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jueves, 19 de junio de 2008

El Sustituto




-capítulo 2-

Saludó al amigo con un beso en la mejilla, y a él con un ligero e insípido roce de labios. Se sentó frente a ellos con absoluta elegancia.

Lucía radiante, hermosa. El leve tinte rosado de sus mejillas hablaba de salud y vitalidad. Lo que ella poseía.

Esperó a que terminara de ordenar el desayuno y dirigiera su graciosa atención a él. Siempre serena y sonriente.

- Anoche quise platicar contigo- comentó con tono casual. Lo dijo sin malicia. Con inocencia, como todo lo que lo caracterizaba -No estabas en tu habitación-

- Ah si- Misty asintió con un suave gesto. Normal, segura de si, al igual que los masculinos ojos azules que apenas parpadearon. Ni siquiera hubo inquietud cuando extendió la blanca mano y tomó la de su prometido -Lo siento, necesitaba aire fresco. Este lugar…- se encogió débilmente de hombros -Me sofoca-

- Me hubieras pedido que te acompañara a dar una caminata nocturna-

- Lo siento. No quería importunarte con mis cosas- sonrió disculpándose. Todavía apretando la mano morena que era el doble de tamaño que la suya.

- ¿Qué crees Richie?-

El aludido sonrió ante la jovialidad propia del amigo. Empujó la taza vacía al centro de la mesa y observó a la pareja con interés -Nunca comprenderé a las mujeres, Ash. Se quejan cuando no le brindamos atención, y se molestan cuando hacemos de ellas el centro de nuestro universo…-

Ash rió sonoramente, a su lado Misty también encontró el comentario muy risible, aún seguía tomada de la mano de su prometido. Hizo una pausa en su risa y se dispuso a beber su café.

- ¿Cuándo nos iremos de aquí?.No veo la hora de estar en casa- suspiró parpadeando sus largas pestañas oscuras.

- Mañana- Ash le respondió con un susurro tierno -Mañana estaremos finalmente en Kanto-

Habían viajado por Shinou por asuntos de trabajo. Como campeón regional de la Liga, Ash tenía mucho protocolo y visitas formales que casi eran una obligación a cumplir. Había invitado a su prometida a acompañarlo durante la gira, y en una de aquellas interminables conferencias se había encontrado con Richie.

Hacía varios años que no se veían e inmediatamente lo convenció de que se uniera a ellos.

- A Misty parece que no le agradan los aires de Shinou- comentó el joven de cabello castaño.

La chica meneó la cabeza en una clara negativa, su largo cabello rojo se sacudió ante la acción -Por supuesto que esta región no me gusta, Richie- abrazó a su prometido -Después de todo, fue uno de los tantos lugares que Ash recorrió sin mí…-

El nombrado le dirigió una tierna mirada. Si bien ella no era la clásica muchacha cursi y enamorada, solía sorprenderlo con comentarios como aquel, o con gestos cariñosos, como tomarle la mano al caminar, o depositando en sus labios y mejillas besos suaves y ligeros como aleteos de mariposa.

- Por eso he decidido traerte esta vez- le confió Ash observando la pelirroja cabeza que se amoldaba perfectamente bajo su cuello. Dos piezas de un rompecabezas que al fin se unían en impecable armonía.

- Me ha gustado mucho el viaje. Te lo agradezco. Pero tengo millones de cosas pendientes en el gimnasio-

- Y la boda-

- La boda… claro. Lo había olvidado- Misty sonrió disculpándose, pero repentinamente su cuerpo junto al de él se había vuelto duro y tieso como piedra.

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La región de kanto seguía tan ajetreada como siempre. Gente entrando y saliendo de sus diferentes ciudades. Jóvenes ansiosos por formar parte del prestigioso comité de la Regional Pokémon League. Lugar que a Ash le había costado casi diez años conseguir.

Estaba en su espaciosa oficina de Viridian City; un escritorio amplio de vidrio, coronado con madera suave y refinada. Estantes repletos de libros, diplomas en las paredes, y cortinas a tono que protegían el inmaculado ventanal de cara a la ciudad. Lo mejor de lo mejor para el maestro Pokémon más grande de los últimos tiempos.

Se echó hacia atrás en el sillón de respaldo ancho y consideró las dos opciones que sujetaba con los dedos. Dejó los papeles por un segundo en el escritorio y se desprendió el primer botón de la cocina aflojando la corbata. Volvió a mirar las dos alternativas a las que había llegado luego de más de una hora de deliberar, y frunció el ceño. A su alrededor había pilas de sobres de todos los tamaños, de toda clase de papel y color…

Se levantó tomando los dos que había escudriñado con tanto ahínco y salió de su oficina. Silenció con un gesto a su secretaria que abrió la boca nomás al verlo y se metió en el elevador. Tocó de memoria el piso al que se dirigía y esperó los pocos segundos dentro de la cabina.

Salió al pasillo alfombrado de azul y se dirigió con inercia a la conocida puerta de madera. Ignoró a la asistente que se dignaba a anunciarlo, y entró.

Misty estaba sentada tras un escritorio más pequeño que el de él. Su oficina también era mucho más modesta. Sin embargo había algo allí de lo que la suya carecía. Quizás era el toque sutil y femenino.

- Ash- ella levantó la vista de los papeles que leía. Tenía el cabello recogido con un lápiz y unas gafas de lectura de poco aumento que se tamborileaban en la punta de su pequeña nariz. Llevaba la blusa arremangada a la altura de los codos, los botones del escote desprendidos liberando parte de los encantos que él desconocía. Seguro llevaba unos pantalones livianos de lino y estaba descalza.

Dentro de la oficina y tras el escritorio Misty solía quitarse los zapatos de tacón argumentando cansancio y poca tolerancia.

- ¿Ocurre algo?- preguntó al ver su expresión. Se quitó los lentes.

- No sé cual de las dos elegir- le enseñó los sobres -Sé que no querías participar en esto, pero…-

- Está bien- Misty miró los formularios y las carpetas que llenaban su mesa de trabajo y exhaló un suave gemido. Luego se levantó acercándose a él.

Como lo había supuesto vestía pantalones azules, y sus pies blancos y desnudos destacaban como marfil en la alfombra oscura del lugar. Le extendió los dos sobres -Tienes la última palabra- bromeó -Yo me inclino por el de la derecha-

Era un sobre color marfil, pequeño. El papel era un complicado diseño labrado, discreto y elegante. Sencillo y a la vez distinguido. El otro en cambio era blanco y duro. Demasiado corriente y frecuentemente usado a la hora de pensar en la tarjetería de una boda.

- Excelente elección- ella asintió entregándole el de la derecha -Coincido contigo. Es el más acorde a la ocasión-

- ¿Ocasión?. Estamos hablando de nuestra boda- la regañó con suavidad.

- Si, lo sé- Misty se apretó los ojos como si estuviera cansada -Perdona yo…-

- No, perdóname a mí. Es que esto me supera…- guardó los sobres en los bolsillos de su saco de etiqueta. No quería discutir con ella. Después de todo le había brindado algo de ayuda -Escucha, mamá quiere que pasemos este fin de semana en su casa… ¿puedes?-

Misty quería gritar. Se sentía atrapada y exhausta como un animal que ha corrido kilómetros y kilómetros escapando del acecho del cazador.

- Tengo mucho papeleo- se excusó señalando lo obvia que estaba su mesa de trabajo.

- Lo sé- él pareció desanimado por un segundo -No tiene importancia, le diré que…-

- Pero si Deliah quiere vernos…- lo interrumpió antes de siquiera pensarlo. Le sonrió débilmente- Claro que iremos. Recógeme a las seis, así tengo tiempo de mudarme de ropa-

- Genial- se acercó y la besó en la mejilla- Gracias Myst. En especial por ayudarme con lo de las invitaciones. Ahora solo resta imprimir la fecha y repartirlas-

Ella volvió a sonreír con gesto trémulo -Claro…-

- Nos vemos en unas horas. Dejaré esto en la imprenta- dio suaves palmadas a los bolsillos de su chaqueta, y se dirigió a la puerta -Gracias Myst-

Como toda respuesta ella le hizo un ademán con la mano y le obsequió una vez más, aquella sonrisa trémula y nerviosa.

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- Iré contigo- la voz del hombre decía, ronca, contra su cuello mientras la besaba con voracidad.

- No puedes- fue el femenino murmullo, afectado por las caricias, y la avidez de esas manos que continuaban encendiendo su cuerpo.

- No quiero estar lejos de ti-

- Serán solo un par de días…-

- Es mucho tiempo- le besó el lóbulo del oído. Ella reprimió un gemido -Dije que no quería estar lejos de ti. No lo consiento-

- Pero…- él volvió a besarla con desesperación. Ahogando sus palabras, consumiendo su concentración, su cordura, todo. Observó como en un sueño la hora en el reloj de pared y trató de incorporarse, huyendo de la pasión de aquel hombre -Debo irme…- murmuró contra su piel -Vendrá a buscarme en unos minutos…-

- Que venga- le besó los parpados. Ella tembló sin remedio antes de apartarse bruscamente de su lado, correr las sabanas y salir del lecho.

Él la observó desplazarse por la habitación en penumbras. Regodeándose en los movimientos naturales de su cuerpo sensual y curvilíneo. Aún conservaba las prendas íntimas, pero su cabello largo, desmechado, corría como un torrente de ardiente lava inundando el blanco peñasco que simbolizaba su espalda.

Sacó prendas del placard y corrió hacia una puerta en la pared a su izquierda. Segundos después se oía el sonido del agua al caer.

Él observó el techo de la habitación, cruzó los brazos tras la cabeza y se quedó quieto imaginando sus movimientos para estas alturas tan familiares.

Cuando ella salió del baño ya estaba vestida, solo su cabello aún se conservaba húmedo bajo la toalla azul que envolvía su cabeza como un turbante. Él fue a su encuentro. Su cuerpo desnudo, varonil, parecía brillar con la escasa luz que entraba por las persianas bajas, mientras seductoramente se acercaba a la muchacha quien lo miraba fascinada.

Ya frente a ella extendió la mano y le quitó la toalla de la cabeza liberando su cabello, reteniéndola de la nuca atrajo su boca a la suya, en una captura posesiva y desesperada.

No podía pensar mientras las sensaciones la ahogaban en un estanque de delicioso veneno. Él le peinaba los mechones de pelo húmedo con los dedos mientras le suplicaba que no se fuera.

Estaba a punto de sucumbir. Su mente anhelaba estar en sus brazos otra vez, y que la amara como solo él podía hacerlo…

Pero el sonido del timbre estrepitoso se interpuso como un escudo entre ambos. Ella lo empujó, asustada, jadeante, se mordió el labio inferior y retrocedió hasta tomar el pequeño bolso que había preparado con anticipación, luego manoteó un par de zapatillas converse y corrió hacia la puerta sin despedirse. Salió, dejando a su amante plantado en el centro de la habitación, todavía manteniendo frescas las huellas de sus besos y las caricias ardorosas.

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- Me demoré, lo siento-

Ash rió metiendo las manos en los bolsillos. Estaba apoyado contra su auto y se veía completamente tranquilo y relajado. Observó a su prometida que corría hacia él descalza, con el bolso cruzado a media espalda, y con el cabello suelto, húmedo y visiblemente desordenado. Le abrió la puerta del vehiculo.

- Lo siento- Misty reiteró jadeante y se sentó momentáneamente en el asiento del conductor a colocarse las zapatillas, luego se aplastó el cabello con los dedos -¿Me veo muy mal?- preguntó consternada.

Él le sonrió despejando parte del flequillo que le cubría el ojo derecho -Estas hermosa-

- Mentiroso-

- ¿Por qué no me crees?. Cuando no digo nada alabando tu aspecto te molestas, y ahora que te doy un cumplido no me crees…-

- Se supone que debes 'alabar mi aspecto' cuando me esmero para verme bien, no ahora-

- Para mí te ves bien. Mejor que eso- volvió a tocarle el fleco rebelde que persistía en ocultar sus ojos. Consiente que estaba flirteando descaradamente con su novia. Arrancó una sonrisa de esos labios -¿Quieres conducir?-

- Ni en broma. Estoy agotada; si no te molesta preferiría quedarme sentada, quieta y limitarme a conversar-

Ash volvió a sonreír -Muy bien-

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La señora Deliah había advertido el rubor natural de las mejillas de su futura nuera y no pudo menos que sonreír. Esa muchacha rebosaba de belleza y lozanía por todos los poros. Y aún ahora que estaba callada, ensimismada y perdida en su propio mundo, la dama no podía negar que formaba un cuadro delicioso dentro de su hogar.

De pronto se incorporó y se sacudió el cabello -Iré a recostarme un rato si me lo permiten-

- Claro Misty, esta es tu casa- Deliah le sonrió amablemente.

- ¿El viaje fue muy agotador para ti?- Ash le preguntó, recordando que había dormido durante toda la travesía.

- Quizás- la joven respondió, deteniéndose a medias al pie de la escalera para observarlos -Será solo un rato, estaré aquí para la hora de la cena-

- Recuéstate cariño, no te preocupes-

Misty asintió y se alejó escaleras arriba.

La señora Deliah esperó hasta que el sonido de la puerta al cerrarse se oyera antes de decir en voz baja e íntima:

- Está enamorada-

- ¿Cómo?- Ash hizo como si no la hubiera oído.

- Misty está enamorada- Deliah sonrió y le palmeó el brazo maternalmente -¿No lo adviertes?-

- ¿Cómo advertir algo que no sé?-

- Ash…- Deliah hizo un divertido gesto - Tú la quieres-

- Desde luego-

- Bueno, es eso. Cuando amas a alguien desbordas ese sentimiento. Existe algo inexplicable que hace que tus ojos brillen diferente, que transforma tu habla, tu andar, tu proceder. Que tiñe tus mejillas y tus labios de un constante rubor…-

- ¿Y dices que eso es lo que Misty tiene?-

- Hijo, hablas como si padeciera una enfermedad- la dama rió brevemente, luego viendo que el joven esperaba una respuesta añadió - Claro tonto. ¿Quién más que tú para inspirar ese sentimiento en ella?-

Ash le devolvió una sonrisa dudosa.

- Ella te ama, puedo decirlo, porque lo desborda. Y apuesto que en este mismo instante está soñando contigo…-

Ash dejó escapar una risita vergonzosa -Eres muy cursi- apretó la mano que sostenía la suya y agregó -Pero gracias mamá-

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- Buenas noches- Deliah susurró besando a ambos jóvenes maternalmente. Era tarde en la noche y comprendía que había llegado el momento de retirarse discretamente y dejar a solas a la joven pareja.

- Que descanse mamá- Ash le sonrió.

Misty asintió -Gracias por la cena, Deliah. Estuvo deliciosa-

La dama devolvió los saludos y subió la escalera rumbo a su habitación.

Reinó un confortable silencio entre las dos personas que habían quedado a solas en la sala. Ambos estaban instalados en el sillón disfrutando de una agradable noche de primavera; ni muy fresca, ni muy tibia para la época.

El silencio se extendió varios minutos más, pero este era cómodo y a gusto. Ash tomó el control remoto del televisor y se giró a su compañera, cuyos ojos resplandecían como esmeralda liquida.

- ¿Quieres que lo encienda?-

Misty afirmó con una sonrisa. Estaba completamente despierta y resplandeciente. Quizás era la magia de aquella noche primaveral y las palabras de Deliah que flotaban en el ambiente como las notas de un perfume caro y deleitoso…

Él hizo un surfeo general por los canales hasta que la mano de ella lo detuvo. Había caído en una comedia romántica, la cual sin duda había visto millones de veces… Sin preguntarle, supo que aquello era lo que ella deseaba ver, y dejó caer, vencido, el control remoto a su lado en el sillón.

Conforme avanzaba la trama, y Ash consideraba que el protagonista era un romántico empedernido, decidido a conquistar el amor de una mujer que perdía la memoria todos los días, con ello sus recuerdos, y por consiguiente a él; observaba a Misty a su antojo. Ella estaba visiblemente encantada con la actitud resuelta y valerosa del protagonista, sonreía cuando había que hacerlo y reía discretamente cada vez que aparecía alguna parte cómica.

Ash no supo en que momento dejó de mirar la película para verla a ella. Ofrecía un espectáculo mucho más interesante allí sentada al estilo indio en el mullido mueble, con sus pies descalzos, usando una amplia camiseta de él que ignoraba pudiera sentarle tan espectacular, shorts cortísimos que casi no se veían bajo el ruedo de la holgada prenda, con su cabello recogido en una coleta floja, tan al natural y exultante, que le pareció completamente normal acomodar el flequillo que caía sobre sus ojos, tal y como lo había hecho en la tarde, mientras ella reía siguiendo el hilo del film.

Y si sus dedos se detuvieron allí más de la cuenta, no le pareció extraño. Tampoco lo fue cuando estos se deslizaron por la mejilla arrebolada probando la suavidad de su piel. Sin embargo cuando sus dedos le delinearon la línea de la barbilla deslizándose hacia la nuca, acariciando el nacimiento de su cabello, y ella lo miró interrogante y palpitante, supo que lo que allí estaba ocurriendo no tenía nada de normal ni de corriente.

La acción inesperada hizo que Misty buscara los ojos castaños. El desconcierto completo que se dibujó en sus labios rosados y que fue rápidamente ahogado por el ruego en común de un beso.

La película completamente olvidada para estas alturas, en tanto el beso moría y renacía una y otra vez en una escala que abarcaba lo apasionado y violento, hasta lo inocente y suave. Así era aquel ósculo, algo primitivo y familiar.

Ninguno de los dos supo cuanto abarcó. Solo estuvieron conscientes del momento en que empezó y del momento en que abrieron los ojos, sin aliento, jadeantes; uno dándose cuenta que estaba profundamente enamorado, la otra sintiéndose más confusa y desconcertada que antes…

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Nota:

Perdón por la demora, la verdad he tenido un fin de semana no apto para cardíacos. En fin, aqui está la conti, espero que no odien demasiado a Misty u.u












lunes, 19 de mayo de 2008

El sustituto


Capítulo1

Con agite y desesperación, dos sombras se buscaban con frenesí en el claroscuro de aquel pasillo inconcurrido, mientras una de ellas trataba de asimilar lo que ocurría, reaccionando ante el pecado en el que estaba involucrandose; por el contrario, la otra sólo se entregaba a una pasión enardecida que la consumía desde un pretérito indefinido, debatiendo ese sentimiento entre dos espíritus luchadores.
Volviendo en si mismo, y tomando conciencia de lo que estaba pasando, la figura masculina separó a su género opuesto de su cuerpo, bajando la mirada y respirando con agitación.
-Esto… esto no está bien-.
-¡Que importa si está bien o no!- le recriminó la muchacha con desesperación, queriendo sentir esa cariñosa firmeza que la aferraba con una débil necesidad banal –Te necesito… es lo que me interesa ahora-.
- No me necesitas a mí… lo necesitas a él -.
- ¡Por mí que se vaya al demonio! ¡Tu eres lo que más quiero en estos momentos!-
- PERO YO NO TE QUIERO AHORA- le gritó el muchacho, deteniendo el afán de la chica en abrazarlo y seguir con los besos sin sentimiento que se estaban dando hace unos instantes.
- No te creo… si no, no me hubieras besado -
- Porque no pude contenerme… ¡Por Dios! ¡Soy hombre! ¡Es difícil para mí evadir la insinuación de una linda chica!-
- ¿Entonces te parezco linda…? - sonrió ella haciendo un ligero movimiento hacia atrás el cual ondeó su largo cabello.
- No importa si eres linda o no, el hecho es que esto está mal -se pasó las manos por el pelo y agregó -Además estás comprometida y vas a casarte pronto-
- ¡Porque es lo que todos esperan que hagamos!- exclamó ella rehaciendo los pasos que el joven había puesto de distancia -No es más que un compromiso de conveniencia-
- Pero él te ama-
- ¡Claro que no!- ella había vuelto a acercársele. Deslizó las manos y le tocó las mejillas -Por favor…-
El joven estaba perdiendo la batalla y lo sabia, nada más ver el difuso brillo de súplica en las verdes irises que tenía adelante le confirmaba lo que ya era demasiado obvio -No podemos-
- Por favor…- volvió a suplicarle y esta vez utilizó la dulzura de sus labios para convencerlo -Por favor te necesito…-
El ya no pudo rechazarla, sus brazos la habían rodeado otra vez y su boca se volcaba sobre la de su compañera con idéntica desesperación. Las manos de ella volvieron a tocarle las mejillas y esta vez advirtió el frío escozor de aquel pequeño intruso incrustado en su mano izquierda. Con suavidad bajó la intensidad de los besos hasta convertirlos en roces suaves y cariñosos, que finalmente se detuvieron al apoyar la frente una contra la otra, tomando la pequeña mano femenina entre las suyas.
- Sabes tan bien como yo que debemos acabar con esto antes de hacernos mayor daño…- habló con claridad acariciando con su dedo la alianza prohibida que brillaba como plata bruñida en aquel inhóspito lugar.
Ella seguía colgada a su cuello con abandono, la respiración agitada, oyendo sus palabras y a la vez no oyendo nada, solo deseando concretar aquel clandestino encuentro.
- ¿Entiendes lo que estoy diciendo?-
Ella finalmente se apartó, una sonrisa triste y conocedora en la tentadora curva de sus labios -Lo entiendo-
- Por su bien, soy su mejor amigo y no sería de buen gusto que estuviera entreteniendo a su prometida-
- A él no le importa- ella se encogió de hombros y finalmente se alejó varios pasos. Alzó las manos y se acomodó la abundante cabellera, en tanto ponía en orden la parte superior de su blusa. Soltó un suspiro.
- ¿Es el fin entonces?-
- Me temo que si, querida-
Ella asintió sin decir más, observó la punta de sus zapatos de taco; eran marrones pero en esa oscuridad parecían de color negro al igual que su falda. Se cuadró de hombros en un gesto de conocida soberbia en aquella joven, y dando media vuelta giró sobre sus talones y desapareció.

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- ¿Misty?- Ash caminó por el pasillo alumbrado, llevaba dos conos de helado casi derretido y su voz para estas alturas sonaba cansina y desgastada. Llevaba tiempo buscando a la muchacha, y eso era evidenciado por la crema batida y disuelta que amenazaba con derramarse por sus dedos. Abrió la puerta de una habitación -¿Misty?-
La silueta de la conocida muchacha de cabellos cobrizos se hizo presente ante sus ojos. Ella no mostró sorpresa al verlo, estaba sentada en el borde de la cama cepillándose el cabello.
- Llevo tiempo buscándote- entró y cerró la puerta con un pie.
- Siempre estuve aquí- respondió ella levantándose y dejando el cepillo sobre el tocador. Tomó el helado que Ash le ofrecía con un gesto de gratitud, y lamió el borde del cucurucho con su pequeña lengua rosada.
- Está casi derretido- dijo él con frustración haciendo lo propio con su cono.
- Me gusta más cuando está derretido- Misty volvió a sentarse y le hizo señas de que la imitara -¿Cómo va todo con los preparativos?-
- Le pedí a mi madre que nos tendiera una mano con lo de las invitaciones y la lista de invitados-
- Me parece bien- objetó de un modo tan impersonal que Ash la miró.
- Fue lo que le dije. Que tú estarías más que satisfecha en delegarle esa responsabilidad-
- Gracias Ash- ella dejó la atención de su helado por un momento y le apretó la mano izquierda al joven, la misma que como la suya ostentaba una delgada alianza de oro blanco.
Él la miró otra vez, pero Misty estaba demasiado concentrada en acabar la crema como para devolverle el gesto. Como tantas veces le había parecido, no era una novia muy ilusionada con la idea de casarse.
Pero bueno, su compromiso no había sido de ensueño tampoco. Simplemente un día después de salir de una fiesta y luego de acompañarla a su casa él le propuso que se casaran, y ella había aceptado. No muy efusiva, ni tampoco indiferente. Como si hubiera esperado desde siempre que lo hiciera.
Lo cual en algún punto era cierto. Todos a su alrededor esperaban eso. Era una acción tan natural de la vida como respirar. Y cuando tiempo después ella apareció luciendo aquella alianza de oro en sus pálidos dedos, fue un hecho tan normal, tan esperado que casi a nadie sobresaltó.
- Estaba pensando que Richie podría ser nuestro padrino-
- ¿Richie?. Me parece bien-
- Y que Brock podría encargarse del menú de la recepción-
- Por supuesto-
Deseó que por un momento se mostrara más ansiosa respecto a lo que decía. Estaba hablando de algo que mantenían en común y parecía que él estaba más empapado en la situación que ella.
- Lo añadiré a la lista entonces- terminó el helado y se levantó - Estaba pensando…- se giró a Misty -Podríamos dar una vuela antes de la cena-
Ella miró la punta de sus zapatos marrones con desinterés -Yo me quedaré aquí, tengo planificaciones que debo acabar para el gimnasio-
- Claro- metió las manos en las bolsas de su pantalón y se dirigió a la puerta, desde allí se giró a verla.
Misty estaba muy ocupada en estudiar el complicado diseño de los cerámicos bajo sus zapatos como para prestarle atención a la expresión desamparada del joven. Ash abrió la hoja de madera y salió.

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- Mi hermana Daisy es un completo desastre- Misty decía a los dos ocupantes masculinos de la mesa -Cuando acabe con el asunto de la boda, tendré dolor de cabeza al entregarle la responsabilidad de dirigir el gimnasio-
- ¿Por qué no se lo delegas a otra de tus hermanas?- un joven de cabello castaño oscuro preguntó alzando una ceja.
- Daisy es la más preparada de las tres; me refiero a que al menos se sabe los ataques de sus Pokémon…-
Ash sonrió ante el elogio que la joven dispensara a su futura cuñada. Golpeó la mesa con sus palmas - Iré por un café ¿desean algo?-
- Un café está bien-
- Que sean dos-
Ash corrió la silla y salió al pasillo de la atestada cafetería. Misty siguió su silueta hasta que se perdió de vista, sus hombros se relajaron cuando su espalda se apoyó más cómodamente en el mullido asiento. Volvió su atención frente a sí, y le dedicó una sonrisa distraída a aquel amigo que tenían en común.
- Deberías considerar la posibilidad de delegar el gimnasio de una vez por todas y dedicarte a tu tarea de asistir a Lorelei. Como bien sabes, ella planea dejar su puesto, pero hasta que tú no te decidas…-
- Lo sé Richie. Pero ponte en mi lugar; es difícil confiar aquello que tanto amas a las manos de alguien que no lo valorará tanto como tú-
- Créeme que te entiendo perfectamente-
Hubo algo en esos ojos azules que la obligaron a cambiar de tema -¿Te ha hablado Ash de la propuesta de que desea que seas nuestro padrino?-
- Desde luego, y lo he aceptado. Seré la envidia de todos- soltó una suave carcajada - Todos confiaban en que Brock o Tracey tendrían ese honor-
Misty asintió -Sin embargo Ash quiso que fueras tú y estuve completamente de acuerdo-
- ¿De que estuviste completamente de acuerdo?- la voz de Ash se les unió a la plática, mientras depositaba una pequeña bandeja con tres vasos de cartón llenos con el humeante líquido. Se sentó junto a la muchacha.
- De tu idea de que Richie fuera quien actuara de padrino durante la ceremonia-
- Ah si, la cual aceptó inmediatamente- se llevó el vaso a los labios y bebió.
- ¿Y ya tienen todo solucionado con respecto a la recepción y demás?. Misty, como toda mujer, debe ser buena solucionando ese tipo de detalles…- Richie se concentró en su propio café.
Misty sonrió irónicamente -No soy precisamente igual a todas las mujeres, ese tipo de cosas me…- buscó la palabra por un segundo- aburre. Ash es el que se encarga de eso. Soy una novia poco convencional-
- No lo dudo. Pero él debe sentirse extraño organizando algo que obviamente siempre es supervisado por la novia en cuestión-
- No me molesta hacerlo, pero créeme que si Misty llega a pedirme que me dedique a escoger su vestido, gritaré-
Los dos jóvenes rieron ante la ocurrencia. La joven dio un pequeño golpecito en las costillas a su prometido -No se me ha ocurrido eso ni por un momento, Ash. Soy perfectamente capaz de hacer eso por mi misma-
El aludido sonrió, y con ese impulso inconsciente que ella le provocaba en los momentos menos pensados, se inclinó a apretar la mano pequeña entre las suyas. Misty le devolvió el gesto con una sonrisa genuina y un pequeño guiño de sus maravillosos ojos verdes.

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La luna se movía lentamente en el cielo. Su contorno color plata era seguido minuciosamente por un par de ojos claros desde el balcón. La brisa nocturna alborotaba sus cabellos y jugaba con los bordes de su bata de cama, la cual se abría sin cesar dejando al descubierto la fina prenda debajo.
Apoyó las manos en el barandal y se impulsó hacia delante. La punta de sus pies descalzos advirtió el frío escozor del hierro, y alzó la cabeza sintiendo aquella extraña embriaguez de libertad que el viento de la medianoche le ofrecía.
Un par de brazos la sujetaron por detrás con conocida familiaridad, las manos grandes se amoldaron sobre su estomago y la presionaron a un cuerpo duro, que reaccionó de inmediato a su suave forma.
Ella echó la cabeza hacia atrás por segunda vez y chocó con un hombro masculino. Unos labios le delinearon el cuello con urgente necesidad.
- Creí que había sido el adiós- dijo la joven con sorprendente calma a pesar que sentía sus piernas débiles y temblorosas.
- Sin embargo estabas esperándome en el lugar de siempre- la mano de él subió y la ubicó bajo su pecho, amoldándola todavía más a su cuerpo. Ella ahogó un respingo -No puedo dejarte. Mi cuerpo no lo consiente…-
La hizo girar, hasta finalmente ver aquellos impactantes ojos verdes que bajo aquella luz se asemejaban a esmeralda líquida.
- ¿Tu cuerpo no lo consiente?- ella rió con suavidad, olvidando como le gustaba a él oírla haciéndolo -Pero tu mente si…-
No la dejó terminar, su boca descendió violentamente sobre la suya obligándola a tragarse de lleno sus palabras. Los labios masculinos la asaltaron una y otra vez con idéntica violencia y poder, obligándola a responder de igual manera, en tanto las manos ávidas la recorrían con urgencia y necesidad.
- No me dejes…- gruñó contra ella. Su cuerpo duro palpitando de urgencia, hambriento de aquella criatura que se creía incapaz de despertar una respuesta así en cualquier hombre -No me dejes, te necesito…- le besó el cuello, mordiéndola con suavidad, sorbiendo el delicado aroma natural de la piel femenina y de sus cabellos.
Ella asintió rodeando su cuello con las manos y haciendo su peso liviano para que él la tomara en sus brazos, y le hiciera olvidar que estaban cometiendo un error, y que su amor estaba mal, y era prohibido ante los ojos de alguien en especial…
Pero no quería pensar en eso. Retribuyó a sus besos y caricias, y a esa sensación de saciedad que solo su cuerpo era capaz de provocarle.

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Ash estaba sentado solo en el centro de la cama. Tenía las rodillas flexionadas y apoyaba el mentón en el tope de ellas. Sus ojos lucían tristes y húmedos al mantenerlos entornados, estudiando cualquier cosa que se encontraba a ese nivel.
La luz apagada no ayudaba mucho a su visión, pero a él parecía no importarle. De hecho parecía ser capaz de sacar detalles de todo lo que viera si usaba su concentración. Y esta estaba destinada ahora a su inminente compromiso, y al futuro que eso le deparaba.
Observó la luna impasible en el cielo y deseo ser completamente capaz de mostrar sus sentimientos. Deseó ser genuino, y osado.
Y con esa extraña valentía en mente saltó de la cama y bajo las sombras, como conocía su habitación de memoria, caminó hasta la puerta con absoluta confianza.
La luz del pasillo lo encandiló un poco pero no lo suficiente como para que olvidara hacia que lado se encontraba la habitación de su prometida.

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Sin embargo cuando abrió la puerta, encontró la cama armada y completamente vacía. Ella no estaba allí.

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Nota:

La primera escena no es de mi autoría, pertenece a la señorita Ayumichan -una talentosa escritora- y a su reciente fic que es una continuación de mi querido hijo 'Meu Anjo' (si, leyeron bien. Una continuación de dicho fic) del cual extraje ese pequeño fragmento para empezar esta historia. Solo lo cambié lo suficiente para que se entendiera con lo que yo tenía en mente (y porque en la historia original de Ayumichan casi me desmayo al suponer quienes eran este par de 'amantes')
En fin, espero colgar el siguiente capitulo en esta semana, y ¿alguien puede decirme como se llama el shipping que se desarrolla en esta historia? Grax! :P



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