes azulejadas se dejaban entrever por la rendija de la puerta entreabierta -No te preocupes por tus cosas, te las traeré…-
- Pero…- Misty lo miró abriendo sus ojos -No queremos serte de molestia, Ash. Podemos ir a un hotel o…-
Él no respondió, la estudió fijamente por unos segundos antes de entregarle a la niña y pasar junto a ella apresuradamente -Las toallas están en el closed. La casa no es muy grande pero puedes instalarte en la habitación de invitados. Pikachu te la mostrará… Yo… iré a traer tu equipaje-
Y antes de que Misty pudiera decir algo más, Ash ya había desaparecido…
Deslizó los dedos por la mejilla regordeta de Alex y advirtió aliviada que su temperatura era normal. Ladeó la cabeza para verla, y descubrió que se había quedado dormida en su pecho mientras estaba perdida en su mundo de recuerdos.
La acunó unos segundos, antes de correr las mantas de la cama, y acostarla. Pikachu estaba sentado en una esquina del colchón y la miraba minuciosamente, primero a ella, y luego extendía sus diminutos ojos marrones hasta la pequeña, como si estuviera escaneándolas.
- ¿Pikachu, puedes cuidarla en tanto yo hablo con Ash?-
El roedor asintió entusiasmado y se acomodó en el colchón tratando de no despertar a Alex. Misty le acarició la cabeza, y luego salió.
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Aún quedaban pocas horas de sol, según lo que podía ver en los trazos del cielo. Ash meneó la cabeza disgustado. Eso significaba que le quedaban solo algunos momentos más antes de enfrentarse otra vez con ella.
Ella…
Su corazón pegó un brinco en su pecho, maldiciendo la suerte que la llevó a ponerla en su camino de nuevo. Al parecer alguien allá arriba estaba tan ensañado con él que persistía en traer cosas de su pasado a su tranquilo y sereno presente.
Frunció los labios, y observó el auto azul que recientemente había traído de la carretera. Era un modelo antiguo, y aunque viejo, se conservaba en buen estado. Viéndolo detenidamente no rimaba con Misty -o con la nueva personalidad que le habían dicho que tenía- ella hubiera preferido un descapotable, un deportivo. Algo llamativo y costoso.
Su apariencia actual tampoco hacía justicia a la imagen mental que se había hecho de ella al pasar los años. La imaginaba elegante, sofisticada, cosmopolita. Llena de todos esos atributos refinados que una mujer de mundo debía tener.
Sin embargo se había presentando ante él vistiendo con simpleza, al natural. Con un automóvil todavía más simple…
Y sin embargo a él le gustaba así. Simple, libre. Le recordaba a la niña despreocupada que solía acompañarlo en su viaje Pokémon. A esa adolescente generosa y enérgica que lo enloquecía de las más diversas formas.
Sacudió la cabeza al advertir el hilo que tomaban sus pensamientos. No era bueno que sus ideas empezaran a revoletear en torno a su reciente invitada, ya le resultaba demasiado incómoda esa situación si encima le sumaba el hecho de que aquella era una mujer con compromiso.
Con una hija más específicamente. Una niña que sin duda contaba con un padre en algún lugar del planeta.
- Hola otra vez-
No se sobresaltó al oír su voz. Fue como si hubiera sabido de antemano que Misty iría a verlo. Se giró.
- ¿Qué ocurre?. ¿Le pasó algo a la niña?-
- No, ella está durmiendo. Su fiebre parece haber disminuido- caminó hacia él.
- ¿Entonces qué, la habitación es incómoda para ti?. ¿Necesitas algo más?-
Ella lo estudió fijo algunos segundos -¿Realmente deseas que estemos aquí?. Alex y yo podemos ir al pueblo y buscar una posada…-
- Sería completamente descortés de mi parte- la interrumpió -Además, creo que aún somos amigos ¿cierto?- fue una pregunta retórica, y sin embargo dio vistazos furtivos a su mano izquierda. No, no había ningún anillo comprometedor - Y los amigos tienden a ayudar en las situaciones difíciles-
Una débil sonrisa se dibujó en los labios femeninos en forma de agradecimiento. Vio su viejo auto y caminó hacia él poniendo las manos en los bolsillos -Gracias por traerlo, Ash. Así como lo ves, representa parte de mi patrimonio -se echó a reír observando con cariño a su vehiculo -Soy una Líder de gimnasio bastante modesta-
- Indigente, diría yo- él se unió a su tono de broma, notando que aún seguía vestida con la misma ropa de su llegada -Yo te imaginaba portando diamantes, y viajando en limousine-
- Te has hecho una imagen bastante distorsionada de mí, ¿eh?-
Dejó de sonreír, y un tono serio siguió a sus palabras -Desapareciste por casi cinco años… ¿Qué imagen querías que me hiciera?-
Misty lo miró -No desaparecí. Siempre estuve en el gimnasio. La vida ha sido demasiado dura para nosotras ahí dentro -
- No solo para ti- comentó en voz baja. Detrás de ellos había una enorme vaya de madera y Ash se apoyó de espaldas a ella. El silencio volvió a extenderse.
- ¿Qué es este lugar?- Misty miró con atención el cerco redondo que los rodeaba y que se extendía hasta una edificación más pequeña en la que no había reparado antes.
Él se dio la vuelta y dejó caer los brazos al costado de la madera, sonrió levemente y su mirada se fijó a lo lejos, en las praderas vírgenes -Tú hablaste de patrimonio y de cambios-
-¿Si?- lo animó.
- Yo también poseo un pequeño patrimonio…- cerró los ojos -Solo que está algo… como decirlo, loca-
Misty lo miró sin entender, extendió los brazos también sobre el cerco, al tiempo que Ash emitía un silbido largo y agudo.
Pronto la elegante silueta de un animal se hizo presente ante sus ojos, salió trotando de aquel edificio y dio una vuelta de reconocimiento dentro de la vaya. Era una hermosa yegua que se notaba que aún estaba en sus épocas de potranca. Una ponyta. Pero no cualquier ponyta, su pelaje era tan blanco como la nieve, las crines de su cuello y cola eran largas y se teñían de varios matices de rojos y naranjas. Pero lo más sorprendente -y llamativo- eran sus ojos; grandes, de un cristalino azul mar.
El animal examinó a los dos individuos con recelo, y relinchó con desconfianza alejándose al otro extremo de la cerca. Hundió la cabeza en el bebedero mientras nerviosamente agitaba las crines de su cola.
- ¡Oh Ash es hermosa!- Misty exclamó con sinceridad, los ojos brillantes y una sonrisa en los labios. Con determinación se apoyó en la cerca y estuvo a punto de saltarla con la obvia intención de ir a su encuentro.
- No Misty- Ash la frenó sujetándola del brazo con firmeza, sus huesos eran pequeños y delicados, no parecía tener la fuerza habitual de una curtida muchacha de campo para manejar un caballo al galope -Aún no está domesticada. Es huraña. Da patadas, muerde y golpea. Está loca-
Misty observó al animal con admiración. Nunca había visto un caballo erguirse con tanta sutileza y elegancia, revoleando sus crines al viento y brillando como fuego bajo el sol. Le parecía exótico y maravilloso.
- Tú eres el que está loco- dijo dedicándole una ojeada de soslayo -Porque se nota que aún así adoras a esta yegua-
Él asintió -Supongo que siento debilidad por ella. En cierta forma su carácter me recuerda a alguien- dijo sin pensar.
- No lo dudo- observó el cielo. Comenzaba a teñirse de colores oscuros y sombríos -Será mejor que vaya a ocuparme de la cena, Alex puede despertarse de un momento a otro-
- ¿Eso quiere decir que has aprendido a cocinar?- Ash estuvo a punto de dejar escapar una risita. Sin duda recordaba aquellos fracasos culinarios, allá cuando era adolescente.
- Con una niña en la familia no tienes idea de todo lo que he aprendido…-
La sonrisa de él murió -Claro, lo imagino-
- ¿Te espero para cenar?- ella alzó una ceja al notar el cambio de ánimo.
- No sé a que hora me desocuparé de aquí, aún tengo mucho que hacer. Lo mejor es que tú y tu hija cenen sin mí, ella es pequeña y…-
- Te esperaremos- echó a caminar hacia la casa dejando zanjado el asunto.
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Abrió el grifo del agua y dejó que esta se regara sobre su cuerpo junto al jabón de glicerina cuyo perfume a limón se mezclaba con el del champú. Levantó la cara hacia la lluvia artificial y cerró los ojos, sintiendo que su cabeza, su cabello se refrescaban, y que todo su inquieto ser se apaciguaba bajo el suave cantar del liquido.
Sin duda un baño era lo que necesitaba para sentirse mejor y calmar esa ansiedad extraña y poco característica en ella, que obviamente tenía que ver con ese lugar y con los recuerdos del pasado.
Abrió los ojos un segundo sintiendo la espuma disolverse de su cuerpo 'Esto parece ironía del destino' se dijo con amargura. No había sabido nada de su paradero por años, y de repente terminaba encontrándose con él y hospedándose en su casa… Lo que le recordó el hecho que inicialmente la había llevado a Pallet Town. No podía demorar por más tiempo el asunto de la pequeña, y a pesar de que encontrarse con Ash era algo con lo que había soñado miles de veces, Alex era una prioridad mucho más importante -urgente- que un viejo amor que pertenecía al pasado, y una niña que abarcaba su presente y todo su futuro.
Soltando un suspiro cerró el grifo del agua. Tomó una toalla blanca y la envolvió alrededor de sus curvas, notó como esta fue empapándose gradualmente al contacto de su cuerpo. Secó el vapor del espejo y se miró; estaba pálida y sus mejillas rosadas debido al reciente contacto con el agua, su cabello lucía oscuro y completamente lacio. Anudó la toalla a un costado, recordando cuanto había anhelado un baño apenas hubo visto al joven, y sin embargo ahora que ya se lo había dado no podía decir que se sintiera más segura de sí misma.
Se secó con rapidez teniendo muy presente que todavía no había preparado la cena. Se puso una larga camisola estilo oriental de color blanco y un jean negro aún más gastado que el anterior. Entró a su habitación en puntillas viendo con tranquilidad que Alex seguía durmiendo, se acercó al pequeño roedor y le hizo un gesto de agradecimiento. Luego se sentó en una esquina de la cama a desenredarse el cabello, terminado lo cual se lo recogió en un rodete el cual ciñó con un fino palillo de madera.
Al menos de apariencia estaba mucho mejor que a su llegada.
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Las cosas habían salido bastante bien hasta ahí, Misty tuvo que reconocerlo. Su auto ya estaba a disposición nuevamente, Alex estaba descansando en un lugar cómodo, ella estaba limpia y más optimista respecto a todo, y Ash se había mostrado muy cortés y considerado.
Todos esos detalles lo hacían merecedor de la pequeña cena que se estaba cociendo en el horno. La heladera estaba llena y las alacenas bien provistas -en eso se notaba la mano femenina-, y conociendo a Ash, él no se preocuparía en comprar nada. Todavía recordaba con nitidez aquellas ocasiones en que ella ayudaba a Brock con las compras y la cena, mientras Ash se 'lavaba las manos' de todo lo que tuviera que ver con 'llevar una responsabilidad'. Gruño inaudiblemente, considerando esos detalles se preguntaba como haría Ash para mantener limpia esa casa. Aún no le había dicho si existía alguna 'señora Ketchum', lo cierto era que no había reparado en su mano, pero imaginarse al joven casado era tan extraño como imaginar que ella pudiera ser madre.
Se rió de su propia ocurrencia, al tiempo que recordaba lo que se estaba cocinando en el horno. Se colocó las manoplas y abrió la portezuela. Aun faltaba tiempo para que el queso se derritiera. Por ende le quedaba tiempo para poner la mesa.
Cuando el teléfono comenzó a sonar.
Movió la perilla de cocción al mínimo y se alejó de la cocina preguntándose desde cual lugar de la casa sonaría aquel aparato.
Tardó bastante en hallarlo, iba por el sexto llamado cuando atendió.
- ¿Hola?-
Del otro lado hubo un largo silencio que le hizo recordar que 'esa' no era su casa, y por supuesto aquel no era su teléfono.
- ¿Hola?- repitió con más educación notando por primera vez la habitación en la que se encontraba. Era una pequeña biblioteca. Había una computadora portátil a un lado, y contra la pared del fondo una repisa llena de trofeos. Reconoció entre ellos el de la Orange League.
- Hola, lo siento. Creo que me equivoqué de número- finalmente una joven voz femenina respondió.
- Esta es la casa de Ash Ketchum- se apresuró a agregar.
- ¿Si?-
- Si-
- Oh…-
Sin duda la mujer parecía haber sufrido una gran impresión. Misty se preguntó si no se habría desmayado por su culpa.
- Escucha ¿podrías darle a Ash un mensaje?-
- Claro- genial y encima iba a inmiscuirse más en la vida del joven. Ash iba a agradecérselo con todas sus fuerzas…
- Dile que May ha llamado, y que en un par de horas lo llamaré otra vez. Dile que algo grave ha acontecido en Cerulean City. Muchas gracias…-
El rostro de la joven pelirroja perdió su color al oír el nombre de su ciudad natal, tardó varios minutos en identificar con quien estaba hablando.
- ¿May?. ¡May soy yo, Misty!- pero solo oyó el tono muerto de la línea. May ya había colgado.
Salió de la biblioteca algo preocupada. ¿Qué podía ser tan grave que ocurriera en su ciudad como para que llamaran a Ash?. Estaba segura que tenía que ver con ella y la niña.
Al parecer Lily y Violet no habrían podido con Daisy. De las tres era la única que podía llegar a hacer algo, y al parecer lo primero que se le había ocurrido fue alborotar a toda la liga Pokémon. '¿Es que acaso no lo entienden?' quiso gritar de frustración 'Alex también tiene derechos, y aunque sea pequeña para darse cuenta de ellos, yo no dejaré que crezca sin ver a su padre. No cuando yo sé lo que es crecer sin uno… Ella tiene derecho a verlo'
Sus pies la habían llevado de nuevo a la cocina, allí se detuvo momentáneamente sin saber que hacer.
- ¿Mamá Misty?- una pequeña silueta apareció en el umbral detrás de ella refregándose los ojos. - Hola cariño- la joven fue hasta allí y se inclinó tocándole con suavidad la frente. Su temperatura seguía normal -¿Te sientes mejor?-
- Ajap- volvió a refregarse los ojos, acompañándolo de un ligero bostezo.
Misty sonrió y le acarició el cabello -Vamos al baño, te lavaré la cara-
- ¡No!- protestó la niña sacudiendo la cabeza -Yo. Yo lo haré, pikachu me acompañará- el roedor se veía por sobre su hombro -Yo soy grande-
La joven no pudo menos que sonreír ante esa fuerza de carácter que le recordaba tanto a sí -Muy bien- asintió.
La pequeña se alejó correteando, seguida del infaltable pikachu. Ella se permitió suspirar con alivio. Ver a Alex así era lo único que pedía; que fuera feliz, despreocupada. Después de todo ya tendría edad suficiente como para afrontar los problemas que la rodeaban, hasta entonces que su niñez fuera llena de sonrisas y puestas de sol.
Se tranquilizó y soltó el aire que no sabia que estaba reteniendo. Se acordó de la cena y apagó el horno. Luego se dedicó a abrir puertas buscando los platos y los cubiertos. Había dispuesto todo junto a la mesada de mármol, cuando la puerta principal se abrió y Ash entró con aire resignado.
- Hola- ella le sonrió al joven.
- Hola- se apoyó algunos segundos contra la madera y la observó. Mantuvo dentro el gesto de sorpresa al ver su cambio de vestuario, en lugar de eso se dedicó a oler el aire -¿Qué es eso que huele tan bien?-
- Es la cena… hice pizza-
- ¿Pizza?. ¿Me has hecho pizza?- parecía un adolescente diciendo eso y se encaminó con esa misma expresión infantil hasta la puerta del horno.
- Tienes tiempo a lavarte si lo deseas, aún no termino de poner la mesa-
- Claro- él se volvió y le sonrió ampliamente, agradeciéndole con ese gesto el que hubiera elegido su comida favorita para cocinar.
Rodeó la mesa y salió hacia el pasillo todavía manteniendo aquella sonrisa de adolescente como si nunca le hubieran hecho la cena, cuando ella sabía que existieron muchas otras cenas antes que esa, cientos de platos suculentos, que no podían compararse con una triste y desgarbada pizza…
Su mente estaba metiéndose en un terreno muy extraño. De pronto se dio cuenta que se estaba comportando como la mujer dócil que espera en la puerta a que su marido vuelva a casa tras una larga jornada de trabajo.
¿Cómo podía ella disfrutar ese papel cuando siempre estuvo orgullosa de su independencia?. ¿Ella, que salía sola de los problemas, que dirigía un gimnasio sin ayuda de nadie, y que ahora estaba allí para darle el apellido que merecía a la pequeña Alex?.
Se irguió de hombros. Nada ni nadie podría echar abajo el autocontrol, la autonomía, la sensatez que la naturaleza le había dado. De eso estaba segura.
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- Esta está estupendo- Ash comentó con satisfacción dando una gruesa mordida a su porción.
Tenía el cabello húmedo y en la habitación flotaba el suave aroma de su loción. La muchacha trataba de no prestar atención a esos detalles.
- Estupendo- repitió Alex en voz alta sin quitar sus ojos de encima del joven. Misty no pudo menos que sonreír. La niña estaba embelesada con él.
Bueno ¿y quien no?. ¿Acaso ella no estaba también embelesada con él…?. Sintió sus mejillas enrojecer parcialmente. Algo muy grave le estaba ocurriendo a la muy sensata Misty.
- Tendré que darte un premio por esto- Ash siguió diciendo con sincero entusiasmo, dándole otra mordida a la nueva porción que tenía en la mano.
- Premio a mamá Misty- Alex asintió y Ash le guiñó el ojo con ternura, luego se inclinó y le sirvió jugo de naranja en el vaso.
- Alex, cariño ¿que se dice?- Misty la miró con seriedad.
- Ah, sip. Gracias papá-
- No, no ¡Alex!- sintió una especie de dejabu, junto a un profundo bochorno. Se giró a él que seguía muy impresionado -Ash lo siento…- la miró, varias arrugas cruzando su frente -la niña es pequeña y no sabe lo que dice…-
- Eso lo entiendo-
- Además creo que está algo encandilada contigo…- sonrió rogando que el entrecejo de él se suavizara.
- Porque no tiene padre ¿no es cierto?. O si lo tiene…- el rostro de la joven se puso pálido - ¿Por eso viniste hasta aquí…?. Recuerdo que mencionaste que venías a ver al profesor Oak…-
- No creo conveniente mantener esta conversación delante de ella- consiguió decir con voz temblorosa -Los niños no son culpables de las decisiones de los adultos-
¿Por qué de repente le parecía que lo decía por él?
Estaba a punto de acotar algo cuando en ese instante el teléfono empezó a sonar. Ash se levantó mirándola y cruzó la cocina. De un mueble que ella no había visto tomó un teléfono inalámbrico de color blanco.
- Oh, olvidé decirte que llamó May…- repuso Misty inocentemente mientras mordía su porción de pizza.
Él la miró con desagrado. Le decía con toda la tranquilidad del mundo que había llamado May, como si contestar el teléfono en su casa no trajera consigo todo tipo de repercusiones. Miró el tubo que tenía en la mano, podía dejar que sonase y sonase, pero conociendo a May (y sabiendo de antemano que era ella) no descansaría hasta averiguar quien era la compañía femenina que la había atendido.
- Hola- contestó finalmente saliendo -Si May, imaginé que eras tú ¿Quién más podría molestar a esta hora?. Estoy cenando…-se quedó en silencio -¿Qué ha ocurrido qué?. No, no puedo creerlo… ¿Cuándo…?-
Misty lo oía a pesar de que se había ido de la cocina, pero; o bien tenia un oído muy agudo, o el joven estaba hablando casi a los gritos. Escuchó los pasos que volvían y temió lo peor. Él apareció en el umbral y la miró fijamente, por un momento sus ojos parecieron tan negros como el pedernal.
- Adivina que May, ella está aquí… -la joven del otro lado chilló tan fuerte que tuvo que quitarse el auricular del oído. Ash miró hacia el techo con resignación ¿Por qué tenía que ser tan bulliciosa?. Dirigió su atención a la pelirroja; sus ojos habían aumentado el doble de tamaño haciendo su rostro más pálido, y la nueva porción se había quedado olvidada en su mano alzada, dividida entre llevarla a la boca o ponerla nuevamente en el plato. Estaba absorta mirando y comprendiendo todo.
- Misty fue quien te atendió antes, si… ¿Qué?. ¡Por supuesto que no!. ¿Cómo crees?. No, no lo sabía de antemano…No, no sé… La niña también está aquí, si, es hermosa…- sonrió a Alex quien le devolvió el gesto - Te he dicho que no lo sé… ¿¡Como voy a preguntar eso!?. Es un tema que no me concierne… No, no creo que debieras en tu estado… Bueno, si quieres…- suspiró -Está bien, adiós-
Dejó el teléfono en la mesada y se volvió lentamente. Misty estaba en la misma posición de antes, la porción de pizza -fría para este entonces- en su mano alzada. Los labios ligeramente entreabiertos, los ojos grandes y sorprendidos parecían dos trozos de zafiros de lo oscuros que estaban.
- Era May- dijo sencillamente. Se sentó junto a Alex viendo que ya no comía y la observó con ternura, la pequeña también lo veía fijamente -¿Te apetece una manzana?-
Esta asintió vigorosamente.
Él se levantó y abrió la heladera, sacó dos frutos rojos y se los tendió -Uno para ti, y otro para pikachu. Ve a dárselo y prepárate para ir a la cama-
La niña se bajó obediente y tomó las dos manzanas. Sonrió a ambos adultos y desapareció por la puerta corriendo ruidosamente.
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Misty se sentía a la deriva.
Ahora era el momento en el que Ash le pediría explicaciones. Entendía de sobra que aquel llamado tenía que ver con lo que ella había hecho. Se ordenó calmarse y actuar con sensatez. Dejó la pizza en su plato y con gran tranquilidad se sirvió jugo de naranja, lo bebió con lentitud, y tras dejar el vaso vacío en la mesa, se dirigió a él.
- Dispara- le soltó sin rodeos, con calma.
- May me llamó- él volvió a tomar asiento frente a ella -Dijo que te habías llevado a la niña de Cerulean City y que tus hermanas armaron un escándalo por eso…-
- Lo imaginé-
- Lo que no entiendo…- Ash la miró- Es el porqué tendrían que armar un revuelo si…-
- Yo no avisé que me iría- confesó con algo de culpa, interrumpiéndolo -Simplemente un día me harté de la situación y me fui. Lily y Violet me apoyaron, pero Daisy…- suspiró y se sirvió más jugo, lo bebió -Daisy no entiende nada que vaya más allá de si y su imagen… Y la niña necesita conocer a su padre, algo de lo que la han privado desde que nació…-
- Por eso estás aquí-
- Si…-
- Y por eso estabas de camino hacia la granja del profesor-
Ella asintió y supo que Ash no se animaría a hacer la pregunta, así que se limitó a responderla -Tracey es el padre de Alexandra-
Él se hizo hacia atrás en la silla como si estuviera amortiguando una trompada, aquel había sido un golpe muy bajo de su parte -de la de ambos- Observó a la joven, sintiendo un nudo de frustración en su estomago.
- Tracey no volverá hasta dentro de una semana-
- Si somos de molestia, Alex y yo podemos…-
- No estoy diciendo eso- la interrumpió- Ya te dije que tu hija y tú pueden quedarse aquí el tiempo que sea necesario hasta que Tracey regrese. Pero puede que este se demore más de la cuenta-
Misty dejó entrever una débil mueca -Crees que Alex es mi hija-
- ¿Es una pregunta?-
- Es una afirmación. Crees que Alexandra es mi hija-
- Desde luego, me lo has demostrado de todas las formas posibles…- dijo acompañando la frase con un movimiento. Ella sonrió y él encontró muy complicado pasar por alto ese gesto agradable e infantil -¿O no?-
Misty apoyó los codos en la mesa, y acercando su tronco dejó caer la barbilla entre las manos, mantuvo un largo silencio antes de decir -Tú sabes la respuesta, Ash- él frunció el ceño -Tú más que nadie conoce la respuesta…-
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miércoles, 19 de marzo de 2008
Tierra Audaz
Capítulo 01.
'Este lugar me produce nostalgia'
La joven miró por la ventanilla de su viejo auto mientras este se desplazaba por la olvidada carretera, que se asemejaba a una retorcida cinta gris perdida entre llanuras y campos esmeraldas junto a centenares de árboles altos y pequeños de igual color.
El campo de Pallet Town seguía tan salvaje como recordaba, kilómetros y kilómetros de territorio virgen; hierba suave y praderas verdes.
Sonrió para sí y bajó la ventanilla para que el aire puro le diera en la cara. Olía a tierra, a sol y a algo más que no pudo definir.
- Este lugar sigue siendo maravilloso…- canturreó.
- ¡Puff!- dijo una infantil voz proveniente desde el asiento de atrás.
La joven observó por el espejo retrovisor la redonda cara de una niña de cuatro años. Observó su despeinado cabello negro y sus ojos -verdes, aguamarinos exactos a los suyos- se encontraron. Sonrió con obvio afecto.
- ¡Alex!. ¿Estas despierta?-
La pequeña asintió vigorosamente y la observó con sus grandes ojos claros. En su carita redonda resaltaban sus mejillas regordetas y sonrojadas, sobretodo cuando sonreía. Era una niña verdaderamente encantadora, excepto cuando no estaba de acuerdo con algo, lo cual era bastante frecuente.
- Yo despierta, mamá Misty-
- Si cariño lo veo ¿quieres que cantemos algo?-
- No- meneó su cabecita con firmeza -Yo libre-
- ¿Libre?- repitió sonriéndole.
- ¡Yo, libre, mamá Misty!-
'Libertad', pensó la joven. Eso era. La tierra aquella le hacia pensar en libertad y frescura… Y le traía tantos recuerdos…
- De acuerdo- contestó guiñándole el ojo -Alex y Misty son libres como el viento ¿Qué te parece?-
- ¡Sip!. ¡Libres!-
Ella se echó a reír y meneó la cabeza antes de consultar su reloj.
- Según mis cálculos, en cuarenta minutos estaremos en casa de tu papá ¿Qué te parece cariño?-
- Sip, papá. Yo, conocer a papá ahora-
- Claro que si- Misty asintió ocultando el manto húmedo que cubrió sus ojos por un segundo -Conocerás a tu papá en unos minutos-
La niña asintió en su asiento y se dispuso a canturrear alguna canción que recordaba de su programa favorito de televisión. Misty dejó de observarla por el espejo retrovisor y se encogió un poco en su lugar. Estaba cansada, hambrienta y se sentía fatigada y sucia. Parecía que hacía como una semana que estaban viajando, cuando la verdad era que solo llevaban un día. Un día en pleno verano tórrido.
Eso sumado a la presión y al stress que esa decisión a tomar le había causado. Al menos dos de sus hermanas la habían apoyado en esa empresa de recorrer 'medio país' para llevar a la niña con su padre. La tercera de las Waterflower no sabía nada, y Misty estaba segura que le había dado un síncope apenas las otras dos la hubieran puesto al tanto… Y bueno, darle a un padre el placer de conocer a su hija personalmente era el único pago que exigía para tamaño de viaje.
Suspiró y se quitó el cabello de los ojos. El aire fresco le aclaró la mente justo cuando las praderas verdes daban paso a algo de civilización. De todos modos no era mucha, solo pequeñas y pintorescas casitas que sumaban gracia y belleza al paisaje.
Sonrió, de veras se sentía a gusto en aquel lugar. Bueno, de algún modo Pallet Town siempre se las ingenió para tener ese efecto en ella. No en vano había pasado muchos años de su adolescencia visitando aquel lugar.
Aquello la hizo suspirar.
- Solo quince minutos más, Alex- replicó en voz alta y fijó la vista en la niña que se había vuelto a dormir.
Pero tenía las mejillas muy rojas, más de lo normal. Redujo la velocidad y bajó la ventanilla del lado de la pequeña. ¡Cielos!. ¿Estaría enferma?. Misty movió la cabeza con decisión y se consoló diciendo que era debido al calor agobiante. Lo primero que haría luego de llegar sería darle un baño tibio y mucha agua de beber a la niña.
Volvió a suspirar nuevamente 'Espero que Daisy no me odie por esto…' pensó con cierta tristeza.
A los lados de la carretera comenzaron a aparecer varios carteles que indicaban las diferentes familias que vivían al lado de la autopista y las millas que faltaban para llegar a ellas. Mermó la velocidad en tanto agudizaba la vista y sus ojos se fijaron en un cartel que de algún modo le volvió el alma al cuerpo.
Reserva pokémon de Samuel Oak -20 millas-
Revisó los otros letreros y sintió algo de desilusión al no leer más nombres familiares.
'Bueno, pero estoy cerca…'
Apretó el acelerador y el vehiculo bramó con fuerza antes de tomar velocidad por esa carretera desierta. ¿Acaso intentaba escapar de algo?. Literalmente se hallaba en el medio de la nada. La vida allí era libre, relajada y quieta.
Lo que ella ya no era.
Estar a cargo del gimnasio drenaba sus energías, y lo que le quedaba lo dividía en dar clases en la universidad por las tardes y por las noches tomando clases de canto…
Sin duda no era lo que Misty Waterflower había planeado para su vida a los diez años de edad cuando se escapó de su casa para demostrarles a sus hermanas que su existencia valía de algo…
Las cosas eran mucho más fáciles en ese entonces donde no tenía que preocuparse por impuestos, inversiones y estudios. Todo es más sencillo a los diez años de edad cuando los problemas de los adultos están lejos del endeble mundo infantil.
Pero Misty ahora era adulta y conocía gran parte de los sinsabores de la vida. Sabía lo que era alargar el dinero durante semanas, no cenar de noche, conseguir trabajos de medio tiempo, dormir pocas horas por el llanto de un bebé…
Sonrió levemente y espió por el espejo retrovisor. La pequeña seguía durmiendo y gracias a Dios su carita se veía normal. Su lacio cabello negro le caía en desorden hasta los hombros y sus manitas se encontraban inmóviles en las rodillas.
Alexandra, Alex, era la razón de que no hubiera bajado los brazos ante el alud de problemas que atravesaba el gimnasio. Era quien le había devuelto la sonrisa, y gracias a quien se había animado a tomar clases de canto, uno de sus postergados sueños de adolescente.
'Pero no el más importante'
Siguió escudriñando el camino frente a ella cuando el vehiculo decidió hacer unos sonidos extraños y finalmente quedarse duro y silencioso en plena autopista.
Todo el buen humor y la alegría que aquel lugar había despertado en su ser apenas hubo visto las verdes praderas ondulantes, desapareció dejando en su lugar rabia e impotencia.
- Maldita suerte- gruñó en voz alta al notar que la agujilla del tanque de la gasolina señalaba que estaba completamente vacío. Giró la llave una vez más pero como era de esperarse el motor solo refunfuñó y acabó.
Desalentada levantó la vista. Todo a su alrededor lucía verde y desolado, como si ella fuera la única persona del mundo. Aunque a la lejanía… se esforzó por agudizar la mirada. A la lejanía se veía el espectro de una casa de campo.
¿Qué podía hacer?. Obviamente solicitar ayuda y que alguien en esa casa se apiadara de ella y le facilitara un teléfono. Miró a la pequeña que ajena a todo continuaba durmiendo ruidosamente en el asiento trasero, y despacio abrió la puerta.
Apenas salió del vehiculo el sol la castigó con tal fuerza que tuvo que taparse un poco los ojos para ver a la distancia. Hacía calor y la casa parecía más lejos de lo que le había parecido la primera vez.
Echó a caminar ignorando el castigo del sol sobre su cabeza, y el calor agobiante que frenaba su andar con ráfagas de viento caliente. Se pasó la mano por la frente sudorosa y miró hacia atrás. Su auto yacía a un lado de la carretera y a esa distancia se asemejaba a un espejismo en pleno desierto.
Tragó saliva y la garganta le raspó como si estuviera comiendo arena. Pensó en Alex y rogó que la pequeña siguiera durmiendo sin percatarse de su ausencia.
Suspiró cerrando los ojos antes de ponerse en marcha nuevamente. Su lugar de destino se hallaba ahora más cerca que antes.
Parecía una de esas casas de película. De dos plantas -aunque modesta- de madera y pintada de blanco. Tenía una galería amplia y cubierta que rodeaba todo el frente. Muchos ventanales, y junto a la entrada una de esas hamacas antiguas que se mecía con suavidad de un modo invitante. Rodeaba la casa un jardín que en otros tiempos debió de ser glorioso y tupido, ahora solo quedaban rasgos marchitos y descuidados.
Misty sintió pena por esas plantas amarillas y deshidratadas, y se propuso a sí misma decirle a quien -o quienes- vivieran en esa casa que cuidaran un poco más de ese jardín.
Se acercó y atravesó el césped deteniéndose agradecida bajo la sombra que proyectaba la galería. El piso de madera crujió bajo sus pies mientras resistía la tentación de dejarse caer en la hamaca para dedicarse a la tarea más importante de golpear la puerta.
Lo cual hizo una y otra vez, aunque sin obtener respuesta.
Cuando se disponía a dar media vuelta e irse, la puerta finalmente se abrió, y lo primero que advirtió fue la sutil ráfaga de aire fresco que pareció brotar desde adentro acompañado de un perfume agradable y familiar que otra vez le recordó a aquel lugar, a aquellas praderas. Lo que no se esperaba era que esa sensación de libertad y familiaridad se centrara en la imponente silueta de un hombre moreno que tranquilo se secaba el cabello -y el cuello, y los hombros- con una toalla mirándola perplejo. Al parecer había interrumpido su baño.
'Cabello negro salvaje y alborotado como la noche, piel morena, ojos color café… y una apariencia que irradia energía y agilidad cien por cien masculina…'
Misty sacudió la cabeza ante su propia estupidez, y de pronto se dio cuenta del aspecto que debía traer tras dos días de viaje, y luego de caminar bajo el sol; y deseó haber tenido tiempo de bañarse y de ponerse ropa bonita y llamativa en lugar de su viejo jean azul y de la camisa amplia y descolorida que traía puesta. También deseó haberse peinado y puesto algo de brillo labial antes de llegar ahí…
Volvió a suspirar ante las tonterías que estaba pensando y se concentró en encontrar la solución al tema que la había llevado a ese olvidado pueblo, en lugar de coquetear con guapos desconocidos.
- Señorita- dijo él con una voz profunda y ronca -¿Usted estaba tocando?-
- Si-
- ¿Se ha perdido?-
- Algo así- Misty sonrió y se dio la vuelta indicándole la carretera -Mi coche se quedó sin nafta y…-
- ¿Precisa un teléfono?- alegó él al ver el punto distante de color azul que la joven señalaba.
- No exactamente- volvió a sonreír -Es decir, si lo necesito, pero primero necesitaría que me facilitara un paraguas y que me concediera algo de su tiempo-
- ¿Un paraguas?- la miró alzando una ceja, notando de reojo el cielo azul sin nubes y el sol dorado y quemante.
- Es una larga historia- se encogió de hombros y lo miró otra vez -¿Cuento con su ayuda?-
-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----
Ash Ketchum observó de soslayo a la pequeña pelirroja que lo precedía. Aunque el termino 'pequeña' le estaba mal empleado a esa mujer de ojos audaces y atrevidos, y que además poseía esa cabellera ardiente como el agónico sol de la tarde.
Ella caminaba adelante hablando con cortesía, detallándole a grandes rasgos que estaba en aquella parte del país por un problema familiar y que solo se quedaría un par de días. Le contó que estaba buscando la reserva del Profesor Oak -lo cual le pareció un detalle curioso-, aunque considerando que el viejo profesor era una autoridad tanto en el campo Pokémon como en el de humanos, no era un hecho que merecía más atención de la que le había dado.
Sin embargo no pudo evitar preguntarse que haría en cuanto supiera que el viejo señor no estaba en casa, y que al parecer su viaje hasta allá no había sido más que una perdida de tiempo.
Llegaron al vehiculo y él notó como la muchacha corría con cierta desesperación hasta la parte trasera, donde se inclinó para sacar una maleta o algo similar.
La tela del jean se ciñó a sus piernas y la camisa se adhirió como laca a su cintura diminuta cuando metió la mitad del cuerpo dentro del auto, él no pudo evitar mirarla fijo como un embobado adolescente. Sin duda aquellos no eran modales de los cuales su madre se sintiera orgullosa, pero después de todo ella no estaba allí.
Y la pequeña desconocida si…
Desde luego no había nada llamativo en su visitante inesperada. No llevaba ningún peinado especial, como con ese fijador que hace que el cabello no se mueva aunque soplase el viento, que por cierto, allí soplaba bastante; no tenía maquillaje, ni ropa especial, ni de diseñador… Era simple.
Y a él siempre le había gustado la simpleza…
Desechó esos pensamientos antes de que tomaran un carril peligroso, y la observó enderezarse y sacar del vehiculo algo que sin duda no era una maleta, sino una niña, quien se restregaba molesta los ojos. Al parecer acababa de despertarla de su siesta.
Ash se hizo para atrás algo asqueado por sentirse atraído por una joven con compromisos, y miró fijo a la pequeña. El único rasgo que las unía era el color de sus ojos; claros, transparentes como el mar. Y la nariz quizás, ambas la tenían pequeña y redonda, como la de una muñeca de trapo.
- Esta era mi urgente necesidad- rió ella como disculpándose por no habérselo dicho.
- Ah- no supo que decir. Se sentía algo incómodo.
La niña lo miró con interés y retorciéndose de los brazos de la joven corrió hacia él y se abrazó a sus piernas.
- ¡Papá!-
Ash se hizo para atrás impresionado provocando que la niña cayera sobre sus zapatillas.
- ¡No, no, Alex!- la mujer rió avergonzada acercándose hacia la pequeña -Él no es tu papá-
- ¿No papá?- levantó la carita redonda y lo miró con sus grandes ojos.
- No, cariño lo siento- se inclinó para levantarla, cuando Ash hizo lo mismo.
La pequeña no pesaba nada, era liviana como una pluma. Y estaba tibia. Demasiado para un día en pleno verano.
- Tiene un poco de fiebre- dijo él.
- ¿Fiebre?- la pregunta hizo que sus ojos se abrieran desmesuradamente. Los tenía grandes y de un hermoso color verde, y brillaban de preocupación e inquietud, tal como lo haría su madre en una situación similar… y allí se rompió la magia. Debía recordar que por más atractiva que fuera la desconocida, tenía obligaciones que nada tenían que ver con él -la niña que cargaba en brazos así lo decía- y seguro que había alguien esperándola en alguna parte de aquel remoto lugar.
- Debemos llevarla a la casa- dijo él.
- Desde luego- ella estiró los brazos dispuesta a tomarla.
- Yo puedo hacerlo- la rechazó.
- Insisto, Alex ven- la pequeña le alargó los brazos con una mueca que él interpretó como desesperación. De acuerdo, debía acostumbrarse a este mundo donde las mujeres podían hacer de todo al igual que los hombres. Se encogió de hombros y se limitó a seguirla viendo de reojo como con un brazo llevaba a la pequeña y con el otro abría el paraguas para protegerlas a ambas del sol.
- Así que para eso lo necesitaba- comentó señalando el paraguas en un intento de hacer conversación y recordando sus buenos modales.
Ella le dedicó una sonrisa por encima del hombro -Si. Y aunque no sea meteoróloga puedo predecir que por hoy no va a llover-
Ash rió -Tiene usted razón-
-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----
El camino fue menos torturante que el de la ida, al menos para Misty. Y aunque el peso de Alex estaba haciéndose notar en su brazo, era algo que no iba a comentárselo al alto hombre que la precedía. No luego de que se diera cuenta de que era el típico machista dispuesto a hacerse cargo de todo.
Con Alex era otra cosa; con su redonda carita apoyada en su hombro, no hacia más que mirar con curiosidad a su anfitrión, dedicándole aquella sonrisa ingenua que ponía en manifiesto que de alguna forma le gustaba lo que veía.
'¿Y a quien no?'
Sacudió la cabeza al notar el hilo de sus pensamientos. ¡Cielos! Hacía tanto que no se encontraba en una situación similar que se sentía como en aquellos años de adolescente…
Un amor no correspondido, sueños truncos y un corazón roto…
Suspiró. No, aquello no se parecía en nada a lo que había experimentado cuando niña. En aquel entonces sus sentimientos eran puros y diáfanos, no le hacían daño a nadie. Salvo quizás a ella misma.
- ¿La ayudo?-
Casi pegó un brinco al oír la voz tan cerca. Se dispuso a girar, la mano de él le rozaba el brazo como una forma de mantener el peso de la niña. Iba a decirle que no, pero la palabra murió en sus labios antes de siquiera formularla, y se encontró a si misma delegando el peso de Alex de muy buena gana.
Él sonrió al asegurar a la pequeña a su hombro, y caminó junto a ella como si la suave carga que llevaba no pesara más que una pluma.
Bueno ¿Dónde había quedado aquello de que él era el típico machista dispuesto a hacerse cargo de todo, y que ella nunca sucumbiría a eso?. Se encogió de hombros mientras sentía el alivio recorrer sus brazos delgados, el no cargar a Alex era un bálsamo profundo para estar preocupándose en ideas femeninas que no iban al caso.
- Lamento todo esto- tuvo la necesidad de decir, tocándose el pelo que a su parecer se sentía duro como paja.
- Por favor no se preocupe. Debe agradecer que su vehiculo se quedó aquí y no kilómetros más adelante donde no existe ni un alma-
- Oh- Misty parpadeó tapando el sol con una mano mientras lo miraba -Creí que el profesor Oak vivía más delante de usted-
- Así es, pero él y su asistente están de viaje, no llegarán sino hasta dentro de dos semanas- el rostro de ella decayó -Lamento las malas noticias-
Misty se mordió el labio mientras internamente se preguntaba que iba a hacer. De verdad que no había considerado que la granja Oak estuviera deshabitada. Apretó los párpados negándose a pensar que había cometido una locura largándose a hacer algo que a ella no le concernía.
- Ya estamos aquí- oyó que él decía, y entró a grandes zancadas por la galería haciendo crujir el piso.
Misty lo siguió sintiéndose tímida de pronto, el joven acababa de abrir la puerta y espera de manera cortés que entrara. Alex no había dejado de observarlo con infantil fascinación durante todo el trayecto, y parecía renuente a bajarse de sus brazos.
Solo en ese momento se oyeron unos pasos cortos y débiles provenientes del interior de la casa. Misty observó con curiosidad femenina, segura de que de un momento a otro aparecería una mujer recriminándole al hombre a gritos el donde estaba y el porqué la había dejado sola.
Pero los segundos transcurrieron y ninguna esposa enfadada hizo su aparición, solo un roedor amarillo algo viejo, que sacó la cabeza por la puerta y se quedó viéndola a la par que movía las orejas como si estuviera midiéndola.
- ¿Pikapi?- dijo en su lengua, mientras se dirigía al alto hombre y a la niña cuyos ojos se habían abierto desmesuradamente en agudo embeleso.
- Ah pikachu, estas señoritas serán nuestras invitadas por un tiempo- dijo él con una media sonrisa.
Misty dejó que las palabras fluyeran por sus oídos como en un sueño, sus ojos seguían al roedor como si se tratara de un imán, y su mente iba demasiado deprisa como para detener el torrente de sensaciones que se había desatado solo con oír la única palabra del pokémon.
Y este saltó embelesado, corriendo hacia ella como en sus años de juventud, para aterrizar en sus brazos entreabiertos y frotar la fría nariz contra su mejilla.
- ¡Pikachupi!- fue todo lo que el roedor exclamó, otra vez en su lengua, seguro de que no solo él estaba sorprendido por su hallazgo.
Misty apretó al mullido pokémon contra su pecho y dirigió la mirada hacia su anfitrión que estaba petrificado en su lugar. Tomó aire para parecer segura antes de finalmente decir.
- Hola Ash. Ha sido mucho tiempo-
...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...
'Este lugar me produce nostalgia'
La joven miró por la ventanilla de su viejo auto mientras este se desplazaba por la olvidada carretera, que se asemejaba a una retorcida cinta gris perdida entre llanuras y campos esmeraldas junto a centenares de árboles altos y pequeños de igual color.
El campo de Pallet Town seguía tan salvaje como recordaba, kilómetros y kilómetros de territorio virgen; hierba suave y praderas verdes.
Sonrió para sí y bajó la ventanilla para que el aire puro le diera en la cara. Olía a tierra, a sol y a algo más que no pudo definir.
- Este lugar sigue siendo maravilloso…- canturreó.
- ¡Puff!- dijo una infantil voz proveniente desde el asiento de atrás.
La joven observó por el espejo retrovisor la redonda cara de una niña de cuatro años. Observó su despeinado cabello negro y sus ojos -verdes, aguamarinos exactos a los suyos- se encontraron. Sonrió con obvio afecto.
- ¡Alex!. ¿Estas despierta?-
La pequeña asintió vigorosamente y la observó con sus grandes ojos claros. En su carita redonda resaltaban sus mejillas regordetas y sonrojadas, sobretodo cuando sonreía. Era una niña verdaderamente encantadora, excepto cuando no estaba de acuerdo con algo, lo cual era bastante frecuente.
- Yo despierta, mamá Misty-
- Si cariño lo veo ¿quieres que cantemos algo?-
- No- meneó su cabecita con firmeza -Yo libre-
- ¿Libre?- repitió sonriéndole.
- ¡Yo, libre, mamá Misty!-
'Libertad', pensó la joven. Eso era. La tierra aquella le hacia pensar en libertad y frescura… Y le traía tantos recuerdos…
- De acuerdo- contestó guiñándole el ojo -Alex y Misty son libres como el viento ¿Qué te parece?-
- ¡Sip!. ¡Libres!-
Ella se echó a reír y meneó la cabeza antes de consultar su reloj.
- Según mis cálculos, en cuarenta minutos estaremos en casa de tu papá ¿Qué te parece cariño?-
- Sip, papá. Yo, conocer a papá ahora-
- Claro que si- Misty asintió ocultando el manto húmedo que cubrió sus ojos por un segundo -Conocerás a tu papá en unos minutos-
La niña asintió en su asiento y se dispuso a canturrear alguna canción que recordaba de su programa favorito de televisión. Misty dejó de observarla por el espejo retrovisor y se encogió un poco en su lugar. Estaba cansada, hambrienta y se sentía fatigada y sucia. Parecía que hacía como una semana que estaban viajando, cuando la verdad era que solo llevaban un día. Un día en pleno verano tórrido.
Eso sumado a la presión y al stress que esa decisión a tomar le había causado. Al menos dos de sus hermanas la habían apoyado en esa empresa de recorrer 'medio país' para llevar a la niña con su padre. La tercera de las Waterflower no sabía nada, y Misty estaba segura que le había dado un síncope apenas las otras dos la hubieran puesto al tanto… Y bueno, darle a un padre el placer de conocer a su hija personalmente era el único pago que exigía para tamaño de viaje.
Suspiró y se quitó el cabello de los ojos. El aire fresco le aclaró la mente justo cuando las praderas verdes daban paso a algo de civilización. De todos modos no era mucha, solo pequeñas y pintorescas casitas que sumaban gracia y belleza al paisaje.
Sonrió, de veras se sentía a gusto en aquel lugar. Bueno, de algún modo Pallet Town siempre se las ingenió para tener ese efecto en ella. No en vano había pasado muchos años de su adolescencia visitando aquel lugar.
Aquello la hizo suspirar.
- Solo quince minutos más, Alex- replicó en voz alta y fijó la vista en la niña que se había vuelto a dormir.
Pero tenía las mejillas muy rojas, más de lo normal. Redujo la velocidad y bajó la ventanilla del lado de la pequeña. ¡Cielos!. ¿Estaría enferma?. Misty movió la cabeza con decisión y se consoló diciendo que era debido al calor agobiante. Lo primero que haría luego de llegar sería darle un baño tibio y mucha agua de beber a la niña.
Volvió a suspirar nuevamente 'Espero que Daisy no me odie por esto…' pensó con cierta tristeza.
A los lados de la carretera comenzaron a aparecer varios carteles que indicaban las diferentes familias que vivían al lado de la autopista y las millas que faltaban para llegar a ellas. Mermó la velocidad en tanto agudizaba la vista y sus ojos se fijaron en un cartel que de algún modo le volvió el alma al cuerpo.
Reserva pokémon de Samuel Oak -20 millas-
Revisó los otros letreros y sintió algo de desilusión al no leer más nombres familiares.
'Bueno, pero estoy cerca…'
Apretó el acelerador y el vehiculo bramó con fuerza antes de tomar velocidad por esa carretera desierta. ¿Acaso intentaba escapar de algo?. Literalmente se hallaba en el medio de la nada. La vida allí era libre, relajada y quieta.
Lo que ella ya no era.
Estar a cargo del gimnasio drenaba sus energías, y lo que le quedaba lo dividía en dar clases en la universidad por las tardes y por las noches tomando clases de canto…
Sin duda no era lo que Misty Waterflower había planeado para su vida a los diez años de edad cuando se escapó de su casa para demostrarles a sus hermanas que su existencia valía de algo…
Las cosas eran mucho más fáciles en ese entonces donde no tenía que preocuparse por impuestos, inversiones y estudios. Todo es más sencillo a los diez años de edad cuando los problemas de los adultos están lejos del endeble mundo infantil.
Pero Misty ahora era adulta y conocía gran parte de los sinsabores de la vida. Sabía lo que era alargar el dinero durante semanas, no cenar de noche, conseguir trabajos de medio tiempo, dormir pocas horas por el llanto de un bebé…
Sonrió levemente y espió por el espejo retrovisor. La pequeña seguía durmiendo y gracias a Dios su carita se veía normal. Su lacio cabello negro le caía en desorden hasta los hombros y sus manitas se encontraban inmóviles en las rodillas.
Alexandra, Alex, era la razón de que no hubiera bajado los brazos ante el alud de problemas que atravesaba el gimnasio. Era quien le había devuelto la sonrisa, y gracias a quien se había animado a tomar clases de canto, uno de sus postergados sueños de adolescente.
'Pero no el más importante'
Siguió escudriñando el camino frente a ella cuando el vehiculo decidió hacer unos sonidos extraños y finalmente quedarse duro y silencioso en plena autopista.
Todo el buen humor y la alegría que aquel lugar había despertado en su ser apenas hubo visto las verdes praderas ondulantes, desapareció dejando en su lugar rabia e impotencia.
- Maldita suerte- gruñó en voz alta al notar que la agujilla del tanque de la gasolina señalaba que estaba completamente vacío. Giró la llave una vez más pero como era de esperarse el motor solo refunfuñó y acabó.
Desalentada levantó la vista. Todo a su alrededor lucía verde y desolado, como si ella fuera la única persona del mundo. Aunque a la lejanía… se esforzó por agudizar la mirada. A la lejanía se veía el espectro de una casa de campo.
¿Qué podía hacer?. Obviamente solicitar ayuda y que alguien en esa casa se apiadara de ella y le facilitara un teléfono. Miró a la pequeña que ajena a todo continuaba durmiendo ruidosamente en el asiento trasero, y despacio abrió la puerta.
Apenas salió del vehiculo el sol la castigó con tal fuerza que tuvo que taparse un poco los ojos para ver a la distancia. Hacía calor y la casa parecía más lejos de lo que le había parecido la primera vez.
Echó a caminar ignorando el castigo del sol sobre su cabeza, y el calor agobiante que frenaba su andar con ráfagas de viento caliente. Se pasó la mano por la frente sudorosa y miró hacia atrás. Su auto yacía a un lado de la carretera y a esa distancia se asemejaba a un espejismo en pleno desierto.
Tragó saliva y la garganta le raspó como si estuviera comiendo arena. Pensó en Alex y rogó que la pequeña siguiera durmiendo sin percatarse de su ausencia.
Suspiró cerrando los ojos antes de ponerse en marcha nuevamente. Su lugar de destino se hallaba ahora más cerca que antes.
Parecía una de esas casas de película. De dos plantas -aunque modesta- de madera y pintada de blanco. Tenía una galería amplia y cubierta que rodeaba todo el frente. Muchos ventanales, y junto a la entrada una de esas hamacas antiguas que se mecía con suavidad de un modo invitante. Rodeaba la casa un jardín que en otros tiempos debió de ser glorioso y tupido, ahora solo quedaban rasgos marchitos y descuidados.
Misty sintió pena por esas plantas amarillas y deshidratadas, y se propuso a sí misma decirle a quien -o quienes- vivieran en esa casa que cuidaran un poco más de ese jardín.
Se acercó y atravesó el césped deteniéndose agradecida bajo la sombra que proyectaba la galería. El piso de madera crujió bajo sus pies mientras resistía la tentación de dejarse caer en la hamaca para dedicarse a la tarea más importante de golpear la puerta.
Lo cual hizo una y otra vez, aunque sin obtener respuesta.
Cuando se disponía a dar media vuelta e irse, la puerta finalmente se abrió, y lo primero que advirtió fue la sutil ráfaga de aire fresco que pareció brotar desde adentro acompañado de un perfume agradable y familiar que otra vez le recordó a aquel lugar, a aquellas praderas. Lo que no se esperaba era que esa sensación de libertad y familiaridad se centrara en la imponente silueta de un hombre moreno que tranquilo se secaba el cabello -y el cuello, y los hombros- con una toalla mirándola perplejo. Al parecer había interrumpido su baño.
'Cabello negro salvaje y alborotado como la noche, piel morena, ojos color café… y una apariencia que irradia energía y agilidad cien por cien masculina…'
Misty sacudió la cabeza ante su propia estupidez, y de pronto se dio cuenta del aspecto que debía traer tras dos días de viaje, y luego de caminar bajo el sol; y deseó haber tenido tiempo de bañarse y de ponerse ropa bonita y llamativa en lugar de su viejo jean azul y de la camisa amplia y descolorida que traía puesta. También deseó haberse peinado y puesto algo de brillo labial antes de llegar ahí…
Volvió a suspirar ante las tonterías que estaba pensando y se concentró en encontrar la solución al tema que la había llevado a ese olvidado pueblo, en lugar de coquetear con guapos desconocidos.
- Señorita- dijo él con una voz profunda y ronca -¿Usted estaba tocando?-
- Si-
- ¿Se ha perdido?-
- Algo así- Misty sonrió y se dio la vuelta indicándole la carretera -Mi coche se quedó sin nafta y…-
- ¿Precisa un teléfono?- alegó él al ver el punto distante de color azul que la joven señalaba.
- No exactamente- volvió a sonreír -Es decir, si lo necesito, pero primero necesitaría que me facilitara un paraguas y que me concediera algo de su tiempo-
- ¿Un paraguas?- la miró alzando una ceja, notando de reojo el cielo azul sin nubes y el sol dorado y quemante.
- Es una larga historia- se encogió de hombros y lo miró otra vez -¿Cuento con su ayuda?-
-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----
Ash Ketchum observó de soslayo a la pequeña pelirroja que lo precedía. Aunque el termino 'pequeña' le estaba mal empleado a esa mujer de ojos audaces y atrevidos, y que además poseía esa cabellera ardiente como el agónico sol de la tarde.
Ella caminaba adelante hablando con cortesía, detallándole a grandes rasgos que estaba en aquella parte del país por un problema familiar y que solo se quedaría un par de días. Le contó que estaba buscando la reserva del Profesor Oak -lo cual le pareció un detalle curioso-, aunque considerando que el viejo profesor era una autoridad tanto en el campo Pokémon como en el de humanos, no era un hecho que merecía más atención de la que le había dado.
Sin embargo no pudo evitar preguntarse que haría en cuanto supiera que el viejo señor no estaba en casa, y que al parecer su viaje hasta allá no había sido más que una perdida de tiempo.
Llegaron al vehiculo y él notó como la muchacha corría con cierta desesperación hasta la parte trasera, donde se inclinó para sacar una maleta o algo similar.
La tela del jean se ciñó a sus piernas y la camisa se adhirió como laca a su cintura diminuta cuando metió la mitad del cuerpo dentro del auto, él no pudo evitar mirarla fijo como un embobado adolescente. Sin duda aquellos no eran modales de los cuales su madre se sintiera orgullosa, pero después de todo ella no estaba allí.
Y la pequeña desconocida si…
Desde luego no había nada llamativo en su visitante inesperada. No llevaba ningún peinado especial, como con ese fijador que hace que el cabello no se mueva aunque soplase el viento, que por cierto, allí soplaba bastante; no tenía maquillaje, ni ropa especial, ni de diseñador… Era simple.
Y a él siempre le había gustado la simpleza…
Desechó esos pensamientos antes de que tomaran un carril peligroso, y la observó enderezarse y sacar del vehiculo algo que sin duda no era una maleta, sino una niña, quien se restregaba molesta los ojos. Al parecer acababa de despertarla de su siesta.
Ash se hizo para atrás algo asqueado por sentirse atraído por una joven con compromisos, y miró fijo a la pequeña. El único rasgo que las unía era el color de sus ojos; claros, transparentes como el mar. Y la nariz quizás, ambas la tenían pequeña y redonda, como la de una muñeca de trapo.
- Esta era mi urgente necesidad- rió ella como disculpándose por no habérselo dicho.
- Ah- no supo que decir. Se sentía algo incómodo.
La niña lo miró con interés y retorciéndose de los brazos de la joven corrió hacia él y se abrazó a sus piernas.
- ¡Papá!-
Ash se hizo para atrás impresionado provocando que la niña cayera sobre sus zapatillas.
- ¡No, no, Alex!- la mujer rió avergonzada acercándose hacia la pequeña -Él no es tu papá-
- ¿No papá?- levantó la carita redonda y lo miró con sus grandes ojos.
- No, cariño lo siento- se inclinó para levantarla, cuando Ash hizo lo mismo.
La pequeña no pesaba nada, era liviana como una pluma. Y estaba tibia. Demasiado para un día en pleno verano.
- Tiene un poco de fiebre- dijo él.
- ¿Fiebre?- la pregunta hizo que sus ojos se abrieran desmesuradamente. Los tenía grandes y de un hermoso color verde, y brillaban de preocupación e inquietud, tal como lo haría su madre en una situación similar… y allí se rompió la magia. Debía recordar que por más atractiva que fuera la desconocida, tenía obligaciones que nada tenían que ver con él -la niña que cargaba en brazos así lo decía- y seguro que había alguien esperándola en alguna parte de aquel remoto lugar.
- Debemos llevarla a la casa- dijo él.
- Desde luego- ella estiró los brazos dispuesta a tomarla.
- Yo puedo hacerlo- la rechazó.
- Insisto, Alex ven- la pequeña le alargó los brazos con una mueca que él interpretó como desesperación. De acuerdo, debía acostumbrarse a este mundo donde las mujeres podían hacer de todo al igual que los hombres. Se encogió de hombros y se limitó a seguirla viendo de reojo como con un brazo llevaba a la pequeña y con el otro abría el paraguas para protegerlas a ambas del sol.
- Así que para eso lo necesitaba- comentó señalando el paraguas en un intento de hacer conversación y recordando sus buenos modales.
Ella le dedicó una sonrisa por encima del hombro -Si. Y aunque no sea meteoróloga puedo predecir que por hoy no va a llover-
Ash rió -Tiene usted razón-
-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----…-----
El camino fue menos torturante que el de la ida, al menos para Misty. Y aunque el peso de Alex estaba haciéndose notar en su brazo, era algo que no iba a comentárselo al alto hombre que la precedía. No luego de que se diera cuenta de que era el típico machista dispuesto a hacerse cargo de todo.
Con Alex era otra cosa; con su redonda carita apoyada en su hombro, no hacia más que mirar con curiosidad a su anfitrión, dedicándole aquella sonrisa ingenua que ponía en manifiesto que de alguna forma le gustaba lo que veía.
'¿Y a quien no?'
Sacudió la cabeza al notar el hilo de sus pensamientos. ¡Cielos! Hacía tanto que no se encontraba en una situación similar que se sentía como en aquellos años de adolescente…
Un amor no correspondido, sueños truncos y un corazón roto…
Suspiró. No, aquello no se parecía en nada a lo que había experimentado cuando niña. En aquel entonces sus sentimientos eran puros y diáfanos, no le hacían daño a nadie. Salvo quizás a ella misma.
- ¿La ayudo?-
Casi pegó un brinco al oír la voz tan cerca. Se dispuso a girar, la mano de él le rozaba el brazo como una forma de mantener el peso de la niña. Iba a decirle que no, pero la palabra murió en sus labios antes de siquiera formularla, y se encontró a si misma delegando el peso de Alex de muy buena gana.
Él sonrió al asegurar a la pequeña a su hombro, y caminó junto a ella como si la suave carga que llevaba no pesara más que una pluma.
Bueno ¿Dónde había quedado aquello de que él era el típico machista dispuesto a hacerse cargo de todo, y que ella nunca sucumbiría a eso?. Se encogió de hombros mientras sentía el alivio recorrer sus brazos delgados, el no cargar a Alex era un bálsamo profundo para estar preocupándose en ideas femeninas que no iban al caso.
- Lamento todo esto- tuvo la necesidad de decir, tocándose el pelo que a su parecer se sentía duro como paja.
- Por favor no se preocupe. Debe agradecer que su vehiculo se quedó aquí y no kilómetros más adelante donde no existe ni un alma-
- Oh- Misty parpadeó tapando el sol con una mano mientras lo miraba -Creí que el profesor Oak vivía más delante de usted-
- Así es, pero él y su asistente están de viaje, no llegarán sino hasta dentro de dos semanas- el rostro de ella decayó -Lamento las malas noticias-
Misty se mordió el labio mientras internamente se preguntaba que iba a hacer. De verdad que no había considerado que la granja Oak estuviera deshabitada. Apretó los párpados negándose a pensar que había cometido una locura largándose a hacer algo que a ella no le concernía.
- Ya estamos aquí- oyó que él decía, y entró a grandes zancadas por la galería haciendo crujir el piso.
Misty lo siguió sintiéndose tímida de pronto, el joven acababa de abrir la puerta y espera de manera cortés que entrara. Alex no había dejado de observarlo con infantil fascinación durante todo el trayecto, y parecía renuente a bajarse de sus brazos.
Solo en ese momento se oyeron unos pasos cortos y débiles provenientes del interior de la casa. Misty observó con curiosidad femenina, segura de que de un momento a otro aparecería una mujer recriminándole al hombre a gritos el donde estaba y el porqué la había dejado sola.
Pero los segundos transcurrieron y ninguna esposa enfadada hizo su aparición, solo un roedor amarillo algo viejo, que sacó la cabeza por la puerta y se quedó viéndola a la par que movía las orejas como si estuviera midiéndola.
- ¿Pikapi?- dijo en su lengua, mientras se dirigía al alto hombre y a la niña cuyos ojos se habían abierto desmesuradamente en agudo embeleso.
- Ah pikachu, estas señoritas serán nuestras invitadas por un tiempo- dijo él con una media sonrisa.
Misty dejó que las palabras fluyeran por sus oídos como en un sueño, sus ojos seguían al roedor como si se tratara de un imán, y su mente iba demasiado deprisa como para detener el torrente de sensaciones que se había desatado solo con oír la única palabra del pokémon.
Y este saltó embelesado, corriendo hacia ella como en sus años de juventud, para aterrizar en sus brazos entreabiertos y frotar la fría nariz contra su mejilla.
- ¡Pikachupi!- fue todo lo que el roedor exclamó, otra vez en su lengua, seguro de que no solo él estaba sorprendido por su hallazgo.
Misty apretó al mullido pokémon contra su pecho y dirigió la mirada hacia su anfitrión que estaba petrificado en su lugar. Tomó aire para parecer segura antes de finalmente decir.
- Hola Ash. Ha sido mucho tiempo-
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